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La comida no es basura

Cor Doeswijk

31-10-2006

Varios estudios publicados recientemente en Holanda, demuestran que la cantidad de comida que se desperdicia es impresionante. Unos hablan de un total de 3 mil millones de euros y otros de hasta más de 4 mil millones de la moneda común europea, es decir de más de 5 mil millones de dólares, el equivalente al presupuesto nacional de varios países.

Basura240.jpg La definición de pérdidas de comida comprende todo alimento que desaparece en los canales de desechos, perdiendo calidad para el consumidor o las cadenas alimenticias.
Las pérdidas se producen en toda la cadena, desde la industria elaboradora de alimentos, las empresas comerciales, los supermercados, las casas de comida, los agricultores y hasta los consumidores.

El despilfarro de alimentos ha ocurrido siempre,  pero es una tendencia que se ha incrementado mucho en los últimos años debido al aumento del bienestar económico, los cambios en el patrón de vida y la variedad en la oferta de alimentos.

Es normal que durante la recolección de la cosecha o durante la elaboración de alimentos algo se pierda en el camino o no pueda ser plenamente aprovechado pero, con las técnicas actuales, esa merma se debería reducir a un porcentaje ínfimo.

Más de la mitad de los alimentos que desaparecen en los cubos de basura proviene de los consumidores finales. Todo ese derroche es producto de la desidia, una mala planificación y en realidad también, porque tenemos demasiado.

En el pasado, y quizás en Holanda aún más que en otros países, tirar comida era un pecado. Posiblemente ello guarde relación con la austeridad calvinista holandesa pero aún más por el hambre que aquejó a este país durante la Segunda Guerra Mundial. Yo mismo fui criado con la orden de comer hasta el último bocado y lo que sobraba en la olla era consumido en la siguiente comida. Si se me ocurría protestar con un ¡No quiero más!, la respuesta siempre era "los niños pobres estarían deseando comer eso".

A pesar del derroche actual, la Plataforma de Consumidores del Ministerio de Agricultura constató que los holandeses siguen sin ver con buenos ojos el despilfarro de alimentos. Más de un tercio no quiere tirar comida porque considera que es un derroche económico mientras que a otro tercio de la población, le provoca remordimientos de conciencia.

El profesor Hans van Trijp, catedrático de Mercadotecnia y Comportamiento de los Consumidores de la Universidad Agrícola de Wageningen, asegura que a fines de la década del setenta nuestras costumbres se descarrilaron. Si bien no existen estadísticas que corroboren esa teoría, en esa época se comenzaron a olvidar las penurias de la guerra y la situación económica de la mayoría de las familias mejoró tanto que ya no hacía falta controlar al máximo los gastos. Al mismo tiempo comenzaron a desaparecer los pequeños almacenes de la esquina lo que conllevó a salir menos frecuentemente a hacer la compra y por ende a planificar con antelación qué cosas necesitábamos.

Todo esto coincidió con una época en que la forma de vida se hizo más desordenada. No todos los  integrantes de la familia se sentaban exactamente a las seis de la tarde a la mesa, hora tradicional holandesa,  para compartir la gran comida del día.

Al incorporarse la mujer más activamente al mercado laboral, comenzó a desaparecer la clásica ama de casa, lo que en ocasiones lleva aparejado un manejo más ineficiente de la comida.

El despilfarro de comida tiene varios efectos. Uno es sobre la ecología, ya que todos los alimentos que no se utilizan como tales han derrochado energía en su producción, transporte y almacenamiento. También tiene un componente ético, porque mientras unos tiran comida, en otras partes del mundo hay gente con hambre. Y por supuesto tiene influencia en la economía, tanto sea en el bolsillo del consumidor, que paga por alimentos que no consume, como en la cadena de producción que invierte recursos sin obtener beneficios.

Entre los consumidores finales los que más desperdician son los más jóvenes. Según estudios de la organización Milieu Centraal, el promedio de lo que tiramos es de 150 euros por persona por año. Gente de entre 19 y 25 años lo hacen por valor de 180 euros mientras que los mayores de 65 sólo despilfarran 30 euros al año.

En el marco de una nota sobre este tema, el periodista Kees Versluis de la revista holandesa Intermediair, hizo la prueba de anotar una semana toda la comida que iba a parar al cubo de basura y se asustó del resultado: cuatro naranjas, una con moho y tres que habían perdido su turgencia; un buen trozo de queso cuyo sabor ya no era agradable; cuatro huevos cuya fecha de vencimiento había expirado; dos paquetes de mantequilla que habían quedado 'olvidados' en el refrigerador; prácticamente toda una barra de pan por estar endurecida; un paquete de yogurt que no recordabamos su existencia; unas pencas de apio; medio pimiento; un limón; medio caja de jugo de naranja y media olla de fideos por haberse cocinado demasiado.

Para detener esta espiral de despilfarro de comida, la Universidad de Wageningen, junto al Ministerio de Agricultura y varias empresas han lanzado un plan: Fresh on Demand, osea Fresco a Pedido. La idea del plan es invertir en los próximos cinco años 45 millones de euros con el fin de reducir los desperdicios de comida en un tercio. En la cadena empresarial la disminución debe ser del 40 por ciento y del 25 por ciento menos entre los consumidores. La ventaja económica sería de más de mil millones de euros al año con el beneficio adicional de que nos sentiríamos mejor por no desperdiciar algo que es esencial para la vida.

Ahora bien ¿Cómo lograrlo? Primero, mediante la venta de porciones más pequeñas en los supermercados teniendo en cuenta la cantidad de personas que viven solas o en pareja pero con dietas individuales. Segundo, a través de una mejor información y  comunicación, de manera que los comercios puedan proveerse de los alimentos que realmente requieran y no tener que tirar el excedente. Es decir, saber exactamente qué temperatura hará al día siguiente para saber qué productos pretenden los clientes.

Por último,  otro aspecto importante a tener en cuenta, es que se debería prolongar el estado apto de los alimentos, mejorando los sistemas de envase y la conservación de los productos refrigerados a la temperatura ideal para cada uno de ellos.

En todo caso, hay mucho por hacer y es bueno que se dé inicio a este plan, porque, tal como decía mi abuela "La comida  ... no se tira".
 
Fuentes:
- Verspild Voedsel, Kees Versluis, Intermediair 24-08-2006
-Voedselverliezen, verspilde moeite? LNV Consumentenplatform, junio 2006
- Bewaren van voedsel, Milieu Centraal
- "Fresh on Demand", Universidad Rural de Wageningen.

Etiqueta: alimentos, america Latina, comida basura, despilfarro, economia, entrevistas, europa, Holanda, internet, latinoamerica, media, noticias, paz, politica, radio, radio nederland

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