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“Musical no quiere decir comedia”

Pablo Gámez

13-01-2008

El próximo mes de febrero, Madrid será escenario del primer musical en torno a la vida de Ana Frank, uno de los iconos del Holocausto. Se trata del primer musical a nivel mundial que teje la historia de la niña judía-holandesa, que durante años vivió con sus padres escondida tras los muros de su casa en Ámsterdam, y desde cuya ventana veía y registraba los horrores de la Segunda Guerra Mundial y la ocupación Nazi.

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Escuche la entrevista a Rafael Alvero 

El productor musical español Rafael Alvero es quien ha logrado los derechos por parte de la Fundación Ana Frank. Si se recuerda que a principios de los años noventa Steven Spielberg tocó las puertas de la Fundación y los derechos le fueron negados, entonces de Arévalo se podría decir que ha sabido explicar los alcances de su polémica propuesta, quizá inusual desde un género que frecuentemente no adapta historias tan complejas y dolorosas en sus montajes.

Pocos días atrás, todo el elenco del musical español ‘El diario de Ana Frank. Un canto a la vida' visitó la casa de la niña en Ámsterdam, para que los actores pudieran conocer de primera mano la penuria del escondrijo que representarán .

Todo el personal -actores, cuerpo técnico y de producción- ha tenido el privilegio de conocer el refugio situado en un viejo edificio del Prinsengracht, un canal de Ámsterdam, de la mano de miembros de la Fundación Ana Frank, algunos de los cuales trataron a Otto Frank, único superviviente de la familia.

Los más tocados por sus explicaciones han sido los nueve actores que representan a los judíos que se escondieron de los nazis en la "casa de atrás," entre julio de 1942 y agosto de 1944, en especial la joven que interpretará a Ana, Isabella Castillo.

Al productor Rafael Alvero le costó diez años convencer a la Fundación Ana Frank para que le concediera los derechos del proyecto, que ahora posee a nivel mundial.

El espectáculo reflejará la visión optimista del diario y buscará un equilibrio entre la parte dramática -la tragedia del Holocausto y la II Guerra Mundial- y los momentos de evasión de Ana mediante fantasías y confesiones a Kitty, nombre con el que la joven se refiere a su diario, que tomará cuerpo en el musical.

Pregunta: ¿ Cómo es posible hacer un musical basándose en una historia tan cruel como la de Ana Frank, la voz más reconocible del Holocausto ?

Rafael Alvero: Realmente parece incompatible, pero no, nunca lo fue. Nunca pensé que esta pregunta o inquietud surgiría incluso en el momento en que me acercara a la Fundación Ana Frank. Musical no quiere decir comedia. Hay muchas historias tristes, duras, dramáticas que han sido llevadas al teatro con música. En este caso hablamos de una niña imaginativa, una niña que tiene un entorno tremendo y que difícilmente ha podido igualarse en cuanto a la situación que ella y su familia vivieron, como los millones de personas víctimas del Holocausto. Pero ella era imaginativa, tenía unos ojos y una visión juvenil, tenía sus momentos críticos, de amor, y evidentemente esto busca destacar, desde ese lado, todo lo que implica y significa la intolerancia, la xenofobia y un capítulo de la historia que no debe repetirse. Las canciones están muy basadas en fragmentos de lo que ocurrió en su tiempo. Desde el cumpleaños en que le regalan su diario, hasta que son detenidos y empiezan a ocurrir cosas en la casa, con sus padres, con su corazón, con su entorno judío, siendo un problema y claramente una situación que no se prestaba a nada que pudiera ser divertido, pero sí que es muy emocionante.

P: Desde su punto de vista, ¿a la historia de Ana Frank le hacía falta un musical ?

RA: No diría eso. Para mí, y por mi procedencia de la música, lo que podía proponer era una historia que me conmovió, que me interesó, una historia que me pareció universal y una música. De ahí surge esto. Cuando visito por primera vez la casa de Ana Frank, lo hago con mi hijo que entonces tenía trece años. Acababa de hacer un proyecto muy ambicioso, audaz, sobre García Lorca. Se llamaba Poetas en Nueva York, donde había concebido que muchos cantantes y compositores musicaran poemas de García Lorca, de su libro Poeta en Nueva York. La idea de Ana Frank se me presentó como la posibilidad de seguir pensando en un proyecto que tuviera que ver con la música, y sobre todo, una obra en la que se pudiera defender los valores humanos, o de alguna forma los valores infrahumanos, para que nunca más volviera a pasar lo que ocurrió en el entorno de la historia de Ana Frank y el Holocausto.

P: ¿Qué ofrece, como género, un musical para abordar la historia de Ana Frank ?

RA: Ofrece fluidez, sencillez, respeto. Musicalmente son canciones basadas en fragmentos que crean una dinámica de espectáculo emocionante. Estamos buscando una sónica que tenga que ver con el entorno. Hemos analizado mucho la época. Hay momentos musicales que suenan en la radio y tienen que ver con lo que es la situación real de la calle. Las canciones reconocen momentos de la obra, pero tratan de abrirse y ser símbolos. Hay una que se llama Radio Querida, una canción que se traduce en el homenaje que la radio merece, por haber sido el punto de encuentro de mucha gente, que como ellos, vivían en un lugar en el que no sabían apenas nada. La radio era su escape, su salida. Es la primera canción que la gente va a escuchar, va a sonar durante cinco minutos en febrero. Será transmitida por todas las radios españolas, como homenaje a la radio por esa labor que hace de ser el vínculo con el mundo exterior. Musicalmente es un clásico. No hemos buscado un sonido especial. Excepto ese sonido y esas semejanzas que tienen coherencia y son documentadas en la época, y desde luego en ciertas músicas procedentes del culto judío.

P: ¿Piensa que al ser en español, el musical pueda contribuir a acercar la figura y el mensaje de Ana Frank al mundo latinoamericano?

RA: Estoy seguro. Así también lo ha visto la Fundación Ana Frank, que en este proyecto nos han dado un apoyo fundamental. Hemos seguido y respetado las pautas que por ellos han sido marcadas, y yo las he garantizado hacia el personaje de Ana Frank, todo un icono del Holocausto. Nuestra obra pretende ser un modelo a seguir, revisado, supervisado y desde luego autorizado por la fundación. Es uno de los alicientes que vi en el proyecto cuando pensé en hacer un musical sobre el diario. Han pasado nueve años desde aquella primera visita con mi hijo al museo de Ana Frank. Es el tiempo necesario para que todo esto fuese asimilado por parte de la Fundación y por mí, para que ellos entendieran que esta extravagante propuesta procedía del respeto, de la serenidad y de su clara visión, y de que no teníamos ninguna pretensión distinta a la de fomentar y divulgar lo que ellos extraordinariamente hacen.

P: ¿Son estas las claves para entender por qué Uds. han obtenido los derechos para realizar este musical, mientras no lo consiguieron personajes tan emblemáticos como Steven Spielberg?

RA: Estamos ante un diario que en muchos lugares del planeta es de lectura obligatoria. Es una historia desgarradora sobre la persecución Nazi y su horror. Es verdad que Otto Frank, cuando se autorizaron una obra de teatro y una película, dijo que la ficción no le agradaba para expresar lo que ellos vivieron, a pesar del éxito e impacto que tuvo aquel montaje y aquella película. Después de ello dejaron de considerar cualquier petición. Si llegó Spielberg quizá no lo hizo bien. Entendemos que hemos tenido más fortuna, quizás las circunstancias han sido más favorables, y tal vez hemos tenido más suerte en la capacidad de explicar algo que definitivamente no transgredía los valores y mensaje que la Fundación resguarda. La figura de Ana Frank no necesita de un musical, no necesita de nada, pero nuestro proyecto llega a nueva gente, a un público distinto, a lugares donde habitualmente no se acercan las exposiciones y otro tipo de actividades. Siempre que estemos dentro de las pautas y coordenadas, no cabe duda que debe ser un aliciente, y nosotros desde luego estamos al servicio de esa situación.

P: ¿Quiere decir que el musical podrá verse y escucharse en América Latina?

RA: Confío en que sí. Ahora todo lo que estamos haciendo está a prueba. España es un punto de partida. Y si verdaderamente lo más difícil sale, es decir, que esto sea un proyecto musical u obra que encaje en esos parámetros, no cabe duda que, respetando eso, pudiéramos ir a cualquier sitio del mundo.


P: Isabella Castillo, algunos medios de comunicación destacan su condición de emigrante cubana. ¿Esta es la razón por la que se le escoge para encarnar a Ana Frank?

RA: No. Esto es una circunstancia, como muchas otras que han ocurrido en este proyecto. Isabella es una extraordinaria cantante, una niña que tenía las posibilidades y ser capaz de asumir el papel de Ana. Ella misma reconoce que, a pesar de ser emigrante y otrora perseguida, es algo que no tiene que ver con el Holocausto. La invitamos al casting, fue superando todas las pruebas y definitivamente la elegimos, porque tiene la capacidad de conmover, canta extraordinariamente bien, es una actriz capaz de soportar todo un tiempo en el escenario.

P: Hay ciertos sectores que advierten que un musical de esta naturaleza podría acabar trivializando el Holocausto.

RA: Cada uno es libre de pensar lo que quiera. Siempre existe la polémica con este tipo de proyectos que abordan dramas de una forma distinta. No hay ninguna intención de trivializar. No hay ninguna ligereza, ninguna frivolidad, y simplemente lo que hay es una historia contada desde los planteamientos reales de lo que el libro recoge, tratando de llevarlo a un espectáculo que la gente vea con interés, se emocione y sea todavía mucho más cercano. Que si no conocen la historia de Ana Frank, que se interesen por ella.

Etiqueta: Ana Frank, Holocausto, nazi, Pablo Gámez, Segunda Guerra Mundial

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