Si con la "Historia Universal de la destrucción de libros" logró que un escalofrío se apoderara de nuestras conciencias, con "El Saqueo Cultural de América Latina" (Edt.Debate), Fernando Báez arroja luz sobre una oscura sombra que reposa sobre la identidad latinoamericana.
Pablo Gámez: Creo que más grave que la destrucción sistemática de la memoria histórica en América Latina, es el silencio crónico que permite esta operación. ¿Qué ruido está provocando la publicación de su nuevo libro?
FB: Hay dos tendencias: por una parte, gran interés por conocer estos documentos. Por otra parte, censura y autocensura de medios que se niegan a divulgar la horrible destrucción cultural que causó Europa en América Latina. Entre la leyenda negra y la leyenda rosa, mi tesis consiste en exponer los datos que existen para buscar las causas de los graves problemas de identidad que aquejan a los Latinoamericanos. La idea es un aporte que se basa en presentar los vínculos indisolubles entre identidad y memoria. Si se rompen, el resultado es atroz.
PG: Ud. escribe que "los historiadores resaltan con vergüenza la quema de libros en Alemania durante la época nazi, condenan la destrucción de la cultura de los bosnios a manos de los serbios, pero ignoran la quema de los códices aztecas a manos de religiosos cristianos españoles". El suyo es un libro que siembra la primera grieta en ese muro del olvido al que hacemos frente. ¿ Qué consecuencias tiene romper el silencio al que Ud. ha querido enfrentarse ?
FB: Me parece que el libro es precursor de estudios que van a comenzar. No basta con exponer situaciones como el genocidio de 70 millones de indígenas que sufrió América Latina, no basta con presentar los miles de millones de euros que expolió Europa en materia prima, oro y plata, sino que requerimos comprender fenómenos como el de la exclusión permanente y el aniquilamiento de los símbolos de nuestros pueblos. Europa practicó un memoricidio cruel en toda América Latina, y ahora pretenden imponer su propia versión oficial de esa historia. Hay historiadores europeos que han desarrollado metodologías para desacreditar cualquier intento de denunciar los crímenes culturales que cometieron sus naciones entre el siglo XVI y el siglo XX. Yo me propongo que así como se condena el memoricidio que sufrió Bosnia, se condene el memoricidio de América Latina. En lo personal, noto que cuando hablé de la destrucción cultural de Irak por parte de Estados Unidos, mucha gente en Europa apoyó mi valentía por hacer denuncias, pero tienen temor a que remueva las cenizas de temas tan sensibles que pueden afectar relaciones diplomáticas. Es una moral de doble rasero: está bien denunciar a Estados Unidos, pero se considera que el momento es inconveniente para plantear el asesinato de la memoria histórica de los latinoamericanos. Yo sé que hay mucha tensión, pero el mejor momento para ese debate es ahora.
PG: La publicación de El Saqueo Cultural de Latinoamérica se inicia en México. ¿Puede explicarnos las dificultades para publicar este libro en España ?
FB: Hasta la fecha, no sé por qué no se habla del tema en los medios españoles. Incluso mi agente literario envió un ensayo mío sobre este asunto a varios periódicos y un silencio enorme fue la respuesta. Espero que tarde o temprano toda una generación de europeos conscientes asuma que la relación con América Latina no se puede emprender con amnesia. Mi impresión es que España ha perdido liderazgo en la región y pretende recuperar su presencia comprando empresas de comunicación, y paradójicamente, controlando la información sobre el pasado de etnocidio que se vivió. Lo que no se puede negar en la destrucción cultural, se encubre.
PG: Ud escribe que " Hoy sabemos que el sesenta por ciento de toda la memoria escrita de la región desapareció. Un cincuenta por ciento por destrucción premeditada y un diez por ciento por desidia. Más de quinientas lenguas se extinguieron para siempre". En otras palabras, ¿podemos decir que el latinoamericano es un ser que se desconoce ?
FB: Donde hay culturas mutiladas, hay identidades fragmentadas. La transculturación o sustitución de la memoria de los pueblos sometidos por la tradición occidental colonial completó una operación de alienación exitosa cuyas consecuencias todavía son evidentes. Seis lenguas europeas reemplazaron cientos de idiomas indígenas y el método de extinción aplicado implicó el mayor genocidio de la historia del hombre. El cristianismo, a través de la evangelización, causó la eliminación de miles de obras de arte religiosas de los pueblos indígenas. El arte de aztecas, mayas, incas, y otros, que había sido elaborado con metales preciosos, fue fundido para financiar las guerras de Carlos V y las ineptitudes de Felipe II.
PG: ¿ Por qué escoger el ataque de los conquistadores españoles en Tenochtitlán en 1521 como el comienzo de la destrucción de la memoria histórica en América Latina ?
FB: Fue la primera vez que España ejecutó en América las mismas tácticas que había utilizado durante la Reconquista y repitió el esquema romano de "Delenda est Carthago" para cambiarlo por "Delenda est Tenochtitlán". Además, la tecnología militar europea se utilizó para destruir una ciudad que era el mayor monumento arquitectónico del mundo.
PG: ¿Qué sucede con el tráfico ilícito de obras de arte y de objetos arqueológicos?
FB: América Latina ha sido considerada como la más confiable despensa de bienes culturales. El tercer delito más rentable en la región, según las cifras de INTERPOL, es el tráfico ilícito de obras de arte, libros antiguos, fotografías, piezas religiosas y objetos arqueológicos: una agresión que aprovecha la falta de seguridad en museos, bibliotecas y asentamientos y responde a un mercado clandestino de compradores inescrupulosos interesados en cualquier muestra fundamental de las culturas prehispánicas.De seguir el tráfico ilícito, en 50 años América Latina habrá perdido la mitad de sus bienes culturales.
PG: Esta práctica de vaciar la memoria y la imposición de valores culturales, ¿provoca en los latinoamericanos ese vértigo a la hora de examinar nuestra historia ?
FB: Los pueblos de América Latina, sin excepción, han reafirmado una identidad emergente subsidiaria, pero para poder comprender el poder que ha tenido la rememoración como marco de acción colectiva, no se ha considerado realmente que la identidad es una ilusión sin la memoria. Somos lo que somos por lo que recordamos que somos, pero recordamos también por lo que somos. Híbridos, mestizos, heterogéneos: estas propuestas conciernen primero no a los fenómenos inmediatos, sino al registro total de la memoria. La identidad latinoamericana es más sencilla de reconocer que de definir porque América Latina nunca se ha definido como centro sino como periferia.
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