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Las fisuras del español

Pablo Gámez

01-07-2008

La vertiginosa gloria de los españoles tras el título de la Eurocopa y la firma de Nadal en el tenis internacional, arrojan señales que las varias Españas existentes se están haciendo una. ¿Pero, por cuánto tiempo ?

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Escuche la entrevista a *Antonio Gamoneda

Pero son glorias, es cierto, que se asoman de la mano de un país que quiere mostrarse con un nuevo rostro. Como si aquella vieja patria dividida por sus feroces regionalismos y fervientes nacionalismos dejara atrás las huellas de los vascos, los acentos de los catalanes, las maneras de los gallegos, las zozobras de los madrileños, y apostara por ese común denominador que es España, como un todo, no como una suma obligada de provincias.

Por ejemplo: "De un exitoso ciclista como Alberto Contador ya no importa su procedencia madrileña; el jugador de baloncesto Pau Gaso, catalán de pura raza, es aclamado en todo el país sin excepción alguna. Es lo que también se puede decir sobre el tenista Rafael Nadal , de Mallorca, o el corredor de Fórmula 1, Fernando Alonso, de Asturias", escribe el periodista holandés Rop Zoutberg.

Uno más: el seleccionado de fútbol, compuesto por un abanico de jugadores que pasan por Madrid, Barcelona, País Vasco, Cataluña, y que ha sido capaz de encender la hoguera de una euforia no vista desde hace 44 años. ¿Acaso ha dejado España atrás sus nacionalismos y apuesta por una nueva fórmula de unidad?

Difícil de creer, si se atiende a una ampolla que está creciendo y que aún no ha querido ser visible para todos.

Se trata del lanzamiento, una semana atrás, del llamado "Manifiesto por la Lengua Común", un documento que reivindica un bilingüismo real en las comunidades en España con dos lenguas, en contra de la discriminación de quienes empleen el castellano o quieren que sus hijos reciban educación en la lengua oficial del Estado.

El arquitecto del manifiesto es el filósofo Fernando Savater: "El Manifiesto por una lengua común defiende los derechos individuales de las personas, así como el derecho común de los ciudadanos de un país a compartir la misma lengua, no me refiero a la defensa de la lengua en sí misma".

Detrás de Savater se extiende una gama de personalidades españolas, entre intelectuales, políticos y académicos, que han estampado su firma en el documento.

Savater: " Al castellano no le pasa nada, no tiene fiebre. Con el manifiesto en la mano se pueden defender los derechos de las otras lenguas, ya que el texto apuesta por una lengua común pero no niega la existencia de las autonómicas. Aprovecho para hacer público mi malestar por la existencia de lenguas vehiculares excluyentes y exclusivas en el sistema educativo que impiden la escolarización en castellano".

*Antonio Gamoneda opina distinto. El premio Cervantes 2006 fue uno de los primeros en dar su firma a favor del manifiesto, pero ha sido el primero en retirarla. Gamoneda: "Dar por cierta la necesidad de este manifiesto es ir de seguro al terreno de las hipótesis avanzadas. Es cierto que en España existen problemas lingüísticos, y que los nacionalismos se inclinan a defender sus lenguas, siendo así que ciertamente el castellano es el que nos puede comunicar a todos los españoles. Desde ese sentido, el manifiesto me parece conveniente en su espíritu, y correcto en su literalidad. Pero fíjese que he dicho conveniente, no he dicho necesario. La necesidad puede haber sido potenciada subjetivamente, desde intereses políticos".

Gamoneda señala que "el manifiesto fue razonable en su literalidad, no en su esencia. No tuve 24 horas para estudiarlo como documento. Pero es cierto que la literalidad parece coincidir con la esencia. En ese sentido yo lo encontré razonable. Insisto: la necesidad del manifiesto puede que haya sido presentada desde ángulos políticos".

"Y a partir de este momento es que el manifiesto deja de ser razonable porque, atendido exclusivamente en su literalidad, habiendo intervenido las fuerzas o los medios de comunicación politizados, el manifiesto es menos razonable por la carga ideológica que de una manera partidaria se le echó encima, cosa que parece está sucediendo", opina Gamoneda.

El poeta remata diciendo que no debe olvidarse "la voluntad de caracterización de sí misma que tiene la derecha española, la cual incide sobre un aspecto como es el lenguaje. La política de la derecha intenta confundir la españolidad con los hechos lingüísticos".

Entretanto, la dirección de la catalana Asociación por la Tolerancia acordó respaldar el texto presentado por el filósofo Fernando Savater y, en palabras de su portavoz, Marita Rodríguez, "quizá, después de esto, no sea necesario salir a la palestra con otro manifiesto, pero eso no obsta para que sigamos decididos a unir nuestras fuerzas en próximas movilizaciones".

De esta forma las entidades prevén convocar una concentración en Madrid en septiembre, con motivo del comienzo del curso escolar, ante la sede del Ministerio de Educación. ¿Más pragmatismo?

Pablo Gay-Pobes, portavoz de la Plataforma por la Libertad Lingüística, formada por tres mil padres de familia vascos, explica que "nos parece magnífico el manifiesto de los intelectuales, pero nuestras reivindicaciones van más a lo pragmático, a lo inmediato. Creo, por tanto, que la elaboración de nuestro propio manifiesto mantiene todo su sentido".

Y explica por qué: "En el borrador que los padres vascos hemos entregado a todas las asociaciones, proponemos medidas aplicables a corto plazo, consistentes en solicitar que en todas las autonomías con dos lenguas se aplique el sistema que ha regido hasta ahora en el País Vasco, el de los tres modelos, y en el que también se pide instar a que se modifique el sistema de conciertos, para que la financiación pública se dé directamente a los padres y no a los centros. Con esa medida se evitaría lo que está ocurriendo ahora: que los colegios, en sintonía con la Consejería de turno y para garantizarse las subvenciones, niegan la existencia de la demanda de enseñanza en castellano".

Sí parece que hay sectores en España que han aprovechado un rebufo de recuperación de un cierto orgullo de lo español, como síndrome colectivo promovido por el tenis y el fútbol, para tratar de controlar cualquier manifestación pretérita de españolismo y conducirla de nuevo a la confrontación con la periferia.

"Lo que no debiera ocurrir de ninguna manera es que manifiestos a manifestaciones en defensa de la lengua española o de España terminen por volver a potenciar una confrontación entre lo general y lo local; entre lo colectivo de todos los españoles y lo propio de los españoles que comparten esa identidad con otra más propia o genuina", opina el analista Carlos Carnicero.

"Aún no está patentado un nuevo patriotismo constitucional que permita estar orgulloso a la vez de la identidad española, como conjunto, y la identidad de las nacionalidades que tienen lengua propia, porque en la historia de España siempre ha habido quien se ha empeñado en confrontarlas", explica Carnicero.

Pero lo cierto es que, en este mundo globalizado, la conceptualización de España democrática como suma o vector de todas las identidades, es necesaria, aunque sólo fuera para sacar ventaja inteligente de su capacidad de influencia.

"Y claro está que el español, la lengua castellana, es uno de los ejes de esa influencia, y su existencia y potencialidad no debe nunca contraponerse a la necesidad de potenciar las demás lenguas españolas", dice Carnicero.

Gamoneda, por su parte, opina que "la diversidad de lenguas es una forma de enriquecer no solamente en términos de regionalidad o de nacionalidad según sea el punto de vista en la cultura autóctona, pero con una admisión funcional de la lengua que es común a todos los españoles. Ese bilingüismo me parece una riqueza".

"El patriotismo no entiende de dimensiones", retoma Carnicero, "sus cualidades y sus defectos son perceptibles en su aplicación a cualquier porción de tierra, sea Cataluña o Euskadi o España. No aceptar este principio y reconocer una escala de dimensiones conduciría a afirmar que el mejor patriotismo es el de patio de vecinos. El orgullo por lo colectivo propio tiene el grave problema de que la dosis es determinante. Tan malo es el desaforado amor por la propia tierra en cualquiera de sus dimensiones".

Antonio Gamoneda: "Salvo individualidades que no necesitan ser notables, sino simplemente gente de Cataluña o de Galicia que tiene por sentimentalismos exacerbados su nacionalismo, puede haber cierta repulsa. Pero creo que en el orden individual es mínima. El conflicto aparece más bien en el nivel institucional. Es decir, aquellas instituciones, sin importar su naturaleza, que están vinculadas con la derecha, son los que este problema aparezca con más virulencia que la que tiene en la vida común".

"La actual es una discusión que se lleva entre intelectuales. El pueblo español, unos  40 millones de personas, apenas se está enterando de la discusión. De esos 40 millones, el manifiesto ha sido firmado por 72 personas (...) No podemos hablar de una participación intensa y amplia del pueblo español en este problema".

Pero la participación del pueblo español en la celebración de sus últimos triunfos deportivos ha sido apoteósica, especialmente la del título de la Eurocopa.

Gamoneda: "El fútbol lo ha invadido todo, incluso el terreno de la lingüística. Usted tendrá que perdonarme, pero se da la circunstancia que el fútbol, es cierto modo, es una actividad o espectáculo que actualmente tiene una gran importancia en el mercado. Con independencia de las cifras que puedan manejarse en el orden de la mecánica de fútbol, hay otra cosa: es dentro de la política consumista que está generalizada en todo el mundo 'desarrollado'. Esa importancia consumista es tragar espectáculo, desplaza el espacio intelectual en multitud de personas. Se trata del opio del pueblo y un mecanismo financiero que no va favor de los menos pudientes".

Podría resumirse la realidad Ibérica en dos preguntas: ¿Hasta cuándo podrá España vivir bajo los nuevos aires de voluntad integradora que parecen están soplando?; ¿Será ahora el castellano el factor distorsionante de esta luna de miel?

Etiqueta: Antonio Gamoneda, castellano, español, Eurocopa, Fernando Savater

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