"Sumisión 2", la continuación del controvertido cortometraje que realizaron la ex política holandesa Ayaan Hirsi Ali y el cineasta holandés Theo van Gogh, tendrá una duración de al menos hora y media y será una pesadilla para juristas. Tal es la opinión de la ex parlamentaria de origen somalí.
Desde que abandonó tumultuosamente Holanda, Hirsi Ali trabaja en Washington para un centro de estudios estratégicos, de tendencia conservadora. La holandesa, de ascendencia somalí, estuvo de visita en España para promover la versión española de su autobiografía, titulada "Mi Vida, mi Libertad".
En 2004, la entonces parlamentaria por el partido gubernamental holandés de centro derecha, VVD, escribió el guión para el cortometraje "Sumisión 1". El film, de once minutos de duración y cuya dirección pagó con la muerte el cineasta Theo van Gogh, versa sobre la opresión y el maltrato de que son víctima las mujeres musulmanas. El director holandés fue asesinado por un extremista musulmán, pero su verdadero objetivo era dar muerte a Hirsi Ali.
La ex política señala que, a raíz del asesinato de Theo van Gogh, se observa mayor cautela con la segunda parte de la película, y, por razones tanto de seguridad como jurídicas, se abstiene de revelar la fecha del estreno de la película. Asimismo, nunca concede declaraciones sin consultarlo previamente, y su participación en este proyecto es relativamente modesta, pues se limita ante todo a aportar ideas, mientras que otros se concentran en la comercialización y la presentación de la obra. Sin embargo, el nuevo proyecto es mucho más ambicioso que la primera parte.
Si en "Sumisión 1" el tema central era la mujer musulmana, el hombre es el protagonista de "Sumisión 2", y uno de los cuatro principales personajes es homosexual. Con tal fin, Hirsi Ali se ha concentrado en textos del Corán que se oponen diametralmente a las convicciones imperantes en una democracia liberal en Occidente.
En Holanda y el resto de Europa, la homosexualidad prácticamente ha dejado de ser un tema de debate, y, actualmente, en Holanda tan sólo un grupo constituye una amenaza para los homosexuales: los jóvenes musulmanes, quienes frecuentemente los agraden en la calle. Según Hirsi Ali, este hecho es, desde la perspectiva de los ciudadanos de una democracia, una prueba de la vulnerabilidad del sistema.
Durante su visita a Barcelona, Hirsi Ali da la impresión de sentirse tranquila, ahora que ha abandonado el nido de víboras de la política holandesa y trabaja para el elegante American Enterprise Institute, un instituto empresarial estadounidense. La holandesa de ascendencia somalí, quien se califica de nómada, declara no añorar la tirantez y el debate político de Holanda, en el que, con frecuencia, acaparaba la atención.
Hirsi Ali se desempeñaba en una arena política en la que se combate con la palabra y no con armas, al contrario de lo que ocurre actualmente en su país natal Somalia. A su juicio, la lucha verbal es, en ocasiones, muy reñida, mientras que, en Estados Unidos, se reacciona de forma diferente, aunque también allí encuentra oposición, pero de índole intelectual, de quienes, tras leer sus libros, no coinciden con ella. La escritora concede preferencia a este tipo de crítica y, por tanto, no echa de menos a aquellos opositores que la criticaban por ser quien es, por su apariencia, o que estaban constantemente en busca de eventuales errores políticos.
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