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Fusión y enriquecimiento

Beatriz Díez y Alejandro Pintamalli

18-06-2008

La Europa de puertas abiertas transita un camino sin retorno, pero no puede evitar los roces culturales que, en ocasiones, le propina fuertes golpes, como la resistencia de otras visiones del mundo bastante diferentes a la tradición judeocristiana. ¿Está preparada Europa para conducir una revolución en la que la cultura mixta sea el centro de gravedad de una nueva sociedad futura?

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Holanda ha sido durante mucho tiempo ejemplo de país de acogida, al que han llegado personas procedentes de culturas muy diversas, algunas de las cuales han echado sus raíces en el país anfitrión y, a menudo, han formado una familia bicultural. Son muchos los casos de parejas mixtas, formadas por holandeses y extranjeros, o por dos personas extranjeras residiendo en Holanda, y no podríamos citarlos todos en un solo texto.

¿Cómo es vivir en Europa, asimilar las costumbres del país de residencia y conservar las propias? En el día a día, el inmigrante en cualquiera de las condiciones, con sus derechos adquiridos o por conquistar, vive una tensión constante, por más buena predisposición que tenga.

Europa exige mucho y, según la tendencia de los últimos años, parece poco dispuesta a corresponder a esa exigencia con una generosidad equivalente. En países como Holanda, por ejemplo, se pone el acento en el aprendizaje del idioma y en la integración a la sociedad, como un pre-requisito para ser aceptado. Este es precisamente el objetivo que persigue el proyecto actual del gabinete de gobierno.

Lucía Lameiro, directora de la organización LIZE, que trabaja con los inmigrantes de los países del sur de Europa, opina que esta idea del gobierno es buena en su planteamiento, aunque desearía que se hiciera extensible a todos los extranjeros que viven en Holanda, no sólo a aquellos procedentes de países que no forman parte de la Unión Europea.

"Nosotros estamos de acuerdo en que es importantísimo el poder aprender la lengua del país en que vives"dice Lucía Lameiro, "lo que resulta un poco extraño es que esta campaña se dirige sobre todo a las personas de los países en desarrollo, fuera de la Unión Europea, mientras que nosotros decimos que cualquier persona que llegue a Holanda, no importa de qué país, debería tener la posibilidad de aprender el holandés".

Lucía, casada con un hombre cubano, tuvo que insistir en su ayuntamiento para que su marido pudiera optar a un curso de holandés, porque al estar casado con una europea, consideraban que no encajaba dentro de los planes de gobierno de obligar a los extranjeros a aprender el idioma.

Búsqueda de identidad
Muchos extranjeros que comparten experiencias como la historia personal de Lucía Lameiro se debaten en una búsqueda de la identidad, y se preguntan si, al integrarse en Holanda, deben perder su cultura de origen. Emilia Hernández, hija de emigrantes españoles y criada en Holanda desde los dos años de edad, no tiene ningún problema con esto.

"Yo me siento un poco de ambas culturas", cuenta Emilia. "En casa siempre hemos hablado español, de alguna forma mis padres siempre me han transmitido sus conocimientos de la cultura española; obviamente yo me he criado aquí y entiendo bastante bien la sociedad holandesa. Si volviera, me costaría adaptarme a España. No me siento ni holandesa exclusivamente ni española exclusivamente, me siento de ambas culturas", asegura.

Los hijos de Lucía Lameiro, por su parte, se preguntan si son holandeses, españoles o cubanos. Lucía cree que lo importante es no negar ninguna de esas realidades. "Aunque yo no sea holandesa ni mi marido sea holandés de origen, llevamos aquí ya bastante tiempo, hemos decidido quedarnos aquí, pero nos parece importantísimo que nuestros hijos se sientan holandeses en el sentido de que se sientan bien en el país en el que viven. Sin embargo también pensamos que tampoco sería acertado negar que tienen raíces cubanas y raíces españolas", opina Lucía.

¿Puertas abiertas o nuevas fronteras?
La llegada masiva de inmigrantes a Europa ha provocado sentimientos nacionalistas en la mayoría de sus países. Esto ha conducido a la radicalización de algunos mensajes, incluso xenófobos, y a choques culturales. El remedio, dice el artista mexicano Emilio Sánchez, casado con una mujer holandesa, es la fusión.

"Lo que ha pasado ha sido un enriquecimiento", explica Emilio. "De una parte, lo que yo puedo interpretar es que entendemos una realidad, un comportamiento, una manera de ser de una persona, y se produce una forma de fusionarse entre los dos". Emilio pone como ejemplo la cocina. En su casa, la familia de Emilio combina la comida holandesa con la mexicana. Para ello cocinan con las especies mexicanas, incorporándolas a la comida holandesa. "Lo combinamos porque los dos trabajamos en la cocina, de tal suerte que nos tomamos nuestro aperitivo, que es un tequila, y lo disfrutamos mucho", dice Emilio riendo.

En definitiva, y aunque quedan interrogantes pendientes, se puede concluir que la mezcla de culturas, lejos de ser un problema, es por el contrario un brebaje que enriquece.

Etiqueta: camino sin retorno, cultural, Culturas mixtas, desplazado, Europa, inmigración, Lize, refugiados, Unión Europea

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