El 6 de mayo se celebra el 150 aniversario del nacimiento de uno de los hombres que más aportaron al mundo de la medicina y de la psiquiatría: Sigmund Freud, a quien se ha dado en llamar el padre del psicoanálisis.
Nació en 1856 en Moravia, en la ciudad ahora llamada Pribor, ubicada en la actual República Checa y en el seno de una familia judía que, cuatro años más tarde, se trasladó a vivir a Austria, asentándose en la capital, Viena. Fue aquí donde Freud realizó sus estudios de medicina y biología graduándose en 1881.
En el hospital general de la ciudad, uno de sus primeros trabajos fue la investigación de las propiedades analgésicas de la cocaína. En 1885 se especializó en neuropatología. Este mismo año se trasladó a París donde, en el hospital de la Salpetrière, pudo observar y trabajar en casos de pacientes afectados por enfermedades psíquicas como la histeria, a quienes se les aplicaban tratamientos basados en la hipnosis y la sugestión.
En 1886 Freud regresó a Viena y contrajo matrimonio con Martha Bernays con la que tuvo seis hijos. Abrió una consulta de neuropatología y, diez años más tarde, Freud revolucionaba el mundo de la psiquiatría afirmando que "el hombre no es dueño de sí mismo" y que "el origen de las enfermedades mentales está en experiencias traumáticas de las que el paciente no es consciente".
Con el desarrollo de esta tesis en forma de psicoanálisis, Freud transformó lo que hasta entonces había sido la percepción de las enfermedades mentales. Hasta aquel momento, los que se consideraban locos eran encerrados en centros psiquiátricos y la medicina tradicional se contentaba con estudiar el fenómeno. Freud, basándose en su teoría del inconsciente, optó por un tratamiento que consistía en poner al paciente en estado de relajación, acostado en un diván. Le hacía hablar de su pasado y ello permitía al analista, escuchando, sin apenas intervenir, descubrir los miedos que están en el origen de las neurosis. Y es así, sacando a la luz los traumas relegados en el inconsciente, también a través de la interpretación de los sueños, como Freud entre 1896 y 1900 inició una exploración de la mente que revolucionaría la medicina del siglo XX.
Freud consideró que la etapa más importante para la evolución mental y psíquica de las personas se centra en la niñez. Afirmó que "el impulso más importante del comportamiento humano proviene de las fantasías sexuales de la primera época de su vida, presentes en el subconsciente, que después se ven reguladas por las normas de la sociedad" y que "los sueños son los indicadores, sin descifrar, del conflicto entre deseos y prohibiciones".
Freud no se limitó a investigar la civilización occidental, sino que analizó también la prohibición del incesto en las tribus aborígenes. Y consideraba que la adoración religiosa de un tótem y la solidaridad social entre ellos eran el resultado de los deseos de incesto reprimidos y del control de las agresiones.
Entre 1923 y 1930, Freud llegó a conclusiones que le llevaron a modificar la estructura del aparato psíquico estableciendo tres ámbitos: ello- el inconsciente. Yo-relación entre el "ello" y el mundo exterior. Y superyó -normas y comportamientos.
El ello es inconsciente e irracional y en él se sitúan el placer y los instintos. Durante la niñez es lo que prevalece en las acciones y el pensamiento. El yo es el estado racional que consigue dominar los instintos, basándose en la realidad. Es la fase en la que se toma conciencia de uno mismo y de cuanto nos rodea. El superyó es la fase de sumisión a las restricciones morales por las que el individuo es obligado inconscientemente a renunciar a sus deseos. Es la fase en la que se desarrollan las neurosis.
Por medio del psicoanálisis se puede analizar la importancia de los acontecimientos determinantes en la vida de una persona, que se encuentran relegados en el inconsciente, y se pueden curar las neurosis provocadas por ello, al llegar a ser conscientes de lo sucedido y de su porqué. Las teorías y conclusiones de Sigmund Freud no sólo comportaron cambios en el mundo de la medicina, sino que también tuvieron grandes repercusiones en el mundo del arte, la historia, la sociología y la antropología. La persecución nazi contra los judíos obligó a Freud a emigrar a Inglaterra. Se instaló en Londres en 1938 y falleció allí, el 23 de septiembre de 1939. La ciudad de Viena, y en especial la fundación que lleva su nombre, ha desarrollado numerosas actividades para celebrar el 150 aniversario del nacimiento de Sigmund Freud.
Sería interesante analizar por qué tuvo que ser precisamente Austria el lugar en el que un médico neurólogo desarrollara el psicoanálisis. Muchos historiadores, escritores, psicólogos y psiquiatras, han tratado de investigarlo. Uno de ellos, Erwin Ringel, quien aunaba en su persona todos los títulos recién mencionados, publicó una obra con el título: "El alma austriaca". Se trata del más controvertido de los psicoanálisis jamás publicados sobre las neurosis de una nación. ¿Por qué Austria? Porque, según Ringel, los tres objetivos más importantes en la educación austriaca son: obediencia, cortesía y ahorro. Obediencia hasta la sumisión, cortesía hasta la exageración, y ahorro hasta la negación del placer.
Una educación que se ha transmitido de padres a hijos y que ha logrado que generaciones enteras vivieran una infancia llena de restricciones morales y económicas. El resultado es un pueblo, dice Ringel, en el que impera la sensación de haber sido oprimido y que, precisamente por ello, fue capaz de caer en manos de alguien como Hitler, aceptándolo como un libertador, aunque nunca lo reconocieran así. Es un país, dice Ringel, en el que no sólo se han negado los acontecimientos de la época nazi, sino que se niega todo lo negativo. Un pueblo educado para aceptar sin protestar, porque sería poco cortés decir la verdad. Así lo dice una de las canciones de la opereta "El murciélago": "Feliz es el que logra olvidar, lo que no se puede cambiar"….
Y así es como el austriaco parece ser alguien que prefiere olvidar y resignarse, antes que aceptar y luchar. De ahí que Freud tuviera un amplio campo de acción en Viena, en su objetivo de conducir al presente a sus compatriotas. Cosa nada fácil si se sabe que una de las cifras más alta de suicidios en Europa se registra en Austria. Cuando Freud regresó de un triunfal viaje a los Estados Unidos de América, dijo: "Allá no me entienden y aquí no me aceptan". Y aún hoy no ha sido posible que la ciudad de Viena, dedicara una calle al más famoso de sus terapeutas.
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