Todo indica que, pese a palabras elocuentes en los discursos de apertura y en manifestaciones de altos dirigentes, este Foro del Agua está dividido en dos mundos irreconciliables. Uno de ellos, en concordancia con la Organización Mundial de Comercio, ve el agua como una gran oportunidad comercial.
Por supuesto que este tipo de ambiciones, que parten de la creciente escasez de agua potable en el planeta, se oculta en discursos en los que se postula que la única manera de evitar el derroche del vital elemento es ponerle un precio justo. De tal manera, se asume, la población se encarga de controlar su uso y la magnitud de las cuentas.
Pero, cabe preguntarse si esto concuerda con la realidad. En la práctica, la mayoría de las iniciativas de privatización del fluido vital no ha resultado favorable. La principal diferencia se ha observado en las cuentas de fin de mes, para lo cual no se han hecho grandes inversiones en infraestructura, pero se ha excluido a las zonas más humildes. En consecuencia, los habitantes con más recursos obtienen agua de calidad aceptable, en cantidades suficientes y a un precio más alto que antes de la privatización, pero conservando los subsidios estatales. En cambio, los sectores de población más humildes quedan exentos de suministro por conductos y deben adquirir el fluido en camiones cisternas y por precios que superan sus posibilidades económicas. Para pagar el valor real del fluido potable, algunas familias humildes deberían destinar el 80 por ciento de sus ingresos para la adquisición de agua de buena calidad. Y, puesto que esto resulta imposible, sólo les resta la posibilidad de utilizar aguas estancadas de pésima calidad.
Esta realidad ha sido comprendida por organismos internacionales y la mayoría de los Gobiernos, los cuales, no obstante, aún no están dispuestos a hacer promesas reales para revertir la situación.
En su discurso inaugural, el presidente mexicano, Vicente Fox, se refirió en dos oportunidades al agua como derecho humano. Sin embargo, en el borrador de la declaración ministerial se ha eliminado este concepto exigido por numerosas organizaciones. La oposición a calificar el acceso al agua como un derecho humano proviene de varios países desarrollados y del Banco Mundial, bloques que consideran el tema irrelevante. Según el director de Energía del Banco Mundial, Jamel Shagir, no es posible continuar por otros 20 años el debate sobre esta dicotomía entre lo público y lo privado, cuando las inversiones oficiales constituyen aún el 90 por ciento del total. Por su parte, el ministro mexicano de Medio Ambiente y Recursos Naturales, José Luis Luego Tamargo, opinó que a pesar de que no formaba parte del encuentro ministerial, el tema del agua como derecho humano se analizaba desde una perspectiva de "mayores esfuerzos y recursos en infraestructura para garantizar el acceso al agua".
En consecuencia, el tema se pretende soslayar con declaraciones ambiguas, como la lucha por un compromiso de una nueva cultura del agua, la búsqueda de su empleo racional, y la responsabilidad de cada país de proteger el líquido y destinar más fondos para su gestión.
Las organizaciones que participan en el Foro alterno en Defensa del Agua exigen que se incluya en el documento final el tema del agua como un derecho humano. Y, a tal efecto, cuentan con la adhesión del ministro Boliviano del Agua, Abel Mamani, quien ya ha advertido que no firmará el documento final si no se incluye este concepto. Bolivia es el único país del mundo que tiene un Ministerio de Agua, y su titular, quien se ha convertido en el referente en el aspecto social del agua, transita de un Foro al otro y trata de incorporar temas de los sectores alternativos en la agenda oficial.
Visión alternativa de Bolivia
Según el ministro Abel Mamani, el tema del agua debe basarse en cinco premisas principales:
1. El agua es un derecho humano fundamental y un pre-requisito para la realización de otros derechos humanos.
2. El agua pertenece a la Tierra y a todos los seres vivos, incluyendo a los humanos. Es responsabilidad de todos proteger el acceso al agua para todas las formas de vida y para la Tierra misma.
3. El agua es un bien común y, por lo tanto, su gestión debe permanecer en el ámbito público, social, comunitario, participativo, equitativo y sin fines de lucro.
4. El agua no debería privatizarse ni incluirse en acuerdos de inversiones y libre comercio.
5. Necesitamos un cambio profundo en la organización del Foro Mundial del Agua para permitir una inclusión mayoritaria y decisiva en las deliberaciones de los más pobres y urgidos de agua.
La problemática del agua afecta a la mayoría de la población mundial
Al escuchar las presentaciones de organizaciones populares, queda claro que, de seguirse los actuales cursos de política mundial y nacional, la "guerra del agua" es una posibilidad concreta en un fututo no muy lejano. Para brindar agua a compañías mineras, fábricas de gaseosas o establecimientos gigantescos de ganadería, se quita agua a miles de pequeños agricultores de subsistencia. El fluido se ha convertido en negocio, y en muchos casos no se respetan las leyes nacionales e incluso constitucionales. Y puesto que, también en un continente rico como Europa más de 41 millones de personas no tienen acceso a agua segura, es evidente que se trata de un problema de carácter mundial.
Es de esperar que la clara posición de Bolivia, que, al parecer estaría ganando adeptos en otras delegaciones oficiales, logre dar un giro positivo a este Cuarto Foro Mundial del Agua.
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