La boca en general, y más concretamente los dientes y el cuidado de estos, ha pasado a lo largo de la Historia por diferentes ramas profesionales, y es curioso saber que si tradicionalmente, la extracción de piezas dentales, estaba a cargo de los barberos, el motivo no es otro, que la posición requerida para acceder a la cavidad bucal.
Los barberos disponían del sillón
adecuado que facilitaba este acceso, y así ellos iniciaron
su andadura en la cirugía, gracias a su sillón de
peluquero, que brindaba la más optima posición para
la exploración de la boca. Con el tiempo, además de
encargarse de la extracción de piezas enfermas, ampliaron su
campo de acción, en forma de curas y pequeñas
intervenciones, pasándose a llamar "barberos-cirujanos". En
la Edad Media, sobretodo en núcleos rurales, éste era
a menudo, el único encargado de la salud de los vecinos.
La cavidad bucal constituye uno de los pilares básicos en
donde se sustenta la salud de la economía de todo el
organismo, por cuanto es por la boca, por donde ingerimos el
alimento que va a determinar el grado de bienestar o la ausencia de
él, que este nos proporcione.
La cavidad bucal está formada por: Dientes, encías, glándulas salivares, lengua y mejillas. De estas partes las que enferman con más facilidad son las encías y los dientes, y por lo común lo hacen de la siguiente manera:
Dientes: La patología
más frecuente es la
caries
Encias:
- Gingivitis, o inflamación aguda de las encías, lo que determina un reblandecimiento de la mucosa y el consiguiente sangrado.
- Parodontosis, o inflamación crónica del ligamento periodontal. Este ligamento, es el encargado de sostener al diente en su alveolo, y por tanto su inflamación produce movilidad de la pieza dentaria.
Todas las piezas dentarias revisten importancia y tienen su función, fundamentalmente masticatoria como es el caso de los molares, o de corte como sería el caso de los dientes, si bien su influencia se extiende mucho más allá, de tal modo que de la disposición de ambas arcadas dentarias, dependen los rasgos físicos y gestuales que conforman la apariencia del rostro, tales como la forma de los labios, la sonrisa, la expresividad de las emociones, e incluso las particulares inflexiones de nuestra voz, por lo que cada diente es un bien único a conservar.
Dentición Humana
En primer lugar hay que
tener en cuenta las pautas de la dentición humana. Los
dientes comienzan a brotar a partir de los cinco meses, y termina
alrededor de los dos años y medio. Esta dentición
llamada "de leche", inicia su recambio entre los cinco y los seis
años, culminando en los trece, y esta dentición
será definitiva, salvo los Cordales o "muelas del juicio",
que se inician hacia los 18 años, siendo muy variable su
aparición, que puede oscilar entre la primera juventud, y la
plena madurez.
Una importante excepción del "recambio" la constituyen los primeros molares, que brotan a los seis años, y son definitivas, es decir no habrá recambio posterior. Este carácter de definitivas, implica su mayor vulnerabilidad, y de hecho son las primeras piezas que se pierden.
Aspectos Preventivos
Las medidas preventivas con respecto de la boca y sus
elementos son sencillas, aunque requieren una disciplina constante,
por ello se aconseja que la higiene bucal, se constituya en los
primeros años de la vida, como un hábito
imprescindible.
Cepillado: El mercado ofrece una gran variedad, que en ocasiones incluso puede confundirnos, por lo que lo mas sensato es elegir un modelo cualquiera, de consistencia media. Lo más importante no es el cepillo, ni el que sea mas o menos sofisticado, sino el empleo constante y el cepillado correcto, que se aconseja en sentido descendente (de las encías hacia abajo), en las piezas centrales, y movimientos circulares en los molares. Debe durar al menos dos minutos, y abarcar ambas arcadas dentarias en toda su extensión, procurando llegar a las piezas interiores, y por ambas caras de los dientes y muelas, tanto exterior como interior.
Por lo que respecta a la pasta dentrífica utilizada, puede servirnos cualquiera de las que ofrece el mercado. Las formulas apenas varían, salvo las que prometen el blanqueamiento de los dientes, que en muchas ocasiones basan esta promesa en enrojecer las encías, de tal modo que, por contraste, los dientes aparecen ópticamente más blancos. Por supuesto que esto no ocurre con todas, y sólo hemos de ser cuidadosos en este aspecto, para escoger un dentífrico con garantías. El higienista dental o el farmacéutico nos aconsejarán bien.
Existen también cepillos eléctricos, que proporcionan un cepillado intenso y regular.
Colutorios: Como ocurre con los cepillos y pastas, existe una gama muy amplia de colutorios para enjuagues bucales, y adaptados a las distintas necesidades (encías sangrantes, dientes sensibles, etc.). Elegiremos simplemente el que cubra nuestra necesidad, sin olvidar que lo más importante es su uso diario.
Sedas dentales: Son resistentes hilos de seda que se emplean para acceder a los espacios interdentales, allí donde el cepillo no llega. Su uso es muy recomendable, pues los restos de alimentos depositados en estos espacios, si no se eliminan, fermentan al contacto con la saliva, y favorecen la aparición de caries.
Con estos tres elementos de higiene y su empleo habitual, contribuimos decisivamente a la conservación de una boca sana. A pesar de ello, algunos factores tales como la herencia o el consumo de azúcares, pueden llevarnos a que nuestros dientes enfermen, por ello se recomienda una visita al dentista o al higienista dental, con un promedio de una vez al año.
Otras Consideraciones
Como hemos visto, un buen cuidado de los dientes requiere
instrumentos simples, como el cepillo o el colutorio, sin embargo
es interesante saber, que aún cuando por algún motivo
no los tengamos al alcance, existen otras medidas igualmente
efectivas.
La pasta dentífrica puede ser sustituida por bicarbonato o sal. El primero neutraliza los restos alimentarios, y la sal es un buen cicatrizante que contribuye a endurecer las encías, además de su función de arrastre gracias a su consistencia granulosa.
Si no tenemos cepillo, es muy aconsejable masajear las encías con los dedos, y el resultado es igualmente satisfactorio.
En cuanto a los colutorios, obtendremos dos variedades, uno mezclando agua con bicarbonato o perborato, y otro, mezclando agua con sal.
Estos remedios que podríamos llamar "caseros", son igualmente válidos para niños y adultos, y aún cuando tengamos nuestra bolsa de aseo a mano, es recomendable el masaje de encías con los dedos.
Por último indicar que los niños responden muy bien a estas enseñanzas, pues para ellos es como instruirles en la supervivencia, y lo que pueda tener de aventura, cuando no tienen a mano las comodidades del hogar.
Rosario Cutillas
Especialista en Ginecología y Obstetricia (Matrona) por
la escuela de Santa Cristina de Madrid (Universidad
Complutense).
Diplomada en Educación Maternal por la Escuela de Santa
Cristina de Madrid (Univ. Complutense),
Diplomada en Neonatologia y Medicina Perinatal por la Escuela de
Santa Cristina de Madrid (Univ. Complutense)
Monitora de educación sexual titulada por la Sociedad
Sexológica de Madrid, España.
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