La esquizofrenia es un trastorno mental que aún sigue siendo ampliamente incomprendido. Sin embargo, su tratamiento es posible con una medicación adecuada, y el diagnóstico oportuno mejora considerablemente el pronóstico. Un breve panorama de los últimos avances en Holanda en este terreno.
Es indiscutible que la esquizofrenia tiene una condición genética. Aquellas personas con antecedentes familiares tienen mucha más probabilidad de sufrir esquizofrenia que el resto de la población. Por otra parte, la enfermedad no afectará a toda persona con padres esquizofrénicos, ya que participan varios genes que pueden activarse o desactivarse. Lo que causa quebraderos de cabeza a los investigadores es el componente hormonal, pues la esquizofrenia se manifiesta frecuentemente durante la pubertad, y lo que aún es más inusual es que una experiencia traumática o el abuso de drogas pueden desencadenar la enfermedad, y que incluso una infección puede tener nexos con ello.
Tres millones de euros
Los científicos holandeses, el profesor René Kahn y el doctor Roel Ophoff, ambos del Centro Médico Universitario de Utrecht (AMC), han recibido una subvención del Instituto Nacional Estadounidense de Salud Mental para la búsqueda de los genes involucrados en la enfermedad. El primero de ellos, profesor en Psiquiatría, y el segundo, genetista humano,
disponen ahora de tres millones de euros (3.8 millones de dólares) para detectar los numerosos genes que, al parecer, están implicados, y determinar cómo se combinan e influyen entre sí.
Según el doctor Ophoff, “ya se ha tratado, sin resultado, de identificar el único gen que determina si una persona adquirirá la enfermedad. El gen puede estar presente en cada miembro de una familia y, sin embargo, en unos se desarrolla la enfermedad y en otros no.” Por tal razón, se estudiará el genoma humano en su totalidad y se espera llegar a un resultado, una lista de 12 o más genes posiblemente implicados. Lo ideal sería poder determinar cuál de esos genes es el más importante, y resultaría muy útil llegar a determinar cuál de ellos es el más importante.
Hay algunas razones por las que los tres millones de euros procedentes de Estados Unidos se invertirán aquí, en Utrecht, Holanda. En primer lugar, toda la investigación se desarrollará en estrecha cooperación con UCLA, la Universidad de California. El Dr. Ophoff desplegará gran parte de sus investigaciones en Los Ángeles. En segundo lugar, a través de los años, el departamento de psiquiatría del profesor Kahn ha recopilado una extensa base de datos de 850 pacientes de esquizofrenia. A este respecto, el científico comenta que, puesto que se conoce perfectamente a estas personas, tanto mental como físicamente, al compararlas a fondo con otro grupo de control equivalente de personas sanas, se podrá encontrar las respuestas.
Ámsterdam
El proyecto de Utrecht es fundamentalmente científico, y aunque, en última instancia, beneficiará al paciente, aún queda mucho camino por recorrer. El doctor Ophoff opina que “a la larga, si se conocen los genes de la esquizofrenia será posible administrar a cada paciente una medicación a la medida”, con lo que, teóricamente, se podría mejorar el tratamiento. Simultáneamente, el científico enfatiza que el proceso tardará décadas”
Por su parte, otro psiquiatra que estudia el tema, Thérèse van Amelsvoort, incorporada al centro médico universitario de Ámsterdam, AMC, no está dispuesta a aguardar tanto tiempo. La doctora, quien pronostica que estará en condiciones de diagnosticar la esquizofrenia mucho antes de lo que actualmente se hace, se propone detectar la dolencia antes de que se manifiesten síntomas como paranoia y voces internas. De tal manera se puede establecer un pronóstico diferente, ya que un tratamiento oportuno con medicamentos puede contribuir a mitigar la enfermedad e incluso llegar a prevenirla del todo.
Incertidumbre
Los primeros síntomas de la esquizofrenia son muy vagos, como bajo estado anímico, aislamiento social e insomnio. Y puesto que éstos son también los síntomas de una simple depresión, sería conveniente empezar temprano con la administración de medicamentos anti-psicosis. Lo que la doctora Van Amelsvoort se propone es observar más detenidamente el sistema dopamínico. Dopamina es un neurotransmisor, una sustancia química que participa en la comunicación entre las diferentes neuronas, y ya se ha establecido que los esquizofrénicos tienen altos índices de dopamina en algunas áreas del cerebro. Además, empezará a observar un grupo muy definido de personas con antecedentes esquizofrénicos en sus familias, en primer lugar porque tienen más probabilidades de sufrir la enfermedad y, además, manifiestan los síntomas iniciales propios a la depresión.
Para dicha observación, precisa la científica, se utilizará un aparato de rastreo SPECT, con el que se puede determinar con mucha precisión los índices de dopamina. Después de un año, se verificará nuevamente dicho índice en pacientes que en los que se haya desarrollado la enfermedad. De resultar correcta la hipótesis, en este grupo de pacientes, el primer examen con SPECT debe haber registrado un alto índice de dopamina, con lo que se obtiene la prueba. A partir de ahora, de ser necesario se puede utilizar este método y administrar medicamentos en una etapa más temprana, con lo que se podría incluso evitar el surgimiento de esta enfermedad.
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