En pleno siglo XXI, en consonancia con los modernos avances actuales en investigación y desarrollo biomédico y cuando parece haber tocado techo el conocimiento de enfermedades prevalentes como SIDA, cardiopatía isquémica y procesos cancerígenos, apreciamos la necesidad de dedicación y esfuerzo hacia ciertas enfermedades o formas de enfermar también dotadas de modernidad, pero con reconocido abandono en lo referente al campo de la investigación y tratamiento. En un periodo corto de tiempo, en casa todos tendremos un familiar querido con el padecimiento de Alzheimer.
Al ser conocida esta enfermedad como un tipo de demencia, se hace inevitable acudir a la definición de este término interpretado por unas escuelas como la "pérdida orgánica de las funciones intelectuales" y por otras corrientes de cultura médica como la "debilitación gradual de las facultades intelectuales y morales, que sobreviene con la edad a cierto número de personas" bajo la perspectiva de consideración de la antiguamente denominada demencia senil.
El notable interés que la sociedad actual (autoridades sanitarias, medios de comunicación...) ha demostrado por esta enfermedad nos ha llevado a celebrar el día 21 de septiembre de 2001 el Día Mundial del Alzheimer, como índice de sensibilidad hacia este nuevo problema que se nos presenta... en casa y a todos. Las causas de este interés por la patología del envejecimiento tienen su origen el los cambios demográficos de los últimos años, donde la población amplia su senectud en base al progreso de la Medicina. En los países industrializados se estima que un 15 % de la población alcanza y supera los 65 años, apareciendo patologías interpretadas como Alzheimer en un 8 % de estos grupos de edad.
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¿Por qué acontece la enfermedad de Alzheimer?
En la actualidad lo único que percibimos es que cada día aumenta el número de afectados, pero se desconoce el origen de esta regresión que hace evolucionar de nuevo una persona adulta a un comportamiento infantil y de progresiva dependencia para tareas como la alimentación, vestido y el aseo personal. Las alteraciones que aparecen a nivel neuronal (célula nerviosa base) son muy inespecíficas y están aún por estudiar de forma concluyente, donde la dificultad es tal que se hace verdaderamente complicado el distinguir entre el envejecimiento fisiológico de la neurona propio de la edad y el envejecimiento patológico esperado por la enfermedad.
¿Cuáles pueden ser las primeras manifestaciones de Alzheimer en nuestros seres queridos?.
Tradicionalmente acontecen de inicio "distracción" o pérdida de memoria de hechos recientes (acciones cotidianas que casi se acaban de realizar, como olvidar dónde están las llaves de la casa, dónde ha dejado el monedero o las gafas...), mínima pérdida de orientación en la esfera temporal (no recuerdan el día de la semana en que se encuentran) y en la esfera de espacio (confusión para encontrar la calle de su vivienda o sensación de estar desorientados en espacios conocidos: parque, comercios...). Naturalmente todas estas alteraciones tan sutiles son valoradas con posterioridad cuando se investiga la historia clínica del paciente ya que inicialmente pueden corresponder perfectamente a la evolución senil de cualquier persona mayor no afecta de Alzheimer. Muy importante y valiosa se hace entonces la opinión de los familiares cercanos o convivientes, que refieren haber apreciado "cambios" en el comportamiento y costumbres de estos ancianos...y que en ocasiones simplemente refleja la nueva situación que muchas familias padecen al llevar sus familiares a casa para proceder a su cuidado (surge así la necesaria adaptación de las dos partes: anciano y familia).
¿Cómo podemos reconocer que el cuadro clínico está ya instaurado?.
Los cambios evolutivos que se aprecian en las personas afectas de Alzheimer llevan a los familiares a realizar la primera consulta médica cuando ya el cuadro presenta manifestaciones floridas... consideradas hasta ahora como manifestaciones habituales del proceso de envejecimiento, que al ser paulatino y pausado es "mejor aceptado" por parte de los convivientes:
1)Se olvidan los números de teléfono habituales, el nombre de las personas e incluso tienen problemas para mantener una conversación sencilla.
2)Evita salidas a la calle, pierde el interés por relacionarse con sus amistades habituales y demuestra cambios en el humor con tendencia al "enfado mantenido" como manifestación de desadaptación ante una situación que reconoce no controlar.
3)Problemas con el lenguaje y tendencia a huir de frases largas para no verse obligado a precisar la relación entre ellas (a mitad de frase, refieren el típico "perdona, no sé que te estaba diciendo...").
4)Comienza a dejarse ver cierto abandono en el aseo personal...en forma de olvido: no lavarse las manos antes de comer, no asear su dentadura...u otras acciones que previamente estaban acostumbrado a realizar.
Se inician en estas etapas el peregrinar de los enfermos acompañados de familiares hacia las consultas del médico de familia primero y médicos especialitas después, buscando una orientación diagnóstica que en muchas ocasiones tarda en llegar por lo inespecífico del cuadro, pruebas de laboratorio y tratamientos iniciales no concluyentes.
El cuadro clínico sigue progresando, crece la ansiedad de la familia al observar que los tratamientos aconsejados no aportan mejoría... en un periodo en que aún no hay sincronía entre las necesidades de nuestro anciano familiar (ya dependiente para necesidades básicas de su vida) y la ayuda y dedicación que los familiares le podemos ofrecer (trabajos fuera de casa, múltiples obligaciones, presencia de niños o adolescentes en casa....).
Comienzan los sentimientos de culpabilidad de los familiares cercanos ("si le hubiésemos prestado mas atención no hubiésemos llegado a esto", "¿Cómo no nos hemos dado cuenta antes...") y lo que es peor, la sensación de que no hay nada que hacer por la irreversibilidad del cuadro. En un intento de infundir ánimo y demostrar que se puede vivir de forma feliz y consecuente con un enfermo de Alzheimer, os emplazamos a la lectura y valoración de nuestra próxima colaboración en Ciencia y Salud.
Dr. José Sánchez Espinosa
Jefe de Unidad de Urgencias Hospital de Hellín (Albacete-España)
Master en Medicina de Emergencias Universidad Complutense de Madrid
Instructor en RCP del European Resuscitation Council 34 / 0270 / 0003
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