Los últimos estudios sobre audición en la población muestran un creciente número de jóvenes con daño auditivo y se cree que la causa está en la asistencia repetida a discotecas, conciertos y uso de auriculares con alta intensidad de sonido.
Aunque las estadísticas respecto al número de pacientes con algún grado de sordera varían según los países; se sabe que en la sociedad occidental, casi un 60 por ciento de los habitantes de las áreas urbanas tienen algún grado de hipoacusia (pérdida de audición), y también se sabe que la causa más frecuente para que esto ocurra es la exposición al ruido, da igual que sea un ruido muy intenso durante poco tiempo, que una exposición prolongada a un ruido de menor intensidad.
Existe una forma científica para medir el nivel de ruido: se mide la frecuencia del sonido en herzios, según sea de tono más grave o más agudo, y la intensidad en decibelios. Por ejemplo; una conversación de intensidad normal no pasa de 40 decibelios, el ruido en el metro es de unos 85-90 (ya llega al umbral de daño) y un avión despegando lo hace a más de 140 decibelios. El sonido producido por un grupo de rock a través de un walkman-discman con volumen elevado es de unos 120 decibelios. Quince minutos al día es la máxima exposición tolerable sin protección en esta intensidad.
El campo auditivo humano normal está más preparado para protegerse de los sonidos de tono grave (baja frecuencia) y de intensidad menor de 80 decibelios. Cuando el sonido es demasiado alto, irá dañando algunas células del oído interno, pero si este daño persiste, se irán dañando cada vez más células, con lo que se irá perdiendo audición. Esta pérdida no se podrá restaurar: el daño producido será permanente.
¿Cómo saber que los oídos se están dañando? Las personas difieren de su sensibilidad al ruido, pero, como regla general, la audición se puede estar dañando si el paciente tiene que gritar sobre el ruido de fondo para hacerse oír, si le hace doler los oídos, si aparece un zumbido o que por varias horas un poco sordo después de una exposición al ruido.
Existen una serie de dispositivos de protección acústica (auriculares o tapones, que son de uso obligatorio en determinados trabajos) que, colocados adecuadamente, pueden reducir el ruido entre 15 y 30 decibelios. El uso de bolitas de algodón en los oídos no es efectivo, sólo reducen en ruido en unos 5 decibelios.
En resumen, la exposición a un ruido de más de 80 decibelios provoca la muerte de células del oído interno receptoras de sonido. La prevención es el único tratamiento posible, ya que el daño producido es irreversible, las células no se regeneran. Debemos saber cuando un ruido tiene la suficiente intensidad para provocar daño y abandonar su exposición (quitarnos los auriculares, salir de la discoteca hasta que se pase el zumbido de oídos, etc) para evitar con el tiempo problemas mayores de audición.
*Francisco J. García-Purriños
Doctor en Medicina por la Universidad de Salamanca
Especialista en Otorrinolaringología y Patología Cérvico-Facial
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