La afición al descubrimiento del mundo marino crece en la actualidad a ritmo vertiginoso; en otro tiempo la práctica del submarinismo estaba considerado un deporte de elite tan solo al alcance de unos pocos: requería una gran dosis de valor, medios instrumentales y costosos equipos, además de una envidiable preparación física.
Hoy en día la experiencia de visitar el fondo del mar
comienza a entrar en la cultura de la diversión y el
esparcimiento, siendo numerosos los programas de enseñanza y
demostración básica así como las excursiones
organizadas en las que tras una breve introducción
teórica y unas siempre escasas recomendaciones
prácticas se nos plantea la emocionante aventura de explorar
la vida y el movimiento del mar en superficie.
Esta práctica aunque segura en manos de excelentes monitores de buceo, no está exenta de riesgos si se cometen imprudencias o no se cumplen las indicaciones básicas recibidas antes de la inmersión. Son frecuentes nuestros primeros ejercicios de inmersión en apnea (conteniendo la respiración) hasta que la necesidad de oxígenos nos hace volver a la superficie. La fatiga en la repetición de estas acciones y la hipotermia por las bajas temperaturas del agua facilitan el cansancio muscular del esqueleto y de los músculos respiratorios; se aprecia desorientación y torpeza en los movimientos, opresión torácica, taquicardia y congestión facial debido a la acumulación de CO2 y el efecto de este sobre el cerebro... que podemos evitar si recomendamos no sumergirse de nuevo tras una inmersión hasta que no se ha recuperado la fatiga causada por la inmersión precedente y la respiración normal.
Tampoco son raros los primeros accidentes acontecidos en el buceador no experto que elige unas gafas o máscara submarina excesivamente grande y que una vez realizadas inspiraciones nasales debido a su inexperiencia, se provoca un efecto "ventosa" de las gafas sobre la cara que puede incluso producirle hemorragias nasales y conjuntivales y a veces síncopes por estimulación ocular y subsiguiente bradicardia. Se puede remediar este desagradable efecto eligiendo para las primeras inmersiones unas máscaras de submarinista con de menor amplitud con un espacio muerto nasal mínimo.
Igualmente frecuentes son los calambres musculares que no dejan de ser contracciones persistentes, fuertes y circunscritas a una región muscular determinada. La sudoración profusa por el ejercicio desproporcionado, el esfuerzo muscular y el frío de las temperaturas del agua, hacen que acontezca el espasmo arterial dificultando la llegada de riego sanguíneo al área muscular fatigada, provocando la sintomatología referida.
Frecuente es la patología de barotrauma en oídos y nariz producto de la inmersión y el descenso en las aguas, donde la presión aumenta en las vías respiratorias superiores. Pueden acontecer acúfenos (zumbidos en los oídos), sensación de taponamiento brusco en ambos conductos auditivos externos y dolor frontal, acompañados a veces de sensación de "embotamiento", náuseas y vértigo.
Por último comentar de igual modo la aparición de dolor abdominal en los submarinistas noveles que no han tenido la precaución de elegir una dieta adecuada en las jornadas previas a la inmersión: se deben evitar la ingesta de patatas, féculas y legumbres en general, pues es frecuente la aerocolia o generación de gases intestinales a partir de estas con la consiguiente incomodidad física que termina limitando en muchas ocasiones el desarrollo de una jornada deportiva que se las prometía muy exitosa.
*Dr. José Sánchez
Espinosa
Jefe de Unidad de Urgencias
Hospital de Hellín (Albacete-España)
Master en Medicina de Emergencias Universidad Complutense de
Madrid
Instructor en RCP del European Resuscitation Council 34 / 0270 /
0003
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