Hoy en día y en relación con el boom de las actuales ofertas turísticas a todos se nos ha planteado alguna vez la posibilidad de realizar un viaje a otro continente en el que se incluyen determinadas excursiones a cordilleras de leyenda con zonas de altitud variables y para las que siempre creemos estar preparados.
El llamado hoy "turismo de montaña" exige, sin embargo, unas mínimas condiciones físicas para enfrentarse a todas las vicisitudes y sorpresas que nos puede deparar el intentar una ascensión sin las precauciones debidas, siendo obligado por parte del viajero una preparación física previa básica, una material adecuado, el diseño de una ruta accesible y el conocimiento de los peligros que entraña para nuestra salud la ascensión a un pico montañoso sin las debidas precauciones.
De los problemas médicos en cota alta el más conocido por su frecuencia de aparición es el llamado "mal de altura" o "mal de montaña", que refleja la mala adaptación de nuestro organismo a la altitud más allá de determinados límites y que afecta sobre todo al turista medio que debe afrontar este síndrome salvando situaciones para las que habitualmente no está preparado: disminución de oxígeno, disminución de la temperatura y deshidratación.
Un individuo sano, fumador moderado, no anémico y con una forma física aceptable, tolera bien las altitudes inferiores a los 2.500 metros porque a esta altura y con tiempo apacible puede mantener una oxigenación aceptable sin apenas realizar esfuerzos compensatorios de su organismo, con una mínima hiperventilación y moderada taquicardia.
A partir de los 3.000 metros y si la forma física de nuestro viajero alpinista es limitada, los trastornos de adaptación al déficit de oxigenación de la sangre comienzan a deteriorar la respuesta de nuestro organismo y podemos asistir a complicaciones graves: se precisa de mayor esfuerzo muscular, aumenta la frecuencia respiratoria (hasta 7-8 veces) y la de los latidos cardíacos, con el consiguiente consumo de energía; la tensión arterial también se ve afectada y llaga a subir a valores de 180-200 mmHg en su componente sistólico.
Cada 100 metros de ascenso se estima que desciende la temperatura ambiente unos 0,7ºC lo que significa que cada 1.000 m de ascensión deberemos de soportar bajadas de temperatura de 7ºC desencadenando en nuestro organismo una serie de reacciones reflejas destinadas a hacer afluir mayor calor al eje corazón-cerebro en detrimento de mantener la temperatura en los miembros superiores e inferiores: comienzan a iniciarse problemas de circulación sanguínea en zonas periféricas de los dedos, con lesiones iniciales de congelación progresiva. A mayor altitud, mayor pérdida de calor, escalofríos y calambres musculares.
El aire seco de la montaña, la falta de abastecimiento de agua más allá de una determinada cota, la sudoración fácil por cansancio crean las premisas de deshidratación que puede ser dramática al incidir principalmente en la reserva energética y en la capacidad para regular el esfuerzo. De esta forma se pasa del esfuerzo útil a la fatiga. Cuando la pérdida de agua corporal afecta al 4-6 % del peso corporal la deshidratación es ya tan importante que puede comprometer la conciencia y la vida.
Los síntomas típicos pues del "mal de altura" y una vez desbordados los mecanismos de adaptación a la altitud, se presentan en forma de náuseas, somnolencia, palidez de piel con sudor frío, taquicardia y fatiga respiratoria.
El "té de coca" es una bebida comúnmente ofrecida a los turistas que sobrepasan las cotas de los 3.000 metros teniendo esta bebida una mera justificación farmacológica: es analgésica, bradicardizante, provoca euforia y modera la respiración mejorando la sensación subjetiva de cansancio.
En cualquiera caso y para evitar la fisiopatología del mal de altura y sus desencadenantes, es fundamental un buen plan de viaje además de una mínima preparación física y consejo médico antes de la partida a estos apasionantes viajes.
*Dr. José Sánchez Espinosa
Jefe de Unidad de Urgencias Hospital de Hellín (Albacete-España)
Master en Medicina de Emergencias Universidad Complutense de Madrid
Instructor en RCP del European Resuscitation Council 34 / 0270 / 0003
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