La glándula tiroidea se aloja en la parte anterior del cuello, bajo el "bocado de Adán", y es en esta glándula donde se producen las hormonas tiroideas , que ejercen un importante papel en el metabolismo de gran número de células, y en los procesos de desarrollo de todos los órganos, especialmente del cerebro. Cuando el organismo tiene un déficit de yodo, esta glándula aumenta su tamaño, produciendo hipotiroidismo, también llamado bocio.
El yodo es un micro-nutriente descubierto en el siglo XIX. Pertenece a la familia de los halogenados y su símbolo químico es I. Su presencia en el organismo es imprescindible para la vida, ya que es necesario para la síntesis de las hormonas tiroideas. De ahí su importancia en la salud de las personas.
El yodo se encuentra fundamentalmente en las aguas y productos marinos (pescado), pero los alimentos naturales apenas lo contienen, y esta es la razón por la que en las zonas alejadas de la costa, el bocio es una enfermedad frecuente, a veces endémica. Las necesidades de yodo varían a lo largo de la vida, siendo mayores en la infancia y en determinados procesos vitales, como el embarazo y la lactancia. Como media, la cifra necesaria por día está en torno a 90/150 microgramos.
Trastornos por deficiencia de yodo
Las consecuencias del déficit de yodo empiezan durante la génesis fetal, de ahí la importancia de prevenirlo en embarazadas. En el feto en formación, las consecuencias son múltiples, pues inciden en el aumento de la mortalidad perinatal, y en las anomalías congénitas: Aumenta el número de abortos, y puede ser causa de enanismo, déficit mental, sordera y sordomudez, defectos psicomotores y debilidad mental, por citar los más importantes. En la infancia y la adolescencia, el déficit de yodo es causa de bocio, hipotiroidismo juvenil, alteración del desarrollo intelectual, y retraso en el desarrollo físico. En el adulto, produce bocio con complicaciones, hipotiroidismo, y alteración de la función intelectual.
Los síntomas del bocio son insidiosos y sutiles, presentando nerviosismo, insomnio, ánimo depresivo, fatiga, cansancio, piel seca; en suma, no son signos característicos, que pueden deberse a otros procesos. Aunque el bocio es un serio problema de salud, y un valioso indicador de yodo- deficiencia, lo más importante es la profilaxis en embarazadas, por las consecuencias que hemos visto en el feto.
Prevención y tratamiento
Dada la importancia del yodo durante la gestación, es importante que en las zonas con deficiencia de yodo (alejadas del mar) las gestantes consuman sal yodada, en lugar de sal común. Hoy día se venden indistintamente y es fácil encontrarla en los comercios.
Este mismo consumo se aconseja a las mujeres en edad fértil, en la infancia y la adolescencia.
Las autoridades sanitarias se plantean la solución de yodar universalmente la sal de consumo habitual, pero mientras esta iniciativa no sea una realidad, deben promoverse campañas que informen a la población de las necesidades de yodo, y el modo de aportarlo al organismo, así como las cantidades adecuadas, pues un exceso puede producir hipertiroidismo (exceso de yodo), con parecidos síntomas derivados del bocio.
Para la medida idónea, lo más importante es saber que no se trata de ingerir más sal, sino simplemente tomarla yodada en las cantidades habituales. Por lo demás, y cuando se precisa un aporte que no puede ser ingerido mediante la sal yodada, se aconseja el aporte en forma de tabletas que contienen de 100 a 500 microgramos, según las necesidades.
Este tratamiento se usa en países en donde el yodo es escaso, completando con ello las deficiencias de una alimentación que no alcanza las cantidades necesarias.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha indicado que el déficit de yodo sigue siendo la causa principal de retrasos mentales y parálisis cerebral evitables en el mundo, y que afecta, en una u otra medida, al desarrollo y bienestar de unos mil millones de personas, siendo sin embargo tan fácilmente evitable. De este modo, se puede decir que la prevención se erige de nuevo como el pilar en donde sustentar la salud de las personas y, en el caso del yodo, esta prevención pasa únicamente por sustituir la sal común de la dieta, por sal yodada. Pero es importante que las campañas se multipliquen y las autoridades sanitarias informen a la población, para evitar problemas que pueden ser eludidos, pero para los que hace falta información.
Rosario Cutillas
Especialista en Ginecología y Obstetricia (Matrona) por la escuela de Santa Cristina de Madrid (Universidad Complutense).
Diplomada en Educación Maternal por la Escuela de Santa Cristina de Madrid (Univ. Complutense).
Diplomada en Neonatologia y Medicina Perinatal por la Escuela de Santa Cristina de Madrid (Univ. Complutense).
Monitora de educación sexual titulada por la Sociedad Sexológica de Madrid, España.
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