El segundo trimestre del embarazo abarca el periodo comprendido entre la semana doce y la veintiséis. A estas alturas las molestias que conlleva el primer trimestre ya remitieron, y los cuidados físicos requeridos durante este periodo no sobrepasan los hábitos fuera del embarazo; a lo sumo se requiere una alimentación rica en calcio, y el aporte de fe (hierro).
En realidad la "anemia de la embarazada", viene dada por el aumento del volumen sanguíneo, es decir, los hematíes al estar más dispersos en el torrente sanguíneo muestran menor número por cc. De todos modos la medicina recomienda la ingesta de hierro, sobretodo por prevenir la pérdida de sangre que se producirá en el parto.
Por lo demás es necesario observar unos hábitos saludables en el sentido de procurar el aire libre, el descanso suficiente, una alimentación variada y un suave ejercicio diario, considerando siempre que hablamos de un embarazo normal, libre de complicaciones.
En el segundo cuatrimestre, caracterizado por una "suerte de equilibrio", la atención se centra en aspectos que tienen mas que ver con la psicología, y estos son por un lado, las variaciones en la apariencia física de la embarazada, y por otro la percepción por la futura madre de los movimientos fetales.
Cambio en la imagen corporal
Los cambios en el aspecto externo, pueden aceptarse con satisfacción o bien provocar problemas; estos vienen dados porque en muy poco tiempo el cuerpo (su volumen) aumenta considerablemente, lo que puede ocasionar una baja de la autoestima, dado el énfasis que pone hoy la sociedad en la delgadez de la mujer.
Por otro lado, y a medida que el embarazo se hace patente, las mujeres sienten que no pueden ocultar su embarazo; el hecho de haber mantenido relaciones sexuales es algo público y evidente, por lo que las mujeres con prejuicios sexuales sienten vergüenza e intimidación. Estos sentimientos se acentúan con los familiares más cercanos, especialmente el padre y la madre de la embarazada.
Movimientos fetales
Lo más importante del segundo trimestre es la percepción de los movimientos fetales, lo que ayuda a la madre a aceptar al feto como una persona individual. El hecho de notar cómo el bebé se mueve, es una de las experiencias más impactantes en el transcurrir de un embarazo, ya que con estos movimientos se percibe el hecho real de la maternidad, invitando al dialogo entre los padres. Es preciso recordar que esta aceptación no implica necesariamente felicidad, pues si muchas mujeres se muestran felices con su embarazo, para otras supone un estrés que durará al menos hasta el parto.
El sentir que el niño se mueve, la tranquilidad que lleva consigo el equilibrio del segundo trimestre, y las fantasías que empiezan a surgir con respecto al bebé, hace que la madre se vuelva cada vez más introvertida, pasiva y dependiente. Algunos autores (Caplan y Col.) ven a la mujer como capaz sólo de recibir, pero no de dar, lo que requiere un reajuste familiar a veces muy difícil. La pareja con frecuencia no comprende este ensimismamiento, y puede ser interpretado como indiferencia ante el embarazo, con los consiguientes malentendidos, reproches y conflictos entre los cónyuges.
Las respuestas de las embarazadas son muy diversas, y no siempre responden al estereotipo de alegría que tradicionalmente se le presupone. Se sabe que muchas embarazadas, de quienes se espera que muestren una gran alegría por ese embarazo, fingen sus sentimientos, ocultando dudas y tristezas, mostrando una euforia que no siente, lo que no hace mas que aumentar su inquietud, precisamente en el momento en que está "aceptando" una nueva etapa de su vida.
Otro interesante aspecto de este segundo cuatrimestre, es el aumento del erotismo que muestran algunas mujeres. Este hecho tiene una explicación física, y según apuntaron Masters y Jonson, se debe al aumento de la lubricación vaginal y el flujo sanguíneo pélvico, propiciando una excitación más duradera. Estas sensaciones condicionan que la mujer sea sexualmente exigente con su pareja, lo que unido a los obstáculos de imagen corporal, y a los cambios de humor, pueden deteriorar la relación. Para remediar estos desajustes, es necesario el diálogo entre la pareja, ya que tanto el padre como la madre, se enfrentan a sentimientos encontrados con respecto al hijo que esperan.
Ambos tienen la tarea de aceptar el embarazo, y si la percepción de movimientos fetales es importante para la madre, también lo es para el padre, ya que percibirlos le ayudará a asumir la realidad de su próxima paternidad.
*Rosario Cutillas:
Especialista en Ginecología y Obstetricia (Matrona) por la escuela de Santa Cristina de Madrid (Universidad Complutense).
Diplomada en Educación Maternal por la Escuela de Santa Cristina de Madrid (Univ. Complutense),
Diplomada en Neonatologia y Medicina Perinatal por la Escuela de Santa Cristina de Madrid (Univ. Complutense)
Monitora de educación sexual titulada por la Sociedad Sexológica de Madrid, España.
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