Cuando se reduce por debajo de lo normal el número de glóbulos rojos de la sangre o el nivel de la hemoglobina (sustancia que da el color rojo a la sangre) hablamos de anemia. Si tenemos en cuenta que los glóbulos rojos son los que se encargan de transportar el oxígeno desde los pulmones a distintas partes del cuerpo, cabe imaginar que al reducirse su número, sufrirá también el transporte de oxígeno.
Aunque sólo un análisis de sangre en el laboratorio puede señalar la anomalía en la sangre, hay síntomas que hacen sospechar la presencia de anemia: palidez, cansancio, debilidad, dolor de cabeza aunque, en los casos leves, no se presenta ningún síntoma.
La causa más común de la anemia son las pérdidas de sangre (hemorragia) y también la escasa producción de glóbulos rojos por el organismo. Las pérdidas de sangre pueden ser agudas, repentinas, como consecuencia de, p.e. un accidente o una operación quirúrgica. Cuando en esos casos se pierde gran cantidad de sangre, pueden presentarse dos problemas: que disminuya la presión arterial ante la insuficiencia de líquido en las venas y arterias y, como decíamos antes, la disminución de oxígeno en el organismo. Estos dos factores pueden conducir a un ataque o paro cardíaco e, incluso, la muerte.
El otro tipo de pérdida de sangre es la crónica o continua. Puede producirse en varias partes del cuerpo; a veces, visible como una hemorragia nasal y, otras veces, no se detecta porque son cantidades pequeñas (úlcera de estómago y de intestino) y no presenta color rojo en las heces. Estas pérdidas se denominan ocultas porque escapan a nuestra atención.
El tratamiento de la anemia aguda dependerá de la rapidez con que se pierda sangre y de la gravedad de la enfermedad. En casos de grandes hemorragias agudas es necesaria una transfusión de sangre. En la crónica, el propio organismo produce suficientes glóbulos rojos para corregir la anemia.
Durante las hemorragias el cuerpo pierde hierro - mineral necesario para producir glóbulos rojos - por lo que el paciente deberá tomar suplementos que se presentan en forma de tabletas o comprimidos.
En la próxima ocasión seguiremos tratando otros tipos diferentes de anemia.
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