Ningún área de la medicina suscita tanta carga emocional como la anestesia, ya que su objetivo es sumir al paciente en un sueño profundo, que permita la manipulación sobre su cuerpo sin experimentar dolor.
Una primera definición, podría ser la enunciada en la obra "Anestesia" del profesor Miller:"Proporcionar insensibilidad al dolor durante procedimientos quirúrgicos, obstétricos, terapéuticos y diagnósticos, y cuidar de los pacientes sometidos a ellos".
Cuando las personas se enfrentan al hecho de la necesidad de una anestesia, se ponen en juego los más atávicos temores, pues no en vano, este sueño profundo, artificialmente inducido, observa un gran parecido, en su forma externa, con la muerte.
El hecho de que alguien nos "duerma", viene casi invariablemente acompañado del temor a no despertar, y algunas personas hacen testamento, e indican sus últimas voluntades antes de someterse a una intervención bajo anestesia. Sea como fuere a nadie le deja indiferente, al contrario, la práctica anestésica tiene fuertes connotaciones de orden social, moral, legal, religiosos y culturales.
La historia de la anestesia, es la apasionante historia de la lucha de la humanidad contra el dolor, y sus raíces se hunden en los primeros pasos del hombre sobre la tierra. Se dice que el primer anestesista de la historia, fue el dios Yavhé de la Biblia cristiana ya que "sumió a Adán en un sueño muy profundo para quitarle una costilla", sin embargo se sabe que la práctica anestésica, bajo muy diversas formas, se inició desde tiempo inmemorial y así tenemos constancia del uso de adormidera o mandrágora entre los años 5000 y 3000 A.C.
A pesar de ello, la práctica anestésica, tal cómo la conocemos hoy, es una especialidad muy joven, pues como hemos indicado arriba, esta práctica ha estado rodeada de connotaciones muy diversas, y posiblemente ello haya influido en que hasta bien entrado el siglo XVIII, no se le considerara especialidad médica. También en este siglo y parte del XIX, es cuando tienen lugar los descubrimientos y perfeccionamientos, que han dado lugar a la mejor noticia de la medicina, y es que sin ella no serían posibles las intervenciones, diagnósticos, y terapias que tantas vidas salvan.
No todas las formas de anestesia son iguales, ni se usan para lo mismo por lo que daremos un repaso en estas páginas de los distintos tipos, y sus aplicaciones. Lo primero que debemos distinguir es entre analgesia y anestesia.
Analgesia: (del latin a= sin -y algia=dolor) Es una atenuación o amortiguación de leve a moderada del funcionamiento del sistema nervioso central, de manera que la persona queda consciente pero sedada y experimenta menor nivel de dolor. Su administración suele ser IM o IV, siendo también administrada de forma epidural.
El funcionamiento de los órganos vitales, como la ventilación, en general no se comprometen, los reflejos protectores de las respiraciones permanecen intactos.
La persona es capaz de responder a órdenes verbales y tiene funcionamiento motor completo y voluntario.
Anestesia: Produce una pérdida total de la capacidad sensorial, ya sea de tipo regional en el área pélvica mediante anestesia epidural o en forma central en el cerebro, como ocurre con la general, en cuyo caso se pierde la conciencia.
La anestesia implica en general que el funcionamiento de uno o más órganos vitales se encuentra bajo control parcial o total del anestesiólogo, ya que el paciente lo pierde de manera temporal. Por tanto, es evidente que las técnicas analgésicas pueden progresar de forma rápida e inesperada al estado de anestesia, como puede ser en dosis inadvertidas o el cálculo erróneo del nivel de tolerancia al fármaco.
Todas las técnicas de bloqueo regional, como por ejemplo la epidural, se describen bajo la categoría de anestesia, aunque algunos autores consideran que el bloqueo regional es una técnica analgésica.
Epidural o raquídea: Esta técnica insensibiliza la parte de la cintura hacia abajo, permitiendo al cirujano hacer su trabajo con toda comodidad, pero con la ventaja de permitir que la persona esté consciente.
La técnica es sencilla y elimina los efectos depresores que producen los fármacos usados en anestesia general, no se eliminan los reflejos respiratorios. Estas ventajas son importantes en pacientes con problemas cardio-pulmonares.
En cuanto a las complicaciones, incluyen hipotensión a causa del bloqueo simpático que reduce de forma transitoria el tono vasomotor, y el dolor de cabeza. La hipotensión se previene con la hidratación adecuada del paciente, y en ciertos casos se sugiere el tratamiento preventivo con efedrina intramuscular. El anestesiólogo decidirá según las necesidades y características del paciente.
En cuanto al dolor de cabeza, se presenta entre la 24 y 72 horas tras la aplicación de la anestesia y se deba a la perforación inadvertida de la duramadre durante la aplicación de la técnica. El dolor puede oscilar desde leve a severo. En los casos leves el tratamiento consiste en que el paciente se acueste con la cabeza a la misma altura que el resto del cuerpo, y administración de cristaloides.
En casos más graves, el anestesiólogo coloca un parche sanguíneo epidural para aliviar los síntomas. Para ello, se aplica con cuidado la aguja epidural en el sitio de la perforación cutánea previa y se inyectan de 10 a 20 ml de la propia sangre de la paciente sin coagular al espacio epidural. Suele eliminar los síntomas en pocos minutos o unas horas, habiendo pocas complicaciones como infecciones, o resistencia al dolor de cabeza.
En todo caso las complicaciones en general son raras, y la anestesia raquídea se revela como un gran avance. Este tipo de anestesia es el que ha acabado definitivamente con el dolor inherente al parto, pues hoy se ofrece a la paciente en trabajo de parto en la mayoría de las clínicas europeas. El aspecto obstétrico de la analgesia epidural es una de sus aplicaciones más interesantes por sus implicaciones en la salud reproductiva. Volveremos sobre ello, y sobre otras formas de anestesia en los próximos capítulos.
Rosario Cutillas
Especialista en Ginecología y Obstetricia (Matrona) por la escuela de Santa Cristina de Madrid (Universidad Complutense).
Diplomada en Educación Maternal por la Escuela de Santa Cristina de Madrid (Univ. Complutense),
Diplomada en Neonatologia y Medicina Perinatal por la Escuela de Santa Cristina de Madrid (Univ. Complutense)
Monitora de educación sexual titulada por la Sociedad Sexológica de Madrid, España.
Etiqueta: America Latina, derechos humanos, economia, entrevistas, europa, Holanda, latinoamerica, media, noticias, onu, Paises Bajos, paz, politica, radio, radio nederland, unesco, unicef