Una vez contemplado el emergente desarrollo de nuestra Medicina en pleno siglo XXI y cuando los continuos avances en atención sanitaria nos plantean un panorama basado en la búsqueda de los orígenes de la enfermedad, los modernos tratamientos esperanzados en la ingeniería genética y las pruebas diagnósticas de alta resolución, no podemos perder de vista los principales valores del arte de "comprender y sanar" que desde antaño han constituido los pilares fundamentales de la relación médico-paciente y sin los cuales el acto médico carece de sentido: la entrevista clínica, la minuciosa exploración de nuestro paciente y los consejos sanitarios aportados ante un proceso patológico que por su bonanza evolutiva decidimos someter a tratamiento y recuperación en domicilio.
En referencia a estos últimos consejos o recomendaciones médicas actualmente olvidados y menospreciados por el compromiso tecnológico de la Medicina moderna, se producen a diario circunstancias clínicas banales que derivan en la mala práctica de lo que podemos denominar la automedicación.
Los factores más importantes que parecen haber desencadenado esta cultura de administración de fármacos en domicilio por parte del propio enfermo sin consulta médica previa, podrían ser los siguientes:
Escasez de tiempo para acudir a la consulta medica en una sociedad actual dominada por las obligaciones laborales y domésticas.
- Pérdida de la credibilidad sanitaria basada en el deterioro de la relación médico-paciente (se confía mas hoy en día en el desarrollo tecnológico que en las "manos" de un doctor...).
- Procesos patológicos banales que por su carácter de cronicidad son poco valorados por el propio enfermo e interpretados por este como "automedicables" (resfriado común y gripe, cefaleas, trastornos gastrointestinales leves...).
- Contribución actual de los medios de comunicación y mala interpretación por parte de los pacientes de la cultura sanitaria aportada: hoy en día existe mucha información y "todo el mundo entiende de Medicina".
La lista de productos farmacológicos que con más frecuencia se utilizan habitualmente para la automedicación es lamentablemente amplia. Destacamos entre ellos los siguientes principios activos y "malas" indicaciones de uso sin consejo médico previo: antiinflamatorios tipo naproxeno para migrañas habituales, analgésicos tipo paracetamol para cuadros inflamatorios articulares, antibióticos tipo amoxicilina para molestias faríngeas inespecíficas o resfriado común, ansiolíticos tipo diacepam para cualquier tipo de cuadro ansioso o depresivo, antidiarreicos tipo loperamida para cualquier episodio de gastroenteritis no filiado...
Esta práctica tan extendida de la automedicación no está exenta de riesgo para la salud, circunstancia ésta que es en muchos casos desconocida para los "usuarios" de la misma:
- Mala utilización de los grupos farmacológicos: es habitual por ejemplo la utilización de la molécula paracetamol para procesos inflamatorios cuando su acción antiinflamatoria es nula.
- Administración indiscriminada de antibióticos en procesos
clínicos producidos por virus, en los cuales han demostradoclaramente su ineficacia (gripe por ejemplo). - Procesos de gravedad clínica que quedan enmascarados por la administración de productos "populares" sin control médico: se utilizan cada vez mas como inhibidores de la secrección gástrica los fármacos tipo omeprazol para tratar episodios de ardor gástrico o pirosis a nivel doméstico...ocultando la expresividad clínica y sintomática de lesiones pretumorales del tubo digestivo.
- Tranquilizantes y productos ansiolíticos que administrados sin supervisión médica producen bajo rendimiento intelectual y deterioro de la capacidad de atención (accidentes laborales, problemática de autoestima...).
Nuestro consejo desde éstas páginas de Ciencia y Salud es claro y hace referencia a la utilización de los servicios sanitarios para obtener unas recomendaciones fiables de tratamiento ante cualquier proceso patológico que se nos presente: sólo nuestros colaboradores del equipo de salud son los auténticamente capacitados para orientar una prescripción farmacológica tras proceder a entrevista y exploración clínica cuidadosas así como a un seguimiento posterior del proceso de enfermar.
Consultemos siempre con nuestro farmacéutico o médico de familia antes de tomar cualquier medicación que no sea un antitérmico o analgésico menor habitual y sigamos confiando en los remedios caseros y el sentido común hasta plantear nuestra duda a los sanitarios competentes. Nuestra salud sigue siendo lo más importante.
Dr. José Sánchez Espinosa
Jefe de Unidad de Urgencias Hospital de Hellín (Albacete-España)
Master en Medicina de Emergencias Universidad Complutense de Madrid
Instructor en RCP del European Resuscitation Council 34 / 0270 / 0003
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