Un millón de personas muere cada año como consecuencia de la malaria, el 75 por ciento de las víctimas proviene de África. La malaria afecta sobre todo a niños y embarazadas. La enfermedad está causada por parásitos que se transmiten de persona a persona a través de la picadura del mosquito vector (hembra anófeles). La malaria, también llamada paludismo, fue descubierta en 1898, sin embargo, más de un siglo después no se ha logrado todavía controlarla y menos aún erradicarla.
"Te empiezan doliendo las articulaciones, tienes ataques de fiebre altísima y fuertes dolores de cabeza. Una vez que te abate es difícil que te vuelva a permitir estar de pie", cuenta un habitante de Camerún. Él es uno de los 500 millones de africanos que padece esta enfermedad. El mal no sólo afecta al paciente sino también tiene graves consecuencias para su entorno y todo el continente. Los campesinos, aquejados de paludismo, no están en condiciones de trabajar la tierra y los niños con frecuentes episodios de la enfermedad pueden sufrir daños cerebrales permanentes. Además de las pérdidas humanas, la malaria cuesta a África un 1,3 % del Producto Bruto Nacional. Razón más que suficiente para que los africanos esperen ansiosamente una vacuna contra esta enfermedad infecciosa.
El científico Willem Takken de la Universidad de Wageningen en Holanda, explica las dificultades: "Ese parásito, que ocasiona la malaria, tiene una envoltura proteica que puede cambiar de un momento a otro. Como investigadores no tenemos forma de saber con qué tipo de envoltura aparecerá mañana. Si lo supiéramos podríamos desarrollar una vacuna más rápidamente. Pero como no se puede anticipar el tipo de envoltura debemos disponer de toda una batería de vacunas que puedan combatir todas las posibles variaciones que pueda presentar el parásito."
Takken asegura que en los últimos tres años se han logrado avances pero todavía habrá que esperar unos diez años antes de que se pueda disponer de una vacuna antimalárica. Hasta que llegue ese momento, los africanos deberán evitar las picaduras de mosquitos, lo que ya de por sí es una tarea bastante ardua, según constata Bart Knols, colega de Takken.
Los mosquitos vectores fueron expuestos a un solo tipo de insecticida al que se han vuelto resistentes. Knols ha buscado otras formas de combatir los mosquitos del género Anófeles. Por ejemplo, descubrió a fines de los años noventa que un tipo de hongo puede infectar al mosquito de la malaria e incluso aniquilarlo en el plazo de diez días. En una aldea del sur de Tanzania probó su descubrimiento en diez chozas. Se embadurnaron paños negros (a los mosquitos les gustan las superficies oscuras) con aceite de girasol y el hongo. Al principio la gente reaccionó con escepticismo pero cuando vieron los resultados dieron rienda suelta al entusiasmo. Knols relata su experiencia:"Mostramos los mosquitos que quedaron en el paño. Algunos de ellos ya mostraban la capa de moho verde que también se observa en un pan viejo. Esto muestra cómo el hongo infectó al mosquito. Desde entonces son muchos los que quieren aplicar este método."
Con los paños impregnados con el hongo se infectó una cuarta parte de los mosquitos. La cantidad de picaduras del vector disminuyó de una por día a una cada tres semanas. El moho es relativamente fácil de cultivar en maíz y arroz. Knols quiere probar sus hallazgos en dos pueblos de Tanzania.
Es prematuro hablar de una solución; desde ya, sería mucho mejor si se erradica la enfermedad. Ese propósito se logró en Europa, América del Norte y Rusia. Sin embargo, en África es más difícil combatir la picadura de estos insectos porque durante todo el año tienen dadas las condiciones para su desarrollo. Sin embrago y como reza el dicho popular, ¡querer es poder! siempre y cuando haya dinero, dice Bart Knols. "Cada día mueren inútilmente muchos niños a causa de la malaria."
Etiqueta: hembra anófeles, Malaria, Mosquito vector
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