Aunque se trata de una dolencia tan vieja como la humanidad, sólo en los últimos años se ha llegado a tener una idea exacta de su naturaleza.
Los métodos de tratamiento de las úlceras de estómago y duodeno han cambiado profundamente en los últimos diez años. Antes se creía que era una enfermedad típicamente sicosomática, causada por la acumulación de tensiones. El caso típico de la persona introvertida, reservada, que guarda para sí los problemas y que, tarde o temprano, se ve afectado por una úlcera de estómago o de intestino. Ahora se sabe que la causa es otra: una bacteria.
Las úlceras son lesiones en la pared estomacal o intestinal, ocasionadas por la acción excesiva de los ácidos gástricos. Las capas exteriores de las mucosas son corroídas por el ácido y se produce una especie de cráter claramente visible en un examen radiológico. Cuando la úlcera penetra más en la pared estomacal, puede afectar un vaso sanguíneo, dando lugar a una hemorragia repentina. Si atraviesa esa pared, puede producir una perforación con fuertes dolores abdominales y síntomas de shock.
Hace unos años se descubrió que en el desarrollo de la úlcera estaba presente una bacteria, la "campilobacter pylori", que actualmente se denomina "hélicobacter pylori". Esta bacteria va a parar al estómago con alimentos contaminados de alguna forma. Todos corremos el riesgo de ser anfitriones de la bacteria, y esa posibilidad aumenta con la edad. El parásito va deteriorando poco a poco la capa mucosa que protege al estómago del agresivo jugo gástrico. Esto no afecta de igual manera a todas las personas, y puede darse el caso de que no se produzca úlcera. Pero, si llega a declararse, la única manera de tratarla eficazmente es eliminar primero la bacteria.
Eso no es tan sencillo. Un viejo remedio son las sales de bismuto que, combinadas o no con antibióticos, siguen siendo eficaces. También es importante combatir la acidez gástrica. La intervención quirúrgica viene en último lugar, y se ha de realizar en cualquier caso en un centro especializado.
De todas formas, los resultados del tratamiento han mejorado decisivamente con los adelantos en la medicación. Pero no hemos de olvidar que todo eso ha sido posible por el simple descubrimiento de una bacteria, que ha cambiado fundamentalmente nuestro conocimiento de una dolencia tan antigua como la humanidad.
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