La zona donde el esófago penetra en el diafragma es una de las más débiles del sistema digestivo. Y parece como si cada vez se hiciese más débil, porque el número de personas que sufren molestias en esa zona aumenta considerablemente. Además, los médicos establecen el diagnóstico con mucha más frecuencia que antes. Se ha convertido incluso en una enfermedad de moda.
El diafragma es un
músculo aplanado, casi circular y con forma
de cúpula que separa el tórax del abdomen. En cada
movimiento inspiratorio el músculo se contrae de tal manera
que se aplana más, y agranda el tamaño de la caja
torácica. De esta manera, entra el aire a los pulmones y, al
mismo tiempo, presiona hacia abajo el contenido
abdominal.
El estómago está situado directamente debajo del diafragma; con otras palabras, la boca del esófago en el estómago se encuentra inmediatamente debajo del diafragma. Esa boca asciende o desciende con cada movimiento respiratorio; es decir, que la respiración tira del esófago hacia abajo, por lo que no resulta difícil entender que un trocito de estómago pueda ser estirado hacia arriba a través del diafragma. Esto hace que la boca del estómago se coloque inmediatamente encima del diafragma en el tórax y pierda su capacidad de cierre. Así, el ácido gástrico puede llegar al esófago; pero el esófago no está preparado para ello, por lo que el ácido causa dolor y, finalmente, acaba por dañar una zona, en un proceso similar a una úlcera estomacal.
Los síntomas son cada vez más molestos cuando uno se agacha, levanta pesos y cuando se tumba. Todo muy comprensible.
Las molestias pueden ser de diversa índole. La acidez y dolor detrás del esternón son los síntomas más claros de una hernia de diafragma. Hay otros, como dificultad respiratoria, dolor en la zona cardíaca y presión en el pecho. Estos síntomas hacen pensar antes en asma, afecciones pulmonares o problemas de riego sanguíneo en el corazón que en una hernia diafragmática. Ésta es la razón por la que un paciente acude en primer lugar a un cardiólogo o a un especialista de pulmón, un neumólogo.
El dolor que se produce en la zona cardíaca por una deficiencia del riego sanguíneo se llama angina de pecho, y puede parecer un dolor de estómago, especialmente si surge en la frontera entre estómago y esófago. Se trata de un dolor opresor, angustioso, que se siente detrás del esternón. Suele irradiar a la espalda pero muy raramente hacia los brazos, como es el caso de la angina de pecho. Es, como mínimo, insatisfactorio cuando a un paciente que cree tener problemas de corazón se le envía a casa con una historia de estómago y esófago y que, además, no tiene remedio.
El diagnóstico de hernia de diafragma sólo se ha podido efectuar desde que existen las modernas técnicas con la flexible fibra óptica y los video-endoscopios. Estos endoscopios son tan flexibles que, prácticamente, se puede ver la parte posterior. Si se observa la boca estomacal desde el estómago, o sea en la dirección del esófago, se puede ver claramente si se ha deslizado un trocito de estómago por el diafragma. Es probable que muchas personas padezcan una hernia diafragmática sin saberlo.
Las molestias agudas de la hernia se tratan con remedios antiácidos, productos que inhiben la producción del ácido y, en algunos casos, con bactericidas. Pero con ello se combaten los síntomas y no la causa. Muchas personas siguen quejándose de un desagradable sabor de boca y abundante mucosidad en la boca. Estas molestias pueden persistir a pesar de los tratamientos antiácidos.
Hay factores que agravan la hernia diafragmática, como la obesidad, los estreñimientos asiduos, la ingesta de alcohol y la alimentación excesiva. Lo contrario de lo mencionado, disminuye las molestias. Una medida sencilla, pero efectiva es subir la cabecera de la cama, poniéndole bajo las patas unos tacos de unos 7 cm. Este remedio dificulta el retroceso del contenido estomacal durante la noche.
También hay posibilidades quirúrgicas, pero los resultados de la intervención no siempre son satisfactorios. La posibilidad de éxito es mucho mayor en pacientes jóvenes que en mayores. Pero siempre quedará un grupo de personas que deberán resignarse a vivir con su dolencia. Claro que con un régimen alimentario adecuado y las medidas que hemos mencionado antes, es posible controlar los síntomas. Y eso ya será una ayuda.
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