Como hemos visto en otros capítulos, la lactancia materna es la más adecuada para el recién nacido, por lo que interesa resolver las dudas de las madres a la hora de iniciar ésta. Ofrecemos aquí unos consejos prácticos para que el acto de alimentar al bebé con la propia leche, no sea fuente de molestias para la madre y el recién nacido.
Técnica de la lactancia
La postura para lactar en una de las cuestiones que ponen en duda a las madres, que pueden pensar si el bebé estará cómodo o bien si pueden dificultar la respiración del niño.
La posición más frecuente es la que coloca a la madre sentada en un sillón o silla baja de manera que la mamá pueda apoyar los pies en el suelo.
Una almohada puede ayudarnos a mantener la espalda recta. En esta posición la cabeza del bebé se apoya en el antebrazo de la madre, y el cuerpo del bebé se apoya en el regazo. De este modo el vientre del niño está frente al de la madre, y por tanto debajo del pecho de ésta.
Otra postura es la de ambos acostados, de modo que el vientre del niño y el de la madre están enfrentados, quedando así la cara del bebé frente al pecho de la madre, que levantando el pecho, e introduciendo el pezón y la areola en la boca del niño facilita el normal desenvolvimiento de la succión.
La postura en que ambos están acostados es muy cómoda, no obliga a la madre a levantarse de noche, y es muy aconsejada en las operaciones de cesárea, cuando la madre no tiene una tan pronta recuperación como en un parto eutócico.
Suficiencia de la leche
Es poco probable que la leche materna sea insuficiente, si bien la mamá ha de cuidar su alimentación y sus hábitos, para que la energía necesaria por parte de la madre no se vea disminuida. Así pues en cuanto a la alimentación de la madre, ésta será variada, con abundantes frutas y verduras, leche o queso, pan cereales y legumbres.
Se ha de evitar el consumo de excitantes (café, té, tabaco) y procurar un descanso suficiente. En este sentido es aconsejable una siesta, en la que ambos, la madre y el niño, duerman juntos.
Por lo demás, se ha de procurar una buena dosis de paciencia y sentido común, ya que los niños observan diferentes ritmos, y si unos niños maman desde el principio con avidez, otros se muestran perezosos o adormilados, de manera que nos daremos un poco de tiempo para que el bebé se vaya acoplando, siguiendo su propio ritmo.
Pechos hinchados y dolorosos
Si se produce mucha leche o el niño pasa varias horas sin mamar, el pecho se pone duro, muy sensible y doloroso. Esto suele ocurrir al principio, en el periodo por así decir de "adaptación". Para solventarlo lo mejor es sacar la leche por el método que consideremos más oportuno. Los métodos son variados y lo mismo puede servirnos un sacaleches, que la succión del marido, o dar nuestro pecho a un bebé cuya madre está ausente. Este último método era muy común en zonas rurales, y hoy las modernas madres urbanas comienzan a recuperarlo, en una suerte de colaboración y solidaridad entre mujeres que deben atender a otras tareas, tales como un horario laboral.
Calma el dolor del pecho una ducha tibia y la aplicación de paños calientes. Este método se usa cuando sabemos que el bebé no tardará en mamar de nuevo, y deseamos esperar a que ello ocurra.
Amamantar al bebé con más frecuencia de su demanda espontánea, es otra buena solución, si bien nos obliga a despertar al bebé para ponerlo al pecho.
Sucede también que a pesar de que el niño haya mamado los pechos continúan hinchados con una sensación todavía de dureza; en este caso es aconsejable usar cualquiera de los métodos para "vaciarlo", pues para una lactancia óptima y cómoda el pecho, entre una toma y otra, debe quedar suave, sin hinchazón ni molestia alguna.
Por último es muy útil el que la madre se masajee suavemente su pecho mientras el niño mama, pues esto estimula el flujo de leche, favoreciendo así que quede "vacío" tras la tetada.
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