Los tradicionalmente grandes consorcios petroleros occidentales, como Exxon, BP y Shell, pierden rápidamente su poder. Si bien este proceso comenzó desde la constitución de la OPEP, el alto precio del crudo lo acelera. Los nuevos protagonistas del sector son ante todo empresas estatales de países no realmente democráticos, como la saudí ARAMCO, la iraní NIOC y la rusa Gazprom.
A gran diferencia de las "antiguas" corporaciones internacionales del petróleo, que representan el 10 por ciento de la producción mundial y el 3 por ciento de las reservas, las empresas petroleras nacionales controlan, en conjunto, aproximadamente un tercio de la producción mundial de crudo y gas, y un tercio de las reservas. Y esa proporción se hará aún más aguda. Según la Agencia Internacional de Energía (AIE), dentro de cuarenta años el 90 por ciento de la producción total mundial de petróleo tendrá lugar en el Tercer Mundo.
Según el especialista en el tema del petróleo, Dr. Aad Correljé (de la holandesa Universidad Tecnológica de Delft, y también vinculado al Instituto Clingendael), es cada vez más frecuente la intervención de Gobiernos para lograr que las concesiones del crudo pasen a manos de sus propias empresas petroleras nacionales.
Medidas coactivas
Según el experto, "se suele amenazar con la introducción de legislación ambiental, con la intensificación de las condiciones secundarias y medidas por el estilo, que, en cierto sentido, obligan a las empresas tradicionales a renunciar a acuerdos anteriores. Esto ocurre en Rusia, en Latinoamérica, por ejemplo Venezuela, y muchos más..."
La toma del control sobre la producción petrolera y de gas sucede en algunos casos con menos escrúpulos. El presidente de Venezuela, Hugo Chávez, simplemente expropió los yacimientos de petróleo de Exxon Mobil, y los anexó a la empresa nacional PDVSA. Hace un año, la británica BP tuvo que entregar el yacimiento de gas Kovitka a Gazprom, y Nigeria ha expulsado a la Shell de Ogoniland.
Justamente cuando los precios de petróleo son altos, los países quieren asumir las riendas de la explotación de sus recursos naturales. Y eso es posible porque, a los niveles actuales de precios, la venta de estos productos genera enormes beneficios, que brindan a esos países la oportunidad de compensar a las empresas occidentales por el retiro de las concesiones o la expropiación, y mantener así una imagen más o menos "civilizada" frente al resto del mundo.
Poder
Es una innegable realidad política, señala Aad Correljé, que la mayor parte del crudo proviene de países con un Gobierno centralizado, fuerte y autoritario. "El ochenta por ciento de las reservas," precisa, "se encuentra en países que conceden más importancia a la propiedad, el poder de decisión sobre los recursos naturales, que a los acuerdos existentes sobre las concesiones. En otras palabras,, países que no se atienen al modelo occidental liberal".
Sin embargo, el papel de las empresas petroleras como Shell, BP y Exxon no se acabará pronto, pues los consorcios se concentrarán principalmente en la refinería, distribución y venta de productos derivados, actividades para las que cuentan con la experiencia, los conocimientos técnicos y la infraestructura necesarios, de los que, todavía, suelen carecer las empresas petroleras nacionales de menor antigüedad.
Esta evolución tampoco es necesariamente desastrosa en términos económico-empresariales, porque una importante parte de las ganancias se obtiene solamente cuando el crudo ya se encuentra en los oleoductos.
Explosivo
En términos políticos, la subida incesante de los precios del crudo y el surgimiento de nuevas empresas petroleras nacionales que son utilizadas por las autoridades como "bombas de fondos" son, según el experto Correljé, un factor desestabilizador. A su juicio, en términos generales, "no se observa que los fondos del crudo ingresen en la economía, como sucede en los países con una clase media estable y actividades económicas e industriales regularizadas. No necesariamente se utilizan para fines productivos, sino para incentivar la lucha política o la lucha entre diversos grupos de población sobre el control del aparato estatal y, con ello, de los ingresos del crudo."
Y naturalmente, las consecuencias van más lejos. Los países que se encuentran repentinamente con una enorme disponibilidad de recursos pueden comprar armas, equipar ejércitos, instalar servicios secretos, etc. Los países vecinos que no poseen reservas energéticas desarrollan un gran interés por regiones fronterizas ricas en petróleo, sobre todo cuando ya existían conflictos anteriores sobre el derecho de soberanía. El petróleo siempre ha sido la causa de conflictos, y los altos precios actuales no hace más que aumentar ese riesgo.
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Etiqueta: British Petroleum, crudo, Exxon, Gazprom, Hugo Chávez, OPEP, petróleo, Rusia, Shel, Venezuela
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