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Albania, un país sin memoria

Tijn Sadée

09-07-2008

Albania firma hoy miércoles un ‘protocolo de ingreso' con la OTAN, la Organización de Tratado del Atlántico Norte. Según el albanés Fatos Lubonja, ex disidente y escritor, la OTAN abre así sus puertas a un "país sin autoridad moral". Lubonja describe a Albania como una sociedad traumatizada e infantil. "La vieja pandilla comunista sigue teniendo la sartén por el mango".

lubonja240.jpgFatos Lubonja tenía 23 años y recién había concluido sus estudios de Física teórica, cuando en 1974 fue detenido bajo sospecha de agitación y propaganda contra el régimen del líder comunista Enver Hoxha. "Mientras ustedes en Occidente festejaban la caída del Muro de Berlín, yo estaba todavía preso en un campo de trabajos forzados", dice Lubonja. Luego de su liberación, en 1991, se transformó en un crítico publicista y en escritor de novelas, en las que describe sus experiencias en los campos de trabajo. Su obra no encuentra mucho eco en Albania. "Los albaneses vuelven a ser manipulados, esta vez con el mito del enriquecimiento rápido."

Fin del aislamiento
Diecisiete años después de finalizado el régimen de terror, Lubonja evoca el pasado y se proyecta al futuro desde la capital albanesa de Tirana. Albania está esforzándose al máximo para integrarse a Occidente. En el año 2006, la montañosa nación (3,2 millones de habitantes, ingreso per cápita 300 euros) firmó un pacto de estabilización y asociación con la Unión Europea, un primer paso hacia un ingreso a la UE. Además, durante la Cumbre de la OTAN, Albania fue oficialmente invitada a unirse a la alianza, y hoy miércoles firma el llamado "protocolo de ingreso" en la sede principal de la OTAN, en la ciudad de Bruselas.

Para los albaneses, esto significa el fin del aislamiento en un olvidado rincón del sudeste europeo. Sin embargo, Albania se ha ganado la reputación de ser un país de tránsito para el tráfico de seres humanos, drogas y armas. Con gran preocupación, el mundo observa cómo el clan del primer ministro Sali Berisha, antiguo servidor del dictador Hoxha, sigue intentando hacerse con todo el poder.

Caos económico
Luego de los turbulentos cambios producidos en 1991, más de 200.000 prisioneros políticos quedaron en libertad. Pero, en la actual Albania nadie les dedica atención alguna, ya que los albaneses están demasiado ocupados sobreviviendo en el caos económico que se desató luego de la caída del sistema comunista. El escritor Lubonja habla de una "sociedad pueril y traumatizada, un país sin memoria y sin autoridad moral".

"Cuando se fundó el Partido Democrático", explica Lubonja, "conocido como partido anticomunista, la mayoría de sus líderes eran los mismos comunistas, personas sin sensibilidad por la democracia o nuestro pasado, del que son los principales responsables".

Una sociedad que no está dispuesta a saldar cuentas con el pasado, tampoco tiene un futuro, afirma Lubonja. "No hay tiempo para procesar traumas. El Gobierno no le da ninguna prioridad. Durante el régimen de terror de Hoxha - según Lubonja una de las peores dictaduras comunistas que Europa jamás ha conocido - se aplicaron métodos escalofriantes de represión. Si el miembro de una familia era sospechoso de sabotaje, se castigaba incluso a sus sobrinos, quienes eran deportados a algún lugar inhóspito, condenados de por vida a trabajar en las minas, y sin posibilidad alguna de recibir educación.

Campaña contra ‘elementos liberales'
En el caso de Lubonja, la pesadilla comenzó con la detención de su padre, quien, durante el régimen comunista, había sido jefe de la cadena nacional de radio y televisión, hasta que, de repente, cayó en desgracia durante una campaña contra los "elementos liberales". Entonces, desapareció tras las rejas, y luego le llegaría el turno a su hijo Fatos, de quien la policía había encontrado anotaciones críticas. "De los diecisiete años en prisión, pasé veinte meses en la celda de aislamiento". Durante una excepcional exposición sobre el ‘genocidio comunista', en un museo en el centro de Tirana, Lubonja se enfrenta con reminiscencias de su pasado. En una esquina de la sala mayor del museo se ha construido una réplica de las celdas de aislamiento. "Los prisioneros debían usar cascos y estaban encadenados", comenta Lubonja. "De esta manera, no podían cometer suicidio".

La OTAN, organización a la que Albania ingresará, ve al país como un socio estratégico en los Balcanes. Las necesarias reformas sociales, económicas y políticas son para la OTAN cuestiones nacionales que Albania debe resolver por sí sola. La Unión Europea, a la que Albania también quiere ingresar, es sin embargo más severa y, desde años, observa con preocupación la destructiva lucha de poder, casi medieval, en que se encuentran involucrados el Partido Demócrata, de Berisha, y sus archienemigos, los socialistas. Los inversores occidentales, que los albaneses esperan impacientemente, evitan el país en relación con los altos riesgos. Hasta el momento, ni siquiera Mc Donald's ha abierto una sucursal.

Nuevos reyes
Según Lubonja, en la actual Albania los ex comunistas son los nuevos reyes. "Se han repartido entre ellos el poder político, financiero y mediático. Se trata de una nueva nomenclatura, esta vez sin prisiones. Son los nuevos oligarcas, que sacan provecho de las privatizaciones por medio de la influencia política. Esta gente se ha enriquecido enormemente con el tráfico de drogas y de seres humanos."

Unos años después de su liberación, durante un congreso, Lubonja conversó con un psiquiatra holandés que tenía amplia experiencia en los traumas que padecían los judíos sobrevivientes de los campos de concentración. "El psiquiatra me advirtió que era normal que los traumas se manifestaran sólo quince años después de ocurridos los incidentes. Para mí, ese momento ha llegado".

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Etiqueta: Albania, Balcanes, Enver Hoxha, Otan, Tirana, Unión Europea

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