Después de recibir el "No" de los irlandeses al Tratado de Lisboa, los líderes europeos están reordenando sus filas. Por una parte siguen adelante con los procesos de ratificación en cada país, y por otra se preocupan de no presionar a los irlandeses.
Hace 3 años, cuando Holanda y Francia dijeron "No" a la Constitución Europea, bajó el precio del euro. Esta vez el mundo financiero no reaccionó ante la negativa irlandesa, por lo que no hubo motivos de preocupación.
La sugerencia de los ministros de Exteriores de Alemania y Francia de seguir adelante sin los irlandeses no fue bien recibida. Simon Tilford, del Centro para la Reforma Europea, se mostró ingratamente sorprendido: "Si los irlandeses se vieran forzados a abandonar la Unión Europea y el euro, el fundamento político de una moneda común se vería cuestionad", dijo Tilford. En caso que Irlanda quedara afuera, el mercado financiero podría poner a prueba la disposición política a mantener a otros países en la zona euro, por ejemplo Italia. La sola sugerencia de una salida de Irlanda de la zona euro le parece a Simon Tilford descabellada.
Un colega suyo, el director científico del Centro de Políticas Europeas, Antonio Missiroli, no ve con buenos ojos la presión sobre los irlandeses, pero a la vez enfatiza que ningún país de la Unión está dispuesto a reanudar las negociaciones sobre el contenido del Tratado de Lisboa.
Por lo tanto, Missiroli espera que los 8 países que todavía no han ratificado el Tratado lo hagan dentro de poco. Si este proceso concluye de acuerdo a lo planeado a fines de octubre, los irlandeses sentirán sin duda una presión moral. El analista Missiroli cree que si Europa es capaz de ofrecer algo interesante a Dublín en esa fecha, los irlandeses aprobarán el Tratado en un segundo referendo.
Pero quizás se trate de un truco ya conocido. Después del "No" irlandés al actual tratado de la Unión Europea, en 2001, se agregó a éste un protocolo. El Tratado quedó intacto pero el agregado señalaba que no representaba una intromisión en la neutralidad irlandesa. Ahora queda por ver si los irlandeses aceptarán un arreglo parecido.
Falta considerar la posibilidad de una concesión concreta como la mantención de un representante irlandés en la Comisión Europea. El historiador y experto en temas irlandeses, Joost Augusteijn, no cree que los irlandeses vayan a apostar fuerte a esta posibilidad. A la vez Augusteijn ve en ella un importante valor simbólico.
Los irlandeses consiguieron su total independencia de Gran Bretaña recién en 1948. Por lo mismo aprecian mucho su soberanía y con un eurocomisario propio tendrían siempre la posibilidad de participar en la toma de decisiones en Bruselas. Pero, para incluir una concesión de este tipo, el Tratado de Lisboa debería ser rehecho y cada país podría exigir la reposición de su eurocomisario. Esto devolvería a la Unión Europea a la situación de un poder ejecutivo de peso excesivo, compuesto por los comisarios de los 27 miembros.
Simon Tilford sugiere todavía un último escenario: "Se podría preguntar a los irlandeses si quieren seguir siendo miembros de la Unión Europea, a condición de que ratifiquen el Tratado de Lisboa. Estoy seguro que la respuesta sería positiva, porque los irlandeses están mayoritariamente a favor de la pertenencia a la Unión Europea".
Lo más probable es que los líderes europeos no lleguen tan lejos. Por ahora seguirán adelante con las ratificaciones del Tratado en los países que faltan y una actitud amable ante los irlandeses. Esto con la esperanza de que en el futuro próximo Irlanda cambie de posición y se alinee definitivamente con el resto de la Unión Europea.
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