En Italia, la derecha ha ganado ampliamente las elecciones. El magnate de los medios de comunicación Silvio Berlusconi será, por tercera vez, jefe del gobierno. El líder del Partido Democrático, ex-alcalde de Roma, Walter Veltroni ha reconocido su derrota.
El hecho de que en los últimos dos o tres años entre los libros de mayor impacto publicados en Italia destacaran "Gomorra", de Roberto Saviano, una desgarrada denuncia de la Camorra, la mafia de Nápoles, y "La Casta", de Sergio Rizzo y Gian Antonio Stella, sobre el nepotismo y la incapacidad manifiesta de toda una clase política, es señal de un país que quiere saber y conocer lo malo que hay en la política. Señal, también, de un país que no acepta la crisis de la basura en Nápoles, los desastres hospitalarios y, sobre todo, a los políticos ineficientes.
Signo, sí, pero muy parcial
Las elecciones del domingo y el lunes en Italia, a pesar de los colores políticos y de la confrontación entre derecha y izquierda, han llevado al país hacia atrás, y muchos años.
Se preveía una victoria de Silvio Berlusconi y de su Pueblo de la Libertad, aunque no tan clara, de casi diez puntos de diferencia. En estos meses, después de la caída del gobierno de centro-izquierda de Romano Prodi, muy pocos habían apostado por una victoria de la nueva formación reformista de centro-izquierda, el Partido Democrático, liderada por el ex-alcalde de Roma, Walter Veltroni.
Pero hoy todos vuelven a repetirse la misma pregunta: ¿Cómo es posible, en 2008, que Italia tenga como presidente de su gobierno a un hombre que en toda su carrera política, empezada a principios de los noventa, ha trabajado para asaltar la República desde los negocios? ¿Un hombre que cree en la personalización del poder, en la presión sobre los jueces y que no tiene muy clara la diferencia entre los intereses privados y las responsabilidades públicas?
Cómo es posible, dicho de otra forma, que un país tan importante en Europa haya decidido entregarse, por tercera vez, a Silvio Berlusconi, magnate de la información, protagonista de muchos procesos judiciales, y dueño de un imperio que, además de los medios de comunicación, tiene pilares en la construcción, los seguros, los bancos, hasta el Milán, el famoso equipo de fútbol.
Hartazgo de la ciudadanía
El problema no es el señor Berlusconi. Él es simplemente el producto de un país cansado y con las ideas no muy claras. Un país que, en el fondo, tiene miedo al cambio.
En el norte de Italia hubo una victoria increíble del principal aliado de Berlusconi, la Liga Norte, un partido que en esta campaña ha utilizado carteles muy racistas en contra de la inmigración. Como hace quince años.
Es decir, no ha cambiado nada.
Perspectivas del Partido Democrático
Walter Veltroni, en pocos meses, ha logrado organizar el nuevo partido que él define como reformista. Lo que tendría que ser el partido moderno del futuro.
Sería una buena noticia que el Partido Democrático fuera en verdad una formación política moderna, progresista y reformista, lo que hoy falta en Italia. Pero el trabajo es muy duro.
Silvio Berlusconi, de 71 años, no ha desaparecido todavía porque la clase política que se define de centro-izquierda no ha sido nunca capaz de descifrar el país, entender a los italianos, y hablar a los italianos. Ninguno, de centro, de izquierda y de derecha. Si no se entiende al propio país, que hoy implica también mafias regionales muy fuertes y una compañía aérea nacional colapsada, tampoco se lo puede gobernar.
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