Uno de cada tres africanos enfermo de SIDA tiene actualmente acceso a una tratamiento antiviral económico. Un resultado impresionante pero, tras este exitoso comienzo, ha surgido un nuevo problema: la resistencia.
"Hace diez años me encontraba en medio de una epidemia de VIH en Etiopía y lo único que podía hacer era ver cómo la gente moría de SIDA," comenta el dr. Tobias Rinke de Wit, de ‘PharmAccess', institución dependiente del AMC (Centro Médico de Ámsterdam). "Los fármacos inhibidores del VIH causaron un enorme impacto, ahora los médicos pueden hacer realmente algo por la gente".
Sin embargo todos los medicamentos, incluidos los antivirales, pueden desarrollar resistencia. El cuerpo se acostumbra a la sustancia, volviéndose ésta menos eficaz. Es posible también que el paciente no pueda o no quiera tomar diariamente su dosis, cuando justamente es indispensable una administración periódica para alcanzar el efecto deseado. Sin ir más lejos, en Holanda muchos enfermos tampoco terminan una cura de antibióticos de siete días. En el caso de los retrovirales deben ser ingeridos todos los días durante el resto de la vida del paciente, recuerda De Wit.
Medicamentos inaccesibles
En África 1.700.000 pacientes de SIDA toman medicamentos inhibidores y la diferencia con Holanda es que no siempre estos fármacos están disponibles. Baste mencionar algunos ejemplos de la desoladora realidad de los pacientes africanos: centros clínicos alejados de sus hogares, elevados costos de viaje o simplemente escasez de remedios.
Una alternativa costosa
Si un enfermo se vuelve resistente debe ser tratado con un nuevo medicamento que tenga los mismos efectos pero otra composición para que siga siendo eficaz. Esto es lo que se suele llamar ‘segunda línea' pero esta alternativa es costosa, demasiado costosa para África. Por ello el Dr. Rinke de Wit dice que los africanos, si tienen la posibilidad, deben mantenerse en la primera línea de tratamiento antirretrovírico: "En África la otra alternativa es la muerte."
La importancia de las pruebas
Por tanto, para el médico es esencial saber con certeza, ante una dolencia repentina o empeoramiento de la enfermedad, si su paciente es realmente resistente o si sólo se trata de una contraindicación que puede ser solucionable.
Una causante de la resistencia del VIH es la capacidad de mutación espontánea en el genoma del virus que se vuelve rápidamente resistente a los medicamentos antivirales. Para reconocer la mutación se ha desarrollado ‘la prueba de resistencia'. Un control de esas características es un proceso complicado de exámenes y comparaciones.
"Esa investigación clínica es sumamente costosa, extremadamente complicada y requiere un elevado nivel técnico que todavía, y desgraciadamente, no está presente en África", explica el Dr. Rob Schuurman, biólogo molecular.
Otro problema que hay que enfrentar es que la sangre congelada debe ser transportada y ello a menudo es un requisito imposible de llevar a cabo en los países del Tercer Mundo.
Por estos motivos, la organización del Dr de Wit, PharmAccess y el Centro Médico Universitario de Utrecht (UMC, según su sigla en holandés) donde labora el dr. Schuurman, buscan una solución. Con tal fin trabajan conjuntamente con un grupo de institutos internacionales de investigación y empresas farmacéuticas para lograr una prueba especial de resistencia que sea simple y asequible en África.
La solución ideal, en opinión del Dr de Wit, sería dejar absorber un par de gotas de sangre del paciente mediante un ‘pequeño filtro de papel', comparable a un papel secante, que se deja secar y que posteriormente se envía a una clínica para el pertinente control. El médico recibe el resultado a través de un correo electrónico y a partir de ahí puede intervenir rápidamente.
Hace diez años el Dr. de Wit esperaba una vacuna que a la sazón no llegó y que aún no está disponible "pero los portadores del virus pueden ahora gracias a los medicamentos volver a trabajar y ganar dinero para su familia y eso, según Tobias de Wit, es una enorme fuente de esperanza."
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