¡Ni ganadores ni perdedores! Así presentaron los mediadores el acuerdo alcanzado en el Líbano. En concreto, los resultados satisfacen las exigencias de Hezbollah en varios puntos importantes. Por el momento parece alejada la amenaza de una nueva guerra civil. Tras 65 muertos y 250 heridos, el precio pagado por la reciente crisis política que deterioró las relaciones entre shiítas y sunitas, no es motivo de júbilo para nadie. A lo sumo, de alivio por haberse evitado lo peor.
Los mediadores, el emir de Qatar y una delegación de la Liga Árabe, presentaron diplomáticamente el acuerdo para evitar una pérdida de imagen ante los partidos libaneses en el gobierno. Sin embargo, esto no puede ocultar el hecho de que la oposición, conducida por Hezbollah, sale victoriosa de la contienda.
Una mujer libanesa coloca velas ante una
virgen en señal de agradecimiento por
el fin de la guerra
Corte de la red telefónica
La crisis se desató cuando el gobierno en Beirut decidió, a principios de mayo, efectuar el corte de una red telefónica especial de Hezbollah, a través de la cual mantiene las comunicaciones con sus comandantes sobre el terreno. Simultáneamente, un general pro-Hezbollah fue destituido. Hezbollah de origen shiita, consideró que esta acción era un intento inspirado por Estados Unidos e Israel para poner fin a su posición especial en Líbano donde su partido, que cuenta con milicia propia, y que es apoyado por Irán y Siria, constituye una especie de estado dentro del Estado.
Los combatientes armados de Hezbollah se apoderaron en poco tiempo de Beirut Occidental, predominantemente sunita. En otras partes del país se hicieron con el control de bastiones de los partidos del gobierno. El Ejército libanés se mantuvo alejado por temor a producir una fractura interna entre militares shiítas y sunitas.
De un sólo golpe quedó en evidencia cuáles eran las verdaderas relaciones de fuerza, y fue evidente también que el Gobierno en funciones se había jugado demasiado. Las dos medidas fueron retiradas a toda prisa antes de que comenzaran en Qatar las negociaciones para encontrar una salida política.
Después del impasse
El acuerdo alcanzado refleja esas relaciones de fuerza. Prevé la formación de un gobierno de unidad nacional en el que la oposición, liderada por Hezbollah, goza de un derecho de veto, una exigencia que Hezbollah estuvo reclamando durante 18 meses. Con un campamento en el centro de Beirut paralizaron el trabajo del gobierno. Y la oposición también impidió la elección de un nuevo presidente. Ahora que Hezbollah se salió con la suya, se levanta el sitio y queda la vía libre para designar al nuevo presidente, el comandante del Ejército Michel Soleiman, el próximo domingo.
También se creará una nueva ley electoral que presenta una mejor distribución de los distritos electorales de acuerdo con la composición de la población. Eso significa que los distritos predominantemente sunitas, cristianos o shiítas, serán representados por candidatos de tendencias análogas. Actualmente, todavía puede darse el caso de que un candidato cristiano, por ejemplo, sólo pueda ser elegido con votos de la mayoría musulmana.
Silencio sobre el desarme
Finalmente, Hezbollah también logró evitar en las conversaciones el tema del desarme. En las negociaciones se han limitado a un compromiso de todas las partes de no recurrir a las armas o a la violencia para solucionar conflictos políticos.
Hezbollah, por lo tanto, sale victorioso en todos los frentes. Pero podría ser una victoria pírrica, porque las concesiones por parte del gobierno se obtienen a cambio de grandes daños políticos. En primer lugar, naturalmente se considera a Hezbollah como responsable de las muertes y heridos producidos durante la crisis. Pero el mayor perjuicio se observa en su relación con las demás comunidades religiosas en el Líbano, principalmente la sunita.
Relaciones perturbadas
Hezbollah siempre ha insistido en no presentarse como una milicia shiíta sino como el movimiento de resistencia de todo el Líbano, que supo poner fin a la ocupación israelí del sur del Líbano, y que en el verano de 2006, ofreció resistencia al poderoso Ejército israelí. Y también el que siempre afirmó que sus armas eran necesarias para luchar contra Israel pero que nunca serían empleadas en contra de compatriotas libaneses.
Esa imagen ha sido alterada después del traspaso de poder en Beirut Occidental. La comunidad sunita ha experimentado esa toma de poder como una gran humillación, y eso constituye un problema político de considerable envergadura para Hezbollah.
Por más poderoso que sea, Hezbollah sabe que, en un país como el Líbano, con su diversidad religiosa, sólo se puede gobernar a través del consenso. Eso es válido para el gobierno pero también para la oposición. Por otra parte, Hezbollah se encuentra bajo una fuerte presión internacional para que deponga las armas. Para resistir esa presión, la organización también precisa el apoyo de la opinión pública árabe sunita como contrapeso frente a la presión de regímenes árabes pro-occidentales, como los de Egipto y Arabia Saudita. Hezbollah corre el riesgo de perder esa simpatía sunita - que fue muy evidente durante la guerra con Israel en 2006 - si pasa a ser visto como un movimiento exclusivamente chiíta.
Etiqueta: chiítas, Guerra del Líbano, Hezbollah, Israel, Líbano, sunitas
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