La comercialización de los cuerpos de niños, niñas y adolescentes en todo el mundo ha sido un fenómeno que representa un reto, no sólo para las familias, sino también para las autoridades e instancias interesadas en acabar con ellas. Fotografías, videos y revistas pornográficas, han sido los medios más usuales a través de los cuales los empresarios de este jugoso "negocio" muestran con morbosidad cuerpos enteros o partes de ellos de muchos pequeños y pequeñas, en francas escenas sexuales, bajo el pretexto de mostrar "arte del desnudo" y ocultar así sus sórdidas intenciones.
Estos "medios promocionales" son buscados por unos para su gratificación sexual y perseguidos por otros para aplicar las sanciones correspondientes, pero sin lograr poner el fenómeno bajo control. Mientras tanto, productores y promotores de Pornografía Infantil continúan comerciando impunemente. A escala mundial, locales comerciales formales o informales venden abierta o encubiertamente pornografía, incluyendo aquella que lucra con menores de edad. Son los lugares clásicos donde los usuarios de este tipo de producto ubican y adquieren revistas, videos, cassettes, fotografías, entre las más usuales.
Estos medios que otrora fueran los más "eficientes" y comunes, hoy han quedado desactualizados ante el embate de la pornografía infantil por medio de procesos y medios tecnológicos contemporáneos: Internet es el más reciente y eficiente sistema que ofrece, como en un menú de restaurante, videos y miles de fotografías de niños, niñas, jovencitos y jovencitas en situaciones pornográficas.
Internet se convierte en el escondite perfecto para estos mercaderes de la niñez y la juventud. Ellos se ocultan tras direcciones de páginas que hoy están circulando en los servidores y mañana desaparecen para reaparecer bajo nuevas direcciones que sólo conocen los clientes, la mayoría pertenecientes a una red de pedófilos en diferentes partes del mundo. La pornografía infantil saca así ventajas de Internet, convirtiéndose en un "producto globalizado" que, lejos de proporcionar al ser humano la posibilidad de un desarrollo social, promueve las más abyectas formas de conducta y los delitos más repugnantes cometidos contra niños, niñas y jóvenes. Es un intercambio comercial entre el sufrimiento físico, emocional y espiritual de miles de pequeños y pequeñas y las enormes cantidades de dinero que su comercialización representan. Las cantidades no se exageran. Las páginas de Internet anuncian por miles su banco de fotografías y videos, lo cual representa enormes sumas de dinero por los cientos de personas que ingresan a dichos sitios.
Es suficiente mostrar las primeras escenas de un vídeo o algunas decenas de fotos, para llegar a un punto en que las personas ya "motivadas" tienen que pagar, usualmente en dólares y a través de una tarjeta de crédito, por seguir teniendo acceso al resto del vídeo y a otras fotografías de niñas, niños y jóvenes en situación de desnudo o en actos sexuales con otros y otras de su misma edad, con adultos o en otras situaciones sexuales mucho más fuertes.
El escondite de la pornografía infantil no sólo se da a través de un medio como el Internet, que permite un "marketing de guerrillas" (aparece y desaparece para atacar en otro lado). En algunos casos, estos comerciantes también apelan a la idea de que se trata de "arte del desnudo" y no Pornografía Infantil.
Cualquier persona con algún equilibrio emocional y psicológico puede darse cuenta que existe una diferencia bastante significativa entre lo que es arte y lo que es prostitución tanto en la fotografía como en cualquier otro medio gráfico de exposición de situaciones sexuales de niños, niñas y jóvenes. En principio, es un atentado a la intimidad de los niños y las niñas mostrar públicamente sus cuerpos desnudos en cualquier situación o bajo cualquier pretexto. La Convención sobre los Derechos del Niño define entre las más importantes líneas de acción, la protección contra este tipo de violaciones a sus derechos.
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