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Cardenales: mano dura con los curas

Esteban Israel

25-04-2002

Los cardenales estadounidenses convocados ésta semana por el Papa para frenar los abusos sexuales en la Iglesia Católica han despedido con "mea culpa" y vagas promesas. De regreso en casa les espera la difícil misión de pasar de las palabras a los hechos.

vaticanoUn comunicado divulgado al final de la reunión echó por tierra las expectativas de una política de "tolerancia cero" con los curas pedófilos. La idea había entusiasmado a algunos de los 14 prelados estadounidenses reunidos durante dos días a puerta cerrada en el Vaticano.

"Proponemos un proceso especial para la expulsión de curas notorios y culpables de abusos sexuales de menores en serie", dijo el documento que será discutido en junio por la Conferencia Episcopal Estadounidense.

Los casos menos notorios quedarán en manos de los obispos. Y para los furiosos creyentes estadounidenses ese es precisamente el problema. Sin ir más lejos, varios de los cardenales que participaron de la reunión en el Vaticano son acusados de haber encubierto durante años los crímenes de sus subordinados, transfiriendo a los curas abusivos de una parroquia a otra.

En la Sala Bologna en el Palacio Apostólico todavía resuenan las palabras de Juan Pablo II, el primer pontífice en 2000 años que prometió castigar a los sacerdotes pedófilos.

"La gente debe saber que en el sacerdocio no hay lugar para quienes dañan a los jóvenes", dijo el Papa con voz trémula. Las cifras indican lo contrario. Según informes independientes, 3.000 de los 40.000 sacerdotes estadounidenses fueron acusados de molestar sexualmente a menores de edad.

El principal avance fue la decisión de poner a los culpables en manos de la justicia, como cualquier hijo de vecino. "Debemos asegurarle a nuestra gente que no pondremos a sus hijos en peligro. Al declarar que los abusos sexuales son un crimen, la Iglesia se da cuenta que las actividades y comportamientos criminales deben ser juzgados en la arena de las autoridades civiles", explicó el presidente de la Conferencia Episcopal Estadounidense, Wilton Gregory. Eso quiere decir que los delitos probados serán entregados a la justicia ordinaria, en lugar de a la justicia canónica, como hasta ahora.

Sin embargo hay otros aspectos más ambiguos. Los curas sospechosos serán apartados del sacerdocio mientras se investigan las denuncias, porque según el obispo Gregory la Iglesia quiere "ser justa" con los acusados y evitar una caza de brujas.

Los cardenales publicaron también una carta para los curas estadounidenses, donde dicen comprender su dolor. "Lamentamos que la supervisión episcopal haya sido incapaz de preservar a la Iglesia de este escándalo", dijeron.

La histórica reunión terminó sin siquiera un comentario sobre el futuro de Bernard Law, el poderoso cardenal de Boston acusado de silenciar concientemente los abusos sexuales de menores en su diócesis.

"Es un asunto que incumbe guarda exclusivamente al Santo Padre y al cardenal Law", explicó el obispo Gregory a periodistas.

Durante los últimos meses fueron denunciados 400 casos de abusos sexuales cometidos por curas de su diócesis. La primera denuncia de pedofilia involucrando a un sacerdote en Estados Unidos fue presentada en 1983. Después se supo que la Iglesia estaba desembolsando millones y millones de dólares para mantener otras denuncias en secreto

Para la socióloga de la religión Maria Immacolada Macioti, de la universidad romana La Sapienza, el escándalo no es nada nuevo y el problema está en las entrañas de la Iglesia.

 "En mi opinión son cosas que siempre existieron y que hoy son más visibles, más evidentes para la gente, pero siempre han estado presentes y creo que dependen del modo en que se comporta la institución", dijo.

Según ella, será difícil solucionar los abusos sexuales de una curia que anula -por decreto- la sexualidad de los suyos. De hecho los cardenales defendieron a capa y espada el celibato, una norma del siglo XII que el Papa describió ésta semana como "un regalo de Dios" y que según ellos no tiene nada que ver con los delitos.

Con 64 millones de católicos, Estados Unidos es el tercer país con más creyentes después de Brasil y México. Muchos temen que lo que ocurrió allí sea apenas la punta del iceberg y sospechan que los abusos son frecuentes en otros países donde estos crímenes reciben menos cobertura de la prensa.

"El pecado es universal. Los estadounidenses no son los únicos pecadores y hay ejemplos en todas partes", dijo el cardenal de Chicago, Francis George.

Uno de los muchos observadores que aterrizaron en Roma para seguir de cerca la reunión de cardenales escribió: "Si uno quiere entender el Vaticano tiene que tener en mente dos cosas: la primera es que el papado es la última monarquía absolutista del mundo; y la segunda es que el Vaticano piensa en términos de siglos y no le importa lo que diga la prensa".

Etiqueta: explotación sexual, Internet, pederastas, pedofilia, Pedófilo, pornografía infantil, turismo sexual

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