En Afganistán, aumenta el número de mujeres que se suicidan. Centenares de mujeres ven en este acto la única salida a una vida de matrimonios forzados, violencia doméstica y agobiantes tradiciones familiares.Centenares de mujeres ven en este acto la única salida a una vida de matrimonios forzados, violencia doméstica y agobiantes tradiciones familiares.
Cuando el régimen Talibán fue derrocado hace cinco años, muchas mujeres vieron venir cambios hacia una vida mejor. Se levantaron muchas restricciones: las niñas pudieron ir nuevamente a la escuela, los burkas dejaron de ser obligatorios y las mujeres recibieron el derecho a voto. Aunque hoy son millones las muchachas que van a la escuela, muchas otras son retenidas todavía en la casa y no pueden salir a la calle sin la compañía de un familiar varón y, por supuesto, tampoco sin el burka.
Willem Vogelsang, experto holandés en cultura afgana, dice que la influencia del Estado es insignificante; la auténtica autoridad sigue residiendo en la familia. Según Vogelsang, el estilo tradicional de vida es más difícil de aceptar para las mujeres que regresaron de Irán, país vecino en donde encontraron refugio millones de personas que huyeron del régimen Talibán.
"En Irán, las mujeres gozaban de una libertad relativamente amplia. Algunas vivieron 10 o 15 años en ese país y, una vez de vuelta en Afganistán, volvieron a caer en la asfixiante vida familiar. La familia sigue estando basada en el honor de las mujeres. Los hombres pueden visitar un prostíbulo sin que nadie haga reparo alguno, pero si una mujer da un mal paso, estalla un escándalo en toda la familia", señala el experto holandés.
La organización británica defensora de los derechos de la mujer, Womankind, dice que muchos refugiados adquirieron la idea de la inmolación cuando vivían en Irán. En Irán es un tabú y no hay cifras fiables. Otras vieron esta forma de suicidio por primera vez en televisión: bajo el régimen Talibán estaba prohibido ver televisión, incluso poseer un televisor. El mayor índice de suicidios femeninos por inmolación se registra en la provincia de Herat, fronteriza con Irán.
En lo que va del año se han denunciado 36 casos en la capital, Kabul, el doble que el año pasado. En todo Afganistán los casos oficiales llegan a 300 y los números siguen aumentando, pero es difícil obtener cifras fiables porque ni la policía ni los hospitales llevan una administración adecuada.
Vogelsang dice que el suicidio está prohibido en el Islam, y que en particular esta forma de quitarse la vida era desconocida en Afganistán, hasta hace poco. "Esto era algo más propio de las mujeres hindúes de la India. El hecho de que las mujeres afganas actúen en contra de la religión y cometan suicidio, especialmente en esta forma tan atroz, nos dice cuán desesperadas deben estar".
La inmolación en Afganistán no solamente se da entre los antiguos refugiados. Es un problema que se extiende a mujeres de todas las clases sociales. Los matrimonios forzados y los malos tratos crónicos son las dos causas principales del creciente número de suicidios.
En una conferencia celebrada la semana pasada en Kabul sobre esta cuestión se citaron también, como otras causas, la exigencia de sexo por parte de los miembros varones de la familia y la entrega de mujeres a otras familias para resolver conflictos. Representantes de organizaciones no gubernamentales que asistieron a la conferencia informaron que la mayoría de las mujeres afganas es víctima de alguna forma de abuso. Entre el 60 y el 80% de todos los matrimonios son forzados. Aunque la edad mínima legal para contraer matrimonio es de 18 años, más de la mitad de las muchachas llevan ya mucho tiempo casadas a esa edad. El divorcio no es opción.
Gulsum, de 16 años, contó durante la conferencia que había intentado suicidarse debido a los malos tratos que recibía de su esposo, 25 años mayor que ella y adicto a las drogas, con quien su padre la había obligado a casarse. "Cuando no podía obtener heroína, me torturaba", dijo la joven. Después de haber sido golpeada durante mucho tiempo, noche tras noche, no pudo resistir más y, en un acto de desesperación, vertió gasolina sobre su cuerpo y se prendió fuego.
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