Las lluvias copiosas han puesto un fin abrupto a la extrema sequía en Barcelona y alrededores. El gobierno autonómico de la región de Cataluña anunció la anulación de un paquete de medidas.
| Fuente: Beverage Marketing Corporation |
"Estamos muy preocupados todos", cuenta un técnico de embalses junto al pantano de Sau. "El agua es la fuente de toda forma de vida. La situación es dramática. En esta época del año, los embalses deberían estar más llenos. Pero, ¿qué es lo que ha pasado? No ha nevado este invierno y apenas ha llovido. Por eso nos enfrentamos ahora a esta escasez."
El pantano de Sau se convirtió últimamente en un auténtico icono de la sequía. Para posibilitar su construcción se sumergió todo un pueblo bajo las aguas, pero al descender el nivel del agua, la iglesia del pueblo ha vuelto a quedar al descubierto y se ha convertirse en una atracción turística.
Pero tan excepcional como ha sido la sequía de la región, lo son también las lluvias caídas en las dos últimas semanas. Una zona de bajas presiones proporcionó a Cataluña unas precipitaciones como muy poca gente puede recordar. La iglesia de Sau volvió a desaparecer bajo las aguas.
Las persistentes lluvias han significado el fin de la sequía y las preocupaciones de los políticos locales y nacionales. Estos últimos acababan de decidir transportar agua potable en buques cisterna desde Francia y sur de España a Barcelona. También decidieron trasvasar un río para abastecer de agua a los sedientos catalanes.
"No hay quien se aclare con el clima ni con la lluvia del Mediterráneo. En principio, es posible llenar todos los pantanos durante el otoño en dos o tres semanas con el agua de lluvia. Ahora, en esta época, se necesita más tiempo", dijo el meteorólogo Antoni Nadal durante una entrevista realizada cuando la sequía estaba en su máximo punto. "Pero si la naturaleza quiere, puede acabar con la sequía en un par de semanas y normalizar la situación."
Al final, la naturaleza daría un giro lateral para dar la razón al meteorólogo Nadal. Desde hoy se han anulado todas las medidas extraordinarias y los catalanes pueden volver a regar sus jardines, si es que lo necesitasen después de tanta lluvia. No obstante, los buques cisterna seguirán transportando agua potable, pues el contrato no expira hasta julio. La operación cuesta 67 millones de euros.
"Importar agua de Francia no tiene sentido", dice una joven en la playa de Barcelona. "Ignoramos lo que realmente está ocurriendo; no queremos ver los problemas del mañana y, en el futuro, no habrá agua. O, por el contrario, habrá demasiada agua. Nadie quiere reflexionar sobre el cambio climático y sus efectos.
En Navarra, otra región autónoma española, la lluvia también ha hecho estragos. Las extremas precipitaciones amenazan inundar el terreno donde se va a celebrar la Expo Internacional. La exposición se inaugurará dentro de dos semanas con un tema que no podría ser más apropiado: "Agua y gestión del agua"
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