Mientras corro por la playa de Tel Aviv, en mi última tarde en Israel, veo un grupo de israelíes bebiendo cerveza de la marca Taybeh, un producto auténticamente palestino que se vende tanto en el mercado palestino como en el israelí. La bebida ha recibido el nombre del pueblo Taybeh, lo que significa ‘delicia', situado en la Cisjordania, a media hora, en automóvil, de Jerusalén. Esta historia sobre la única marca de cerveza producida en los territorios palestinos es una de esas imprevistas joyas durante mi visita.
Me encontraba en Taybeh para entrevistar a la cineasta palestina Buthina Canaan Joury, quien a fines de mayo viajará a Holanda por invitación de una organización de mujeres palestinas y holandesas (Arabish Nederlandse Vrouwen Kring). Su documental Maria´s Grotto, sobre la venganza del honor en los territorios palestinos fue exhibido recientemente durante el festival internacional de documentales (IDFA), en Ámsterdam.
Buthina es una mujer encantadora de 42 años de edad, soltera y que, como caso excepcional en esta región, ha decidido no tener hijos. "No necesito tener ni un esposo ni hijos, me basta con mis películas," sostiene. Actualmente, la cineasta realiza un documental sobre Taybeh, la cervecera de su familia.
Al término de la entrevista, me invitan a visitar la empresa familiar, cuyo director es Nadim, hermano de Buthina. La familia Joury llegó al pueblo a mediados de los años noventa, tras una permanencia de dos décadas en la norteamericana Boston. Actualmente, la fábrica produce anualmente unos seis mil hectolitros de cerveza para los mercados palestino e israelí. Además, la cerveza se produce, con exactamente el mismo procedimiento, en Bélgica, y se vende también en Alemania y, en breve, en Japón.
Cerveza desalcoholizada
Desde el triunfo electoral del movimiento islamita Hamás, en el 2006, la cerveza sin alcohol también tiene buena salida, y se le conoce popularmente como Cerveza Hamás. Sin embargo, Nadim tiene suficientes razones para pensar que los musulmanes también beben de vez en cuando cerveza corriente, con alcohol, ya que "los palestinos cristianos no pueden beber toda la cerveza que vendo."
Buthina agrega que a los militares israelíes les encanta su cerveza, y recuerda que, en una ocasión, su padre estaba en la fila de un puesto de control en la vía a Jerusalén. Cuando un militar comprobó que era propietario de la cervecera, le dijo: "permítame que le estreche la mano." Además, otros habitantes han sido saludados con amabilidad por militares en puestos de control, cuando se enteran que provienen del pueblo.
Según Buthina, ha llegado el momento de probar la cerveza. Y yo acepto, aunque "sólo un sorbo, pues por principio nunca bebo mientras trabajo."
Goteo intravenoso
Dos cervezas más tarde me encuentro, en un excelente humor, a bordo de un taxi en compañía de cinco personas originarias de Taybeh. Por el modo de conducir, asumo que el taxista también ha probado unas cuantas cervezas. Pero el sol brillaba, y nosotros reímos constantemente por las bromas del conductor, y terminamos hallando la solución definitiva para el conflicto palestino-israelí: todos, palestinos e israelíes deben conectarse con un goteo intravenoso a cerveza Taybeh, o, según propone el taxista, Heineken.
Una vez de vuelta en el hotel tras mi paseo por la playa, me dejo caer en una tumbona para descansar. Media hora más tarde, al verme sola, el personal israelí del bar viene a preguntarme si acaso me siento triste, y a contarme que también ellos venden cerveza Taybeh, una marca de mucha acogida.
Todos los israelíes con quienes hablo reconocen que están enterados de que se trata de una cerveza palestina. Si tanto palestinos como israelíes anhelan la paz, por qué no comenzar bebiendo sus recíprocas cervezas. Sin embargo, cuando les cuento que he visitado el pueblo en la Cisjordania, me declaran loca, pues, advierten, es un sitio muy peligroso, plagado de terroristas.
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