Eran las cuatro de la mañana cuando sonó mi teléfono en el hotel donde me hospedo en la ciudad de Jerusalén. "Perdona que te despierte pero no me permiten entrar en Israel". Las autoridades israelíes me enviarán de regreso a Holanda en el primer avión que salga. Se trata de Abir Sarras, una palestino-holandesa, compañera de trabajo del Departamento Árabe de Radio Nederland. Ha sido sometida a un fuerte interrogatorio por el personal del servicio de seguridad israelí (yo ya sé lo que es eso), pero su voz suena tranquila y no ha perdido el sentido del humor. "Jerusalén está muy bonito en ese póster".
| Abir | Nicolien |
Media hora después volví a hablar con ella con la esperanza de que todavía no hubiera abandonado el aeropuerto. En ese momento me dijo: "No me dejan marchar. Creo que me van a detener". Un poco más tarde oí que decía. "No, eso lo necesito", cuando un vigilante intentaba retirar una botella de agua que Abir había traído de Holanda. Después fue detenida y conducida por dos vigilantes a su celda, en las afueras del aeropuerto.
Seguidamente fue informada de que no podría partir en el primer avión que saliera para Holanda, pero que viajaría 24 horas después en un vuelo con la compañía holandesa KLM. Nos comunicábamos a través de nuestros móviles. "Tuve que desactivar la cámara de mi móvil. Ahora sé la razón. En la celda hay bolsas de basura atrasada, toallas sucias por el suelo, zapatos viejos y el servicio huele fatal. Hay una ducha, pero no tiene cortinas de manera que todo el mundo puede verte". Abir parace estar pasando un mal trago pero se mantiene fuerte: "Tengo un buen libro y me entretengo mirando las fotos de mis hijas".
"Entretanto, hemos levantado de la cama al jefe en funciones de la Redacción Central de Radio Nederland, Wim Jansen. Wim intenta hablar con la Embajada israelí en la ciudad holandesa de La Haya y yo con la representación holandesa en Ramalah, en la Margen Occidental del Jordan, personal que conocí hace unos días. Inmediatamente comienzan a gestionar el asunto con la embajada en Tel Aviv.
Cada vez que hablamos Abir me cuenta alguna cosa que le han hecho los vigilantes. Durante 7 largas horas no recibió ni alimentos ni agua o líquido alguno, le quitan su bolígrafo, "aquí no puedes escribir" y finalmente también su teléfono. Desde ese momento perdimos la comunicación. Tengo el sentimiento de que la dejo abandonada.
La redacción y el secretariado en Hilversum, sede de Radio Nederland, también están desplegando todo tipo de actividades.
Los vigilantes han hecho saber que si se porta bien, quizás pueda marcharse antes. Horas después suena la tan esperada llamada telefónica: Abir podrá abandonar Tel Aviv en el próximo vuelo hacia Holanda con escala en Milán. Desde el aeropuerto me comenta que se siente muy aliviada por el hecho de poder volver a casa. "Que felicidad tantas caras italianas".
La idea inicial para realizar este viaje y así poder hacer el Diario desde Oriente Medio fue de Abir. La última semana de mi viaje entrevistaríamos a ciudadanos israelíes. Teníamos mucha ilusión puesta en una entrevista que Abir realizaría con colonos judíos de Hebrón y acerca en las vivencias de Abir, como mujer palestina en Israel. Para ella ya acabó el viaje y la experiencia.
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