La reunión de Annápolis, entre Israel y la Autoridad Palestina, convocada por EEUU, ha tenido un resultado sorprendente y varios previsibles. La sorpresa está en que un párrafo de la declaración indica que se tratarán todos los temas que incumben al conflicto, y que además se fija un plazo concreto para tratar de alcanzar una negociación. Las cuestiones previsibles son, al mismo tiempo, que no se mencionen específicamente esos temas (expansión de los asentamientos, regreso de los refugiados palestinos, situación de Jerusalén, fronteras para un futuro Estado palestino).
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Mahmoud Abbas, George Bush y Ehud Olmert. Foto: Casa Blanca
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Ahora es aún incierto si piensan negociar todos los temas claves a la vez. En tal caso, sería un gran avance. Pero si la seguridad total que ha pedido Israel durante los últimos 20 años es la condición para que el conjunto del proceso avance, entonces hay serias posibilidades que todo fracase.
La cuestión de la seguridad es clave por dos razones. Por un lado, porque se trata de un concepto que debe ampliarse a la seguridad de ambas partes: es tan importante evitar y penalizar los atentados terroristas, como que no se produzcan violaciones de los derechos humanos de los palestinos por parte de Israel. No es tampoco aceptable que si un grupo no controlado por la Autoridad Palestina realiza un atentado, Israel tome represalias sobre la población palestina, como ha ocurrido en innumerables ocasiones.
Por otra parte, la ruptura interna en la sociedad y la política palestina es muy profunda y puede llevar a que Hamás, sintiéndose aislado y acosado en la franja de Gaza, continúe con los ataques con misiles contra poblaciones israelíes. Al mismo tiempo, Hamás tiene el proyecto político de ganar hegemonía progresiva en Cisjordania para terminar desplazando a Fatah del poder. Posiblemente su estrategia sea doble: hacerse fuerte en Cisjordania y resistir en Gaza, con el fin que se le considere un actor que es imposible dejar de lado y, a la vez, dinamitar el proceso de Annapolis para deslegitimar al Presidente Mahmoud Abbas y acelerar su caída.
Tanto los Gobiernos de Israel como de Palestina van a enfrentar ahora una dura oposición interna contra todo acuerdo, y hay serias dudas que tengan la fuerza para poder superarlas, en el caso que decidan negociar en profundidad.
Para el Gobierno de EEUU, esta conferencia resulta exitosa porque puede mostrar que pese al fracaso en Iraq, la creciente inestabilidad en Afganistán y la inoperancia de su plan de democratización de Oriente Medio, todavía puede aparecer como el facilitador de un eventual acuerdo de paz en uno de los conflictos más prolongados y graves del sistema internacional.
Al mismo tiempo, al haber logrado que acudieran Arabia Saudita y otros países árabes, el presidente George W. Bush avanza en el plan de dividir al mundo árabe entre los países amigos y moderados (especiamente suníes) e Irán. En este marco, la presencia de Siria en Annapolis es vista en Washington con interés. La lógica es que si un proceso de paz puede abrir también la puerta a una negociación sobre los Altos del Golán (que ocupa Israel desde 1967), entonces Damasco se alejará de Irán. Esto llevaría a que Siria tuviese una posición menos radical en Líbano.
Esta matemática política suena mejor escrita que en la compleja realidad de la región, donde los actores no estatales, como Hamás, Hezbolá y la Jihad Islámica, tienen sus agendas propias más allá de los apoyos que puedan recibir de Siria e Irán. A la vez, la radicalización de las sociedades árabes tiene que ver más con la falta de democracia en sus países que con diseños realizados desde EEUU o Europa.
Las posibilidades de éxito de una negociación a partir de ahora son limitadas en dos sentidos. Por un lado, si no se abordan los temas cruciales es probable que no se pueda tener un acuerdo. Pero, si se alcanza un mal acuerdo, la Autoridad Palestina podría caer o verse más fragmentada y debilitada. En ese caso Israel no querría negociar con Hamás, y éste avanzaría hacia una mayor radicalización.
*Mariano Aguirres dirige el área de paz, seguridad y derechos humanos en FRIDE, Madrid. www.fride.org
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