La cultura en Iraq viene sufriendo de forma sistemática y desde hace casi dos décadas todo tipo de atropellos y saqueos planeados y casuales que han dejado el patrimonio cultural de este país profundamente dañado.
| Museo Nacional de Bagdad |
Embargo
El embargo impuesto sobre Iraq por la ONU y promovido fundamentalmente por EE.UU. se cebó en la vida de los iraquíes en todos los ámbitos incluido el cultural. Con el deterioro económico y social las bandas criminales que trafican con los restos arqueológicos se activaron de forma inusual y desaparecieron miles de piezas valiosísimas de los distintos museos iraquíes.
El embargo afectó no solamente a los alimentos y la tecnología sino también a la cultura. Los científicos iraquíes fueron durante toda la década de lo s noventa y hasta la caída del régimen anterior boicoteados por la comunidad científica internacional.
A ningún investigador o profesor iraquí le invitaban a los congresos que se celebraban fuera del país. Se prohibía la entrada de las revistas científicas en Iraq para evitar, según argumentaban, que algún investigador iraquí pudiera aprovechar los avances científicos para el desarrollo militar.
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Aniquilación de la cultura
Y como si todo esto no fuera suficiente vino a continuación la invasión de marzo de 2003 para llevar a la cultura y al patrimonio cultural de Iraq a la aniquilación. Ya desde los primeros días las instituciones culturales como los museos y las bibliotecas fueron saqueados y quemados, como fue el caso del Museo Nacional iraquí y la Biblioteca Nacional. Se perdieron para siempre decenas de miles de piezas importantes del primero y centenares de miles de libros y manuscritos de la segunda.
Muchos intelectuales e historiadores al ver lo que pasó con los símbolos culturales del país, como consecuencia de la invasión, recordaron la destrucción de Bagdad a manos de Hulago, líder de los tártaros que conquistó esta ciudad y la destruyó en el año 1258. El gran historiador árabe Ibn al-Athir (1160- 1234) dedica muchas páginas de su historia (Al-Kamil) para ese acontecimiento que acabó, según él, con centenares de miles de volúmenes escritos y traducidos en las diferentes ramas del saber.
Desidia y desprecio
Los destrozos provocados por la desidia y el desprecio de las tropas de EE.UU. hacia los símbolos culturales de Iraq fueron explicados por alguna autoridad norteamericana como "una expresión de la libertad".
De entre las principales bibliotecas y centros culturales que fueron destruidas en el país se encuentran la Biblioteca Nacional; el Centro de Documentación y Manuscritos; la Biblioteca de los Bienes Píos; el Centro Saddam de Artes; la Biblioteca de Bab Sharqui; la Biblioteca de la Universidad de Mosul y la Biblioteca de la Universidad de Basora. Algunos manuscritos que se quemaron eran únicos como es el caso de un Corán escrito en caligrafía cúfica de puño y letra del cuarto califa musulmán, 'Ali b. Abi Talib.
Saqueos
Y de las joyas arqueológicas que se destruyeron o fueron robados se pueden mencionar: la primera guitarra conocida en el mundo; el texto original de la Epopeya de Gilgamés; muchas de las tablillas que representaban las primeras escritos del hombre en la historia; los Códigos de Urnamu que preceden las de Hamurabi en 2000 años y la biblioteca de Asurbanipal que eran en forma de mármol esculpido.
Para seguir con esta cadena de destrucción del patrimonio de Iraq, una explosión reciente destruyó la conocida calle al-Mutanabbi que venía siendo desde hace dos siglos el mercado del libro más importante del país. La mayor parte de las librerías que se encontraban en los dos lados de esa calle se quemaron.
Librerías como "al-Maktaba al-'Asriyya" fundada en 1908 y "Maktaba al-Nahda" de la misma fecha aproximadamente se han reducido a escombros.
Iraq pierde a sus hijos
No cabe ninguna duda de que aquellos que pusieron las bombas en esa calle simbólica son los mismos que han vaciado el país de sus mejores hijos. De científicos, médicos, profesores, artistas e intelectuales para dar lugar a un ambiente dominado por el fetichismo y el retraso de los líderes tocados con turbantes que han llevado al poder a un personaje como el actual Primer Ministro, al-Maliki.
Durante todos estos amargos años, los escritores y los intelectuales han pagado un altísimo precio y han estado sufriendo en silencio. Las aceras de la calle al-Mutanabbi fueron testigos de algunos casos insólitos: importantes escritores iraquíes se vieron obligados a llevar sus bibliotecas personales allí y venderlas para poder sobrevivir durante algunos días más.
Otros no soportaron tanto dolor y tanta tristeza y pusieron fin a sus vidas para dar testimonio a este mundo loco en el que vivimos. El último fue el novelista Mahdi 'Ali al-Radi que lo encontraron colgado en su casa en las afueras de Damasco el 18 de febrero pasado.
*Waleed Saleh Alkalifa, director del Centro de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad Autónma de Madrid
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