La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha reconocido el impacto psicológico, a escala internacional, de los ataques del 11 de septiembre en Estados Unidos. Los hechos han provocado un sentimiento de horror e inseguridad, y han expuesto a numerosas personas en países industrializados al terror que millones de habitantes de otras partes del mundo sienten en situaciones de urgencia.
En estos
términos se expresó la Directora de la OMS, Gro
Harlem Brundtland, durante la presentación del cuarto
Informe sobre la salud mental en el mundo en el 2001.
Brundtland afirma que el miedo, sea inspirado en la crueldad, la violencia o en enfermedades, afecta la confianza entre las personas y entre los grupos y comunidades que necesitan colaborar, pero también atenta contra la seguridad e hipoteca la libertad del ser humano.
En declaraciones a Radio Nederland, el Director del Departamento de Salud Mental de la OMS, el Dr. Benedetto Saraceno, dijo que NO se deben ‘psiquiatrizar' las reacciones ante los trágicos sucesos del pasado septiembre.
A su juicio, NO hay que ‘psiquiatrizar' reacciones legítimas y normales de un evento tan terrible que ha golpeado una ciudad y que trasmite esa angustia de toda una nación a millones de personas. No puede ser reducido a una simple causa de problemas de salud mental. Esa es la reacción de una humanidad golpeada, que está respondiendo con miedo, con un sentimiento de inseguridad. Si bien se le puede llamar salud mental, se debe evitar ‘medicalizar' o ‘psiquiatrizar' respuestas que son finalmente bien normales, precisó el experto.
Según el Dr. Saraceno, este acontecimiento a escala internacional ha causado un sentimiento totalmente desequilibrado porque se trata de vidas humanas.
La OMS manifiesta preocupación por el deterioro, a pasos agigantados, de la salud mental a nivel internacional. En su informe, la organización asegura que unos 450 millones de personas padecen trastornos mentales o neurológicos, y pronostica que, para el 2020, algunas de estas enfermedades, como la depresión, se convertirán en la segunda carga mundial de morbididad.
Anualmente, la depresión afecta a un 5,8 por ciento de hombres y un 9,5 por ciento de mujeres, y se calcula que unos 120 millones de personas sufren actualmente depresiones, mientras que otros 24 millones padecen esquizofrenia y 50 millones sufren epilepsia.
De los 37 millones de personas dementes, la enfermedad de Alzheimer es la responsable de la mayoría de los casos; un 5% en hombres y un 6% en mujeres de más de 60 años.
En la actualidad, sólo un 33 por ciento de los países asigna menos del 1% de su presupuesto sanitario total a la salud mental, se utiliza una muy limitada gama de medicamentos y NO se dispone de los tres productos esenciales para tratar la esquizofrenia, la depresión y la epilepsia en el nivel de atención primaria.
Cada año se registran entre 10 y 20 millones de suicidios. En más de la mitad de los países hay solamente un psiquiatra por cada 100 mil habitantes, y el 40% de los países reserva para los enfermos mentales menos de una cama de hospital por cada 10 mil habitantes.
Los trastornos mentales y neurológicos NO son exclusivos del Tercer Mundo, tal como lo explica el Dr. Saraceno: "Es un error pensar que los problemas de salud mental sean exclusivamente de los ricos o de los pobres; son males generales. Hay diferencias. Hay una distribución geográfica de las enfermedades. Vemos que, por ejemplo, la depresión es más frecuente en países desarrollados como en Estados Unidos y Canadá, así como en países industrializados de América Latina, más que en África. En cambio, trastornos como la epilepsia, infecciones perinatales o el retraso mental, ocurren con más frecuencia en África o en países de muy bajo desarrollo".
El alcoholismo genera la mayor tasa de enfermedades mentales en Europa del Este, donde Rusia registra el más alto índice de suicidios. La intoxicación aguda, el uso nocivo, el síndrome de la dependencia a sustancias tóxicas o alucinógenas, constituyen una pesada carga para la salud mental en el mundo.
1.200 millones de personas consumen tabaco, y, para el 2025, la OMS prevé que la cifra superará los 1.600 millones. Además, se calcula que en el 2020, las defunciones a causa de tabaquismo se elevarán a 8,4 millones.
Según la OMS, los pobres soportan a menudo una carga más importante de enfermedades mentales, tanto por el mayor riesgo de sufrir cualquiera de esos males como por su menor acceso a los tratamientos. De ahí que la OMS proponga a los gobiernos la sustitución progresiva de las grandes instituciones psiquiátricas por sistemas de atención comunitaria, para integrar la salud mental en los cuidados primarios y en el sistema general de sanidad.
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