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Los desplazados de los Olímpicos

Karen Meirik / Traducción: Gerardo Corredor

22-08-2008

El próximo domingo, el maratón pasa por el barrio pequinés Quianmen, concretamente por la calle comercial más antigua de la capital china, no lejos de la Plaza de la Paz Celestial (Tianamen). Si bien las autoridades capitalinas se sienten orgullosas, los planes de renovación han causado controversia.

sun4-240.jpgLas puertas de aluminio en la fachada de la tienda de pinturas de Li Fanxian no revelan mucho de los 150 años de existencia de la edificación. En cambio, el techo está adornado con xilografía de la dinastía Qing, cuyo estado prácticamente no ha cambiado desde hace un siglo. Sin embargo, al igual que ha sido el caso con otras edificaciones en los pasados meses, en breve la tienda también sucumbirá ante las obras de demolición. Su propietaria reconoce que como consecuencia de la clausura de la vía principal debido a las obras de renovación, en los últimos dos años la clientela prácticamente ha desaparecido.

Pekín se muestra orgulloso de la renovación del distrito de Qianmen, escenario para la Llama olímpica y el maratón del domingo. Tras las radicales obras de renovación, el barrio debe asemejarse a una calle comercial china de la década de los 30, con restaurantes, la tradicional farmacia y una tienda de tejidos de seda. Pese a ello, en su forma más reciente, el proyecto incluye ante todo marcas como Nike, Rolex y Starbux, y descarta a muchas empresas familiares que operaban durante siglos en la zona.

Ataúd
Muchos viejos habitantes de Pekín recuerdan perfectamente la tienda de la señora Li, donde la pintura para madera se fabricaba con una fórmula secreta. Además, suministraba sus productos no sólo a familias acaudaladas, sino también al Palacio imperial. "Nuestras pinturas se utilizaron para el ataúd del héroe comunista Li Da Zhao," comenta la propietaria de la tienda, a lo que agrega orgullosa, "cuando, años más tarde, lo exhumaron, el ataúd estaba en muy buen estado, y el cadáver perfectamente conservado. Todo eso contribuyó a nuestra celebridad."

Y mientras la señora Li se resigna a la inminente demolición de su tienda, recientemente al menos otros veinte comerciantes manifestaron su enérgica protesta. Según los afectados, su tristeza es el precio que se paga por el éxito de los Juegos Olímpicos. Actualmente, el manifestante ha dejado de ser aquel solitario estudiante que se enfrenta a un carro de combate, y a sido sustituido por un ciudadano de a pie que trata de detener la marcha de los buldózeres, tal como, en los pasados dos años, lo ha hecho Sun Ruoyu, una de las propietarias de un restaurante.

Palacio imperial
Un poco más al sur se encuentra la amplia Avenida Qianmen, casi completamente acabada, salvo las mallas de construcción que ocultan el antiguo restaurante de las hermanas Sun. Lo que hoy día es sólo una ruina, fue en algún momento un restaurante entre cuyos clientes figuraba el Palacio Imperial. En el 2006, sus obstinadas propietarias fueron obligadas a cerrar las puertas de su negocio, y los habitantes del vecindario debieron abandonar sus viviendas para posibilitar la ampliación de la avenida por donde pasará el maratón olímpico.

La mayoría de ellos aceptó una compensación financiera, "pero yo no quiero dinero, quiero mi casa," protesta Sun, quien tampoco está dispuesta a aceptar dinero incluso tras la demolición. "Quiero una casa nueva en la misma avenida, para poder continuar mi negocio," dice Sun Ruoyu, quien, junto con su hermana, se enfrentó a los buldózeres y, con su acción, las dos merecieron la atención de la prensa internacional.

Desplazados
Despertar la atención de los medios es la mejor manera para poder resistir por mucho tiempo, comenta Jiang Mingan, catedrático en Derecho de propiedad, vinculado a la Universidad de Pekín. Según el experto, el número de casos similares al de las hermanas Sun asciende a miles, y si bien no es un fenómeno específicamente capitalino, los Juegos Olímpicos le han concedido un gran impulso. La organización de los Juegos calcula en 14 mil las personas que fueron desplazadas para posibilitar la construcción de nuevas instalaciones, pero organizaciones defensoras de los Derechos humanos estima su número en al menos un millón.

Con su protesta, Sun ha logrado evitar ser desplazada, pero aún no sabe si su restaurante será derribado. Sea como sea, es poco probable que ella salga el domingo a animar a los atletas que participan en el maratón, ya que nunca le han interesado los Juegos, sino el arte. Sun se contentará con saber el resultado de la carrera.

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Etiqueta: desplazados, juegos olímpicos, Pekín, Tianamen

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