Hans Jaap Melissen / Traducción: Gerardo Corredor

20-08-2008

Los habitantes de la ciudad georgiana de Gori están insatisfechos no sólo con la presencia militar rusa, sino también con sus propias autoridades, a quienes reprochan no haber enfrentado al agresor.

gorihulpEPA240.jpg"Que Saakashvili se vaya al diablo, pues todo ha sido su culpa," declara enfurecido un comerciante en el mercado de Gori. Al pasar, algunas mujeres se lamentan del hambre que están padeciendo: "Hemos ido al ayuntamiento a pedir ayuda, pero no nos dieron nada. Creo que los rusos nos tratan mejor que nuestro propio Gobierno, ya que al menos nos regalan cigarrillos."

Se trata de declaraciones extrañas en una ciudad que aún está en manos de los militares rusos, que ocupan puestos de control en todas las vías de acceso al centro de la ciudad. Salvo el paso esporádico de un carro de combate, el tráfico es prácticamente nulo.

Error de cálculo
Los rusos han permitido al asesor georgiano de seguridad, Alexander Lomaia, entrar en la ciudad, para celebrar deliberaciones con los generales rusos, y visitar el hospital local, cuyos pacientes heridos han sido enviados a la capital, Tiflis. Loamia se muestra pesimista, y admite que los rusos aún están presentes y que no sabe por cuánto tiempo lo estarán. "Están sacando el máximo provecho de la situación," comenta, "en las negociaciones nos hacen sentir claramente que tienen el absoluto control y se proponen destruir totalmente nuestra infraestructura militar y nuestra economía."

Como mano derecha del presidente Mijaíl Saakashvili, el asesor nacional de seguridad dio también luz verde a la operación militar en Osetia del Sur, la cual tuvo un desenlace muy diferente al previsto. "Nuestra intención era bloquear el túnel Roki, que une a Rusia con Osetia del Sur," explica, "ya que siempre ha servido para brindar apoyo a los separatistas, y contábamos con que, entonces, iniciaríamos negociaciones con los rusos".

Pero, la reacción fue un inesperado ataque masivo ruso, reconoce Lomaia, quien también se manifiesta sorprendido con el mero apoyo verbal que Occidente concedió a su país. Lomaia esperaba que Rusia sería inmediatamente expulsada del G-8, que se le impondrían sanciones y restricciones.

Estado soberano
"Desde luego que lo lamento," declara el funcionario, "porque, pese a la presión que, entre otros, ejercía Estados Unidos, para no reaccionar a las provocaciones, quisimos actuar como un Estado soberano, no como uno perteneciente a un bloque occidental."

A todas luces, un razonamiento bastante ingenuo para un país que contaba con estar a las puertas de la OTAN. Al preguntársele sobre las consecuencias personales que, para él, pueda tener su decisión, Lomaia asegura que prefiere sacrificar su cargo que perder su país. Seguidamente, sigue su camino, flanqueado por dos vehículos con guardaespaldas que visten chalecos antibalas.

Por su parte, en un puesto de control cercano a un puente de la ciudad, soldados rusos aseguran que, para ellos, el triunfo sólo hubiera sido completo si hubieran podido marchar hasta Tiflis y despojar del poder al presidente Mijaíl Saakashvili.


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Etiqueta: Georgia, Gori, Mijaíl Saakashvili, Moscú, Osetia del Sur, Rusia

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