Miles de personas salieron a las calles en Katmandú para celebrar el fin de la monarquía. El rey Gyanendra deberá abandonar su palacio, con lo que se pone fin a 240 años de monarquía. A partir de ahora, Nepal será una república.
Gyanendra, el aparentemente imperturbable rey nepalés abandona el trono. Es algo difícil de imaginar. En el 2001, durante su coronación, fue acusado públicamente de asesinato, mas en el 2004, fue recibido con júbilo cuando se hizo con el poder absoluto. Durante una masiva rebelión en el 2006, tuvo que aceptar definitivamente su derrota.
Desde hace meses, la capital nepalesa, Katmandú, es un hervidero de rumores. Nepal se convertiría en una república con un líder maoísta como Primer ministro, pero, desde entonces, el Rey se negaba a abandonar el palacio. Se sospecha que estaba orquestando un complot con los hindúes ortodoxos que querrían salvar la monarquía, y que estaría financiando grupos armados para azuzar la violencia étnica, principalmente en el sur de Nepal.
El monarca no abandonaría el palacio para emigrar a su mansión en Francia. No, no iría a Francia sino a la India donde los creyentes lo veneran como "el único rey hindú del mundo". De ninguna manera, aseguraban otros rumores, el Rey permanecería en Nepal y retomaría su antigua vida de empresario.
También se gastaban bromas sobre el tema. "¿Por qué no convertimos el palacio en un museo, con Gyanendra como estatua de cera viviente sentado a su escritorio?", sugería el Nepali Times. La razón principal de los disturbios era la actuación del rey, aparentemente imperturbable, quien, la semana pasada, visitó un templo donde hizo sacrificar cinco animales. Organizaciones como Animal Nepal protestaron, ya que, tradicionalmente, el palacio es célebre por los crueles sacrificios de animales que se ejecutan generalmente en público.
La mayoría de los nepaleses respira aliviada. Si bien, según una reciente encuesta, casi el 50% está a favor de mantener la monarquía, el rey Gyanendra no era una figura popular, y menos aún su hijo Paras, con hábitos de play boy. Además, el pueblo teme que el conflicto se agrave aún más. El miércoles, decenas de miles de maoístas celebran la proclamación de la república en la capital nepalesa.
En sus 240 años de existencia, la dinastía Shah no ha sido ajena a la violencia. En el 2001, tuvo lugar una tragedia en el palacio, cuando el rey Birendra, amado por su pueblo, y hermano de Gyanendra, fue asesinado junto con otros diez miembros de la familia. Según la explicación oficial, el príncipe heredero, Dipendra, ametralló a su familia y luego se quitó la vida. Los únicos supervivientes de esta matanza fueron los miembros de la familia de Gyanendra. Pronto, el pueblo sacó su propia conclusión: los asesinatos habían sido organizados por Gyanendra. Y sin embargo, esa misma semana fue coronado como Rey de Nepal.
En el 2004, la Federación Mundial Hindú coronó a Gyanendra como ‘el único rey hindú del mundo'. Durante la ceremonia, el presidente Ashok Singhal manifestó que "es tarea de los novecientos millones de hindúes en todo el mundo proteger al rey hindú. Dios lo ha creado para proteger nuestra religión." Ese mismo año, Gyanendra se hizo con el poder absoluto, hecho que, en primera instancia, fue celebrado porque, se esperaba, pondría fin al prolongado conflicto entre los rebeldes maoístas y el Estado. Luego, el rey perdió la escasa popularidad que había sabido conquistar.
En otros tiempos, el rey nepalés era venerado como la encarnación del dios hindú Vishnu. Ahora, una asamblea constitucional compuesta por 601 miembros proclamará la República de Nepal. "En este día se escribe historia, ya que los nepaleses han luchado durante cincuenta años para conseguir la abolición de la monarquía", afirmó el líder maoísta Prachanda en una reacción a los eventos. Gyanendra, al igual que cualquier otro ciudadano común y corriente, pagará sus propias cuentas de gas, agua y electricidad, y deberá ceder una parte de su patrimonio al fisco.
En la última semana, se han mantenido acaloradas discusiones en diversos sitios de Internet. "El rey es el único patriota. Si abdica, los maoístas venderán el país a la India", alertaba una persona. "Dios mío, ¿existen todavía personas que escriben sobre Gyanendra? ¡Dios bendiga a los maoístas por su caída!", respondía otra. Y un tercero no estaba de acuerdo: ¡"Viva nuestro rey! ¡Vete al infierno, Prachanda! En cada corazón nepalés se puede encontrar un hermoso Nepal, y su esencia es el Rey, y la Reina. Estos así llamados líderes están dominados por la influencia extranjera, y ya han aceptado dinero de las fuerzas internacionales para venderles nuestro país." Y a esa opinión, otra reacción: "Quien grite ¡viva el rey! debe ser internado en un campo de reeducación. ¡Viva Mao!".
La discusión refleja el contraste entre el Viejo y el Nuevo Nepal, para utilizar el eslogan utilizado con éxito por el partido Maoísta en las elecciones. En la misma medida en que los hindúes tradicionales respetan la monarquía nepalesa, así de popular es el líder Prachanda entre los antiguos rebeldes y los cientos de miles de electores que lo votaron en los comicios de abril. En el ‘Nuevo Nepal', el 33% del Gobierno está compuesto por mujeres, estarán representados todas las religiones y casi todos los grupos étnicos y castas. Nepal aspira a convertirse en una nación pluriforme. Hoy miércoles comienza el apasionante proceso de transformación. En ese sentido, Prachanda tenía razón: en Nepal, sea como fuere, se escribe historia.
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