Votar en un referendo no es algo que interese mucho a los sobrevivientes del huracán Nagris, pero las autoridades de Myanmar decidieron que deben hacerlo. El próximo 24 de mayo se pronunciarán a favor o en contra de la nueva Constitución. El resto de los ciudadanos de la ex Birmania ya lo hicieron el pasado 10 de mayo, una semana después del desastre natural.
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La nueva Constitución sobre la que deben pronunciarse los birmanos es un recurso de los militares para legitimar su poder político. El ejército ocupará el 25 por ciento de los escaños parlamentarios y ganará otra serie de atribuciones legales. La líder opositora Aung Suu Kyi quedará privada de cualquier posibilidad de acceder a la presidencia, dado que el líder nacional, según la nueva Constitución, no podrá tener relaciones con potencias extranjeras. Suu Kyi sigue teniendo nacionalidad birmana, pero estuvo casada con el académico británico Michael Aris, que murió de cáncer el año 1999.
El texto de la nueva Constitución ha sido motivo de controversia tanto en Myanmar como en el extranjero. La redacción del documento demoró más de14 años y la mayoría de los cerca de mil delegados que participaron en la llamada Convención Nacional, que elaboró el texto constitucional, fueron elegidos por los propios militares. Los representantes del partido de Suu Kyi, la Liga Nacional para la Democracia, se retiraron de la convención en 1995, después de constatar que no había espacio para un debate real.
Los preparativos para el referendo del 10 de mayo se desarrollaron en un clima opresivo, con total prohibición de hacer campaña en contra de la propuesta gubernamental. El día del referendo no hubo observadores independientes y circularon innumerables rumores de fraude e intimidación. Según la junta militar la asistencia electoral fue del 99 por ciento y un 92, 4 por ciento de los birmanos diieron su aprobación al nuevo texto legislativo. Considerados estos antecedentes, a nadie le parecerá extraño que los resultados del referendo en Yangón y el delta del Irrawaddy, el próximo sábado, arrojen resultados masivamente favorables a la junta militar de Myanmar, la antigua Birmania.
Una vez que la Constitución sea aprobada, deberá haber elecciones en un plazo de 2 años, pero la situación actual no permite imaginar un proceso limpio. El principal partido opositor, la Liga Nacional para la Democracia, que ganó las elecciones de 1990 por amplio margen, está prácticamente proscrito y su líder, Aung Suu Kyi, sigue bajo arresto domiciliario. En este contexto desolador, hay sin embargo quienes piensan que una mínima posibilidad de democracia es mejor que ninguna.
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