Al suroeste de China se ha puesto en marcha una operación de ayuda y emergencia a gran escala después del fuerte terremoto del lunes. Pekín ha enviado 50.000 militares a la provincia de Sichuán. La cifra oficial de muertos asciende a 12.000, aunque se teme que aumente con el paso de los días.
Huracanes, terremotos y tormentas de nieve ocurren con cierta regularidad en China. El gobierno está, por tanto, acostumbrado a organizar operaciones de emergencia después de un desastre natural. La respuesta a esta crisis se está dando dentro de los plazos habituales, dice Jonathan Holslag, experto del Instituto de Estudios Contemporáneos sobre China en Bruselas. "Después de una tragedia siempre se convoca una reunión de alto nivel entre el primer ministro y los ministros implicados. Se recopila información lo más rápidamente posible. Durante esta fase, las autoridades chinas no dan ninguna información al exterior", explica Holslag.
A continuación se encarga el liderazgo de la operación de ayuda a un pequeño comité. Comandantes regionales del ejército tienen que asegurarse de que la ayuda llega de verdad a las víctimas. Después comienza la reconstrucción, a la que, según Holslag, China dedica mucho dinero y energía.
Solidaridad internacional
La reacción de la comunidad internacional no se ha hecho esperar. Mientras aún se debate cuál es la mejor forma de hacer llegar la ayuda a Myanmar, la antigua Birmania, tras el ciclón Nargis de la semana pasada, los gobiernos se ven ahora enfrentados a otro desastre.
Estados Unidos, la Unión Europea y muchos otros países han ofrecido su ayuda al gobierno chino, que ha precisado que no se dan las condiciones para que los equipos extranjeros viajen a la región.
Entre las muestras de solidaridad, destacan las declaraciones del Dalai Lama, que ofreció sus condolencias a las víctimas. Además, el gobierno tibetano en el exilio alabó la respuesta de Pekín ante el desastre.
Taiwán, rival de la China continental de la que se independizó de hecho en 1949, ofreció ayuda de emergencia, al tiempo que su presidente, Chen Shui-bian, y su primer ministro, Chang Chun-hsiung, expresaban su pésame a las víctimas. También el presidente de Pakistán, Pervez Musharraf, se apresuró en mandar un mensaje de apoyo a su homólogo chino, Hu Jintao. "En este momento difícil, estamos a lado del pueblo chino y le aseguramos nuestro apoyo y nuestra solidaridad", declaró.
China no necesita ayuda del exterior, opina el experto Holslag. Aún así, no cree que China vaya a rechazar la ayuda prometida por Estados Unidos o por Japón, que ha ofrecido 5 millones de dólares. Pero esto es más una cuestión de diplomacia, China no quiere ofender a estos países.
Juegos Olímpicos
A nadie se le olvida que, en tres meses, China será anfitriona de los Juegos Olímpicos 2008. El Comité Olímpico Internacional, COI, ha donado un millón de dólares (646.900 euros) para ayudar a las regiones afectadas por el terremoto.
"Expresamos nuestras más sinceras condolencias a las víctimas. El movimiento olímpico está junto a ustedes en estos momentos críticos. Los llevamos en nuestro pensamiento", señaló el presidente del COI, Jacques Rogge, en una carta dirigida a Hu Jintao.
Un portavoz del Comité de Organización para los Juegos Olímpicos de Pekín indicó que las 31 instalaciones de los Juegos Olímpicos no habían resultado afectadas por el seísmo. Las ceremonias que rodean el paso de la llama olímpica a través del país se han visto reducidas, indicaron las autoridades.
Más apertura
Jonathan Holslag observa con optimismo que se estén acortando los períodos en los que las autoridades chinas guardan silencio. Durante la crisis de la gripe aviar, hace cinco años, pasaron semanas hasta que la información se filtró al exterior. Después del terremoto, la información se ha dado a conocer en un día.
"China ha aprendido del pasado. El país desea establecer nuevas relaciones con los Estados Unidos y la Unión Europea y sabe que para ello se necesita más apertura. Las autoridades chinas se han dado cuenta de que resultan sospechosas si se reservan la información", dice Holslag.
Pero, en opinión de Jonathan Holslag, los chinos diferencian entre lo que es información humanitaria y la información económica. China ha reconocido en los medios de comunicación chinos que una cantidad de fábricas químicas se han visto afectadas por el terremoto, pero no lo han dicho en inglés.
Rápida reacción
El ejército juega un rol crucial en la segunda fase de cualquier operación de emergencia en China. A los soldados se los entrena en materia de asistencia humanitaria .Asimismo, se forma a unidades especiales de la policía para prestar ayuda después de un desastre natural. Esta vez, el trabajo de los soldados se verá dificultado porque la zona afectada es montañosa y está cubierta de vegetación. La lluvia tormentosa afecta también al trabajo de salvamento.
Tan pronto se hayan retirado los muertos y se haya cuidado de los heridos, empezará la tercera fase de la operación de ayuda: la reconstrucción. China no pierde tiempo en ello, tras cada desastre natural se reparan caminos, escuelas y casas lo antes posible. De esta manera, según Holslag, las autoridades intentan evitar posibles disturbios o desórdenes populares. En este caso concreto, además, esto es muy importante porque en la provincia afectada, Sichuán, viven diferentes minorías, como tibetanos y comunidades musulmanas.
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