La prestación de ayuda a las víctimas del ciclón en Myanmar debería ser una carrera contrarreloj, pero el régimen deja entrar con cuentagotas la ayuda y mantiene cerrada la puerta para el personal humanitario. Hoy, nueve días después de la catástrofe natural, ha aterrizado el primer avión norteamericano con productos de ayuda para Myanmar, antes llamada Birmania.
| La Junta prefiere dejar morir a su pueblo que abrir las fronteras |
Entrega en mano
En los últimos días han llegado algunos aviones con ayuda a Yangón, más conocida como Rangún, la antigua capital. Las imágenes de televisión muestran a soldados cargando los paquetes de ayuda, en largas hileras y con sus propias manos, en los camiones, que parten con destino desconocido.
Según el periodista Aung Zab, del periódico y sitio web opositor Irrawaddy, se habla ya de corrupción en Myanmar. Supuestamente, los agentes de policía y soldados venden los paquetes de ayuda en las calles de Yangón. Aung Zab afirma: "La cuestión principal es si esta ayuda llegará a los necesitados. Es una gota en el océano. Y nosotros seguimos escuchando informes de corrupción e informes de policías y soldados que venden los paquetes de ayuda a la gente en las calles de Yangón. Acaba de llegar ese informe".
La distancia entre Yangón y el delta de Irrawaddy, la zona más afectada y donde vive un millón y medio de personas en estado de emergencia, es sólo franqueable en barco o en avión. Este obstáculo exige una avanzada operación de ayuda a cargo de expertos logísticos y respaldado por gran cantidad de asistentes humanitarios.
Pero los asistentes no pueden entrar en el país. Los visados son escasos, pues a la junta birmana no le atrae la idea de que los extranjeros se paseen por Myanmar, opina el periodista Aung Zaw. El aislado régimen teme la influencia extranjera y quiere evitar, a toda costa, que los cooperantes extranjeros contacten con la población.
Malicia
Esta postura suscita gran frustración entre la comunidad birmana. El ministro británico de Asuntos Exteriores, David Miliband, habló, este fin de semana, de "negligencia maliciosa del régimen birmano", por lo que la catástrofe natural amenaza con convertirse en una catástrofe humanitaria de dimensiones épicas".
Anteriormente, el ministro francés de Asuntos Exteriores, Bernard Kouchner, solicitó una resolución de las Naciones Unidas para obligar a Myanmar a dejar pasar la ayuda extranjera. Kouchner se basó, para ello, en la idea que la comunidad internacional tiene el derecho -o mejor dicho, la obligación, de interceder en caso de que un gobierno no proteja adecuadamente a su pueblo (responsabilidad de proteger). Rusia y China se oponen, radicalmente, a tal intervención.
Pero, según el periodista Aung Zaw, también en Myanmar se espera la intervención humanitaria externa: "Incluso en la zona del delta corre el rumor de que se lanzan paquetes paracaídas. Me han dicho que la gente mira todos los días al cielo, esperando a que caigan alimentos y otros productos de ayuda".
Carencias básicas
En el delta, se calcula que el total de muertos asciende a 100.000, y entre 1,2 y 1,9 millones de personas se han quedado sin hogar. Se reúnen junto a la zona de la catástrofe, donde el éxodo de refugiados desborda los pueblos. Carecen de todo y las enfermedades contagiosas acechan.
El Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas, PMA, estima que ni siquiera entra en el país el 20 por ciento de los productos necesarios. También Médicos sin Fronteras, prácticamente la única organización activa en Myanmar, ha comunicado que no existe indicio alguno de ayuda en las zonas donde han estado sus asistentes.
Las organizaciones internacionales se muerden las uñas en Bangkok y otras capitales vecinas, a la espera de luz verde para comenzar la carrera contrarreloj.
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