Muy pocas veces la Plaza de la Paz Celestial en Pekín fue tan fuertemente vigilada como para la llegada de la llama olímpica. Por temor a disturbios, ni siquiera se publicó la ruta de la llama desde el aeropuerto a la Plaza.
Y es que según dicen, nada debe enturbiar la fiesta olímpica. Por precaución, la policía china arrestó antes de la ceremonia a disidentes, campesinos rebeldes, miembros del movimiento Falun Gong e integrantes de minorías étnicas que posiblemente podían haber perturbado el orden público.
Intelectuales críticos que en los últimos días fueron contactados por periodistas extranjeros dijeron que ya no pueden hablar, porque son controlados.
Sin medios extranjeros
Inicialmente los corresponsales extranjeros recibieron una invitación a la ceremonia, no obstante, un aviso les indicaba luego que no podrían asistir.
No se dieron explicaciones, pero la emisora británica BBC informó que "el comité organizador de los Juegos Olímpicos había hecho una consideración de la situación de seguridad y por ello habría eliminado de la lista de invitados a los medios de comunicación".
Después de los disturbios que se produjeron desde el 14 de marzo en Tíbet y en las provincias chinas colindantes, la organización de los Juegos Olímpicos en Pekín está bajo fuerte presión. Sumado a eso, están las modestas protestas en Grecia con ocasión del encendido de llama olímpica.
En China, el tenso ambiente alrededor de los juegos intensifican la censura y las discusiones nacionalistas también en la web, mientas que las transmisiones de emisoras de televisión extranjeras, con regularidad, son interrumpidas y el censor, en los diarios internacionales, elimina artículos ‘sensibles'.
That's Beijing, (Eso es Pekín), uno de los diarios culturales en inglés que se publica en la capital china, fue ordenado a adaptar unos artículos, que hasta hace un mes habrían sido publicados sin ningún problema.
Más censura
Los medios de comunicación en idioma chino sufren incluso más censura. Dos universidades fueron clausuradas temporalmente en Pekín ya que en los foros de discusión, los estudiantes adoptaban una postura demasiado crítica sobre las decisiones del Gobierno chino en Tíbet.
Además, en un intento de mejorar su imagen, Pekín, invitó a doce corresponsales extranjeros a visitar el Tíbet en un tour rígidamente organizado, sin embargo, a pesar del control, los corresponsales tuvieron contacto con monjes críticos, poniendo en aprietos a las autoridades chinas. Imágenes de las declaraciones conmovedoras de un monje se pudieron ver en el mundo entero, con excepción de China.
El Genio Maléfico
Por esa razón los ciudadanos chinos no notan casi nada de la inquietud. La información que reciben sobre las protestas en Tíbet, relata sobre todo de alborotadores tibetanos que atacaron a chinos e incendiaron sus casas y sus tiendas. En China los medios de comunicación se deben atener a las estrictas directrices del aparato de propaganda del partido comunista. Y ese aparato sostiene que el líder espiritual de Tíbet, el Dalai Lama, es el genio maléfico de la constante intranquilidad.
Durante el fin de semana antes de la llegada de la llama olímpica a Pekín, la agencia de prensa estatal Xinhua informó que un monje tibetano había reconocido haber recibido instrucciones para organizar los disturbios. Pero ningún medio informa que algunos mandatarios extranjeros - entre ellos la canciller alemana Ángela Merkel - no asistirán a la ceremonia de inauguración en agosto.
Control
Ahora que la llama olímpica ha llegado a Pekín, comenzó la cuenta atrás. El tiempo apremia, tanto para los organizadores, como para los activistas que quieren llamar la atención a su causa. Para las autoridades chinas esto es motivo para intensificar el control sobre los medios nacionales e internacionales.
Una situación que contrasta violentamente con la promesa de Pekín al momento de ser nominado como país organizador de los juegos, quien aseguró que habría una mayor libertad de prensa.
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