Desde la invasión china, en 1950, miles de tibetanos abandonaron su país para exiliarse en el extranjero. En total, su número se estima en 120 mil, dispersos por todo el mundo. Uno de ellos es el monje Lowsa Pekamkanzeh.
| Lowsa Pekamkanzeh Foto: Klaas den Tek/RNW |
El monje recuerda que cuando participó en la marcha de protesta, en 1987, las autoridades chinas intervinieron con violencia, la gente lloraba, se oían ráfagas de ametralladora. "En ese momento huí, y me refugié durante tres años en un monasterio," comenta.
Refugio
Finalmente, Pekamkanzeh decide abandonar su refugio y, durante un breve paseo por las calles de Lhasa, es detenido por la policía china, tras lo cual es enviado a cárcel, en China, por un total de siete años. "Junto con otros cuatro compañeros," narra el monje, "volví a huir, pero durante la huída perdimos contacto y, desde entonces, no los he vuelto a ver." Tampoco ha vuelto a ver a su madre, de quien se dice que, aproximadamente un año atrás, huyó a Nepal, sin que se conozca su paradero con certeza.
Actualmente, en Holanda viven unos 200 tibetanos, algunos de los cuales han nacido en el exilio. Una de ella es Tsering Tsomo Dorong, cuya cuna está en la India, un país con una enorme comunidad tibetana. Tsomo Dorong, quien aprendió en el colegio la cultura y el idioma de sus padres, manifiesta gran preocupación por la situación reinante en su país. A su juicio, las manifestaciones en Tibet son la expresión de una profunda frustración, no sólo por el proceder chino durante las últimas seis décadas, sino también por los agravios chinos contra el Dalai Lama. "Nadie sabe con certeza qué sucederá con los manifestantes que han sido detenidos, y, a decir verdad, el futuro no es nada prometedor," advierte Tsomo Dorong.
Mano dura
Los tibetanos difieren de opinión sobre el futuro de Tíbet. Un grupo cada vez mayor considera que se debe luchar con mano dura por la independencia. Por su parte, el Dalai Lama elige la vía pacífica, y es partidario de autonomía formando parte de China, pero con libertad para utilizar su propio idioma, cultivar su cultura y profesar su religión.
Tsomo Dorong coincide con el líder espiritual, y aprueba la opción de la autonomía. "De todos modos, somos una minoría, y debemos actuar con astucia y luchar con medios pacíficos," precisa.
Fuego contra manifestantes
Lowsa Pekamkanzeh sigue al dedillo las noticias sobre los acontecimientos en su país, y además se comunica, en lo posible, con su primo en Tíbet. "La policía china está omnipresente en las vías públicas," comenta, "y amenaza con disparar contra toda persona que se atreva a salir a la calle. Me preocupa el futuro de Tíbet, y espero poder volver una vez más, ya que mi corazón aún está allí."
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