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No hay lugar en China para los refugiados

Sigrid Deters

06-02-2008

Shafaqat Mehmud, de 21 años de edad, es uno de los 130 Ahmadiyya-paquistaníes musulmanes- para los que China significaba un lugar seguro. Sin embargo, ahora que los Juegos Olímpicos llegan a Pekín, el gobierno quiere librarse de ellos.

 Shafaqat Mehmud
Como en muchos otros lugares del mundo, también en China hay refugiados, a pesar de que el país preferiría prescindir de ellos. El grupo mayor, unos 300.000 norcoreanos, son ignorados por completo. Si se les apresa, China los deja en la frontera, sin considerar la suerte que les espera. ACNUR, la organización de la ONU para los refugiados, con oficina en Pekín, no puede hacer mucho por este grupo. La oficina se tambalea en China ya que cada día corre el peligro de ser cerrada. Sin dar demasiada publicidad a su trabajo, intenta ayudar en lo posible a los refugiados como Shafaqat Mehmud.

Minoría musulmana
Shafaqat Mehmud juega regularmente críquet con sus amigos paquistaníes en un amplio parque de un barrio periférico de Pekín. Todos ellos pertenecen al grupo de musulmanes Ahmadiyya que han huido de la violencia de la que es víctima esta minoría en Pakistán.

Shafaqat reside desde 2005 en Pekín con sus padres, hermanos, su cuñada y un bebé. Los 7 comparten piso en el barrio y aunque no disponen de mucho espacio, al menos ya no temen por sus vidas, como les ocurría en Pakistán.

Shafaqat Mehmud está sentado en el sofá junto a su padre. Con mirada perdida, el hombre mayor susurra algo a su hijo de vez en cuando. Luego muestra sus pies hinchados y llenos de estrías azuladas. "Esto ocurrió en la cárcel. Mi padre fue apresado hace un par de años por haber dicho que era musulmán", cuenta Shafaqat Mehmud , "fue torturado y amenazado de muerte. Desvalijaron nuestra vivienda, incendiaron los campos y mataron nuestros animales. Yo también fui maltratado."

China, mejor opción
Cuando el padre -ahora un hombre destrozado- fue puesto en libertad, la familia decidió huir. La elección se hizo con rapidez. "Queríamos ir a Europa o a América" -explica Tair- "pero los trámites para obtener un visado para esos países tardan varios meses e incluso un año. No podíamos esperar tanto tiempo. India, Nepal o Irán son países donde viven muchos musulmanes, pero allí se trata a los Ahmadiyya tan mal como en Pakistán. En otras palabras, eso no era opción para nosotros. El empleado de la oficina de visados nos aconsejó China porque los trámites de visado eran rápidos y, además, no es un país musulmán. Era, pues, el mejor lugar a donde podíamos ir."

Padre e hijo partieron con un visado de turista chino en el bolsillo. En Pekín buscaron contacto inmediatamente con la oficina de refugiados del ACNUR. Contaron su historia y, al cabo de un tiempo, recibieron la tan esperada carta: ya eran oficialmente reconocidos como refugiados. Más tarde llegó el resto de la familia.

Normas propias
A pesar de que ya no temen por sus vidas, el estatus de refugiado no tiene mucho significado. Según Shafaqat Mehmud, "aquí no somos nada. No deberíamos existir. No podemos rezar, ni visitar el centro de la ciudad, ni tener contacto con otras personas. La policía china dice que los documentos no tienen valor". "Aquí mandamos nosotros, no el ACNUR" le dijeron a mi hermano cuando fue apresado hace unas semanas.

Aunque China ha firmado el tratado para los refugiados, mantiene sus propias leyes: China no es el destino final para ningún refugiado. Únicamente se les tolera, pero también se pone fin a esa política. Recientemente, la familia Mehmud recibió la visita de la policía con la notificación de que tenían que salir del país antes del comienzo de los Juegos Olímpicos. Si no, serían repatriados a Pakistán.

china-especial.jpgSin lugar para los refugiados
Pronto se observa que todos los refugiados registrados en ACNUR de Pekín son molestados por la policía. El mensaje siempre se repite: durante los Juegos Olímpicos no hay lugar para los refugiados.

Mientras tanto, Shafaqat Mehmud y sus amigos matan el tiempo jugando al críquet. Pero los partidos no durarán mucho tiempo más. La oficina de la organización de la ONU para los Refugiados en Pekín trabaja intensivamente buscando otro lugar seguro para esos jóvenes y sus familias en algún lugar de Occidente. Cada uno sueña con llegar a un país. Shafaqat Mehmud confía en poder ir a EE.UU. La familia ya ha recibido la invitación y ahora sólo falta el visado y los billetes.

Etiqueta: agricultura, crecimiento, derechos humanos, desarrollo, distribución de tierras, economía, Especial China, medio ambiente, sanidad

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