China revienta. Las ciudades se extienden rápidamente y los pueblos en la margen de las ciudades luchan para sobrevivir. Por ejemplo Qingdao, una ciudad grande en la costa oriental de China. Las granjas tienen que desaparecer para dejar lugar a un enorme complejo de apartamentos. Con el crecimiento de las ciudades aumentan los problemas acerca de la propiedad de las tierras. Pero también aumenta la conciencia de la justicia.
Yu Dafang, una mujer de 52 años de edad, muestra las llaves de su casa, que ha sido destruida. Señala el pozo de edificación donde los bulldozers y las grúas estás destruyendo los últimos restos de su antiguo pueblo, de su existencia. "Allí estaba mi casa. La destruyeron sin avisarme. Todo desapareció. Solo me quedan las llaves". Cerca del pozo queda todavía una casa. Los antiguos habitantes del pueblo se han reunido en ella. La atmósfera es tensa. Desde la ventana se ve como las grúas se mueven por encima de la última casa. A pesar de ello, los aldeanos hablan sin miedo.
Un día los habitantes recibieron una carta del municipio donde se les comunicaba que el pueblo tenía que desaparecer, para dar lugar a nuevos edificios. Los aldeanos que perdían sus casas recibirían una indemnización, pero ésta se basaba en la superficie construida y no consideraba las tierras alrededor de las casas.
Los vecinos no aceptaron la oferta y exigieron una suma mucho más elevada. Las autoridades locales rechazaron la exigencia y decidieron que la demolición siguiera adelante. Durante meses los aldeanos fueron intimidados por hombres que pasaban por sus hogares en horas de la noche para decirles que tenían que marcharse. La electricidad y el agua fueron cortados. En el curso del 2007 se produjeron incluso enfrentamientos con la policía.
"Estamos dispuestos a mudarnos, pero queremos un precio justo por la expropiación de nuestras tierras", dice Yu Qian, el dirigente del pueblo. Muestra documentos de propiedad de los habitantes y fotografías de los disturbios. Desde entonces, uno de los aldeanos está en la cárcel. "No dejaremos que jueguen con nosotros" dice Yu. En lugar de darse por vencidos, los aldeanos encontraron un abogado, a través de Internet, que les asiste en su juicio contra la autoridad local.
Nuevas Leyes
Según Peter Ho, director del Departamento de Estudios de Desarrollo de la Universidad de Groninga, Holanda, el gobierno chino es consciente del problema de las expropiaciones de tierra y de los graves problemas que ocasionan. En Pekín se elaboran constantemente nuevas leyes para proteger a los ciudadanos de este tipo de situaciones A petición de las autoridades chinas, Ho está desarrollando, en cooperación con el catastro en Holanda, un nuevo sistema de registro de las tierras en China. Lo más importante es dejar claro quién es el propietario de la tierra, para evitar las expropiaciones ilegales.
En cualquier caso, Ho opina que en China no es suficiente con tener derechos sobre el papel: "En los pueblos la tierra es una propiedad colectiva, pero frente a las autoridades locales, el colectivo es demasiado débil para hacer valer sus derechos. Si las autoridades locales se lo proponen, no tendrán muchos problemas para apoderarse de las tierras de los campesinos, a pesar de que ellos sean los propietarios y de las leyes que les protegen", afirma Ho.
Control
Para que funcione la ley, debe haber también un sistema de control que garantice su buen funcionamiento, opina Ho. Los ciudadanos deben estar en condiciones de organizarse para enfrentar a las autoridades. Peter Ho no duda que el desarrollo del sistema jurídico chino conducirá a una mayor libertad individual. Si un país encauza el desarrollo económico mediante leyes y reglamentos, en breve, si quiere convertirse en un Estado de derecho, pasará inevitablemente por un proceso de democratización. Sin embargo, Ho duda que el gigante asiático se convierta en una democracia, incluso en el largo plazo. "China no se convertirá tan fácilmente en una democracia a nuestro estilo. El país tomará un camino propio. Pero, como sea, la justicia se establecerá en China".
Los aldeanos en Qingdao intentan hacer valer sus derechos a través del Juzgado. Yu Dafang agita nuevamente sus llaves. Espera por lo menos conseguir más dinero por su tierra. En tal caso incluso podría vivir en un apartamento en el nuevo edificio, aunque nunca será tan bonito como la casa que tenía.
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