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Reserva ante cambios en Myanmar

Redacción de Internet holandesa

09-11-2007

La visita a Myanmar del enviado especial de Naciones Unidas, Ibrahim Gambari, no parece haber sido en vano. La líder de la oposición, Aung San Su Kyi, quiere hablar con la junta militar, y los generales dicen estar abiertos al diálogo. El viernes se produjo el primer encuentro entre ambas partes.

Foto: Hans AndringaGambari no tuvo la oportunidad de encontrarse con Than Shwe, líder absoluto de Myanmar, la antigua Birmania, y se vio obligado a escuchar públicamente los reproches del ministro birmano de Información, quien acusaba a él y al mundo occidental de no comprender en absoluto cuál era la situación del país. Aún así, Gambari logró algunos éxitos: por primera vez en años, los generales se mostraron dispuestos a dialogar con la oposición.

Una especialista holandesa en Birmania, que acaba de regresar del país, considera que es demasiado temprano para cantar victoria, porque Myanmar ha conocido en su historia reciente muchos amagos de cambio que no se produjeron, y muchas esperanzas que resultaron infundadas. Aún así, es un paso importante que a Aung San Su Kyi se le permita hablar con sus copartidarios.

Presión internacional
La especialista, que visita regularmente el país de manera no oficial, por lo que no quiere revelar su identidad, señala que el régimen sí es sensible a la presión de la comunidad internacional, pero que si pueden evitar cumplir las concesiones hechas, sin duda lo intentarán. Al mismo tiempo, harán todo lo posible para evitar que el pueblo tenga la impresión de que están cediendo a la presión internacional.

En ese sentido, la visita del enviado de Naciones Unidas puede significar un avance: la junta militar lo ha reprendido en público, y ahora pretende que el retorno al diálogo con la oposición, luego de años de represión, es idea de ellos, los militares. Si en este proceso se logran concesiones sustanciales, la comunidad internacional debería incluso recompensar a los militares, por ejemplo a través de apoyo económico, para así estimular el proceso de democratización.

Situación funesta
Esta observadora anónima visitó la semana pasada diferentes áreas del país, y pudo constatar que el Ejército birmano estaba trabajando duro para retomar el control de la vida pública. El Gobierno está organizando contramanifestaciones en las principales ciudades, obligando a funcionarios públicos y otros ciudadanos a rechazar las recientes protestas y celebrar la nueva constitución.

La observadora señala que la situación era funesta, con muchos militares en las calles. Prácticamente no se veían monjes, a los que se persigue sin piedad. Muchos de los religiosos han huido a sus pueblos natales, por temor a represalias del régimen, o porque sus superiores les han instado a que abandonen los monasterios por razones de seguridad. La gente en Birmania todavía está indignada por la brutalidad utilizada contra los monjes, quienes gozan de gran prestigio en el país.

Crisis económica
Ya no se producen detenciones masivas, como las realizadas en las semanas pasadas, a menudo por la noche. Ahora, se detiene específicamente a personas de las que se sospecha que tengan ideas democráticas. Según la especialista en Myanmar, al régimen militar le conviene ahora mantener el diálogo con la oposición, ya que la población parece decidida a aprovechar cualquier oportunidad para volcarse a las calles y protestar.

Si no hay algún cambio significativo, es muy probable que se vuelvan a producir protestas. La observadora señala que la razón de la ira popular es la mala situación económica. La gente en Birmania sabe muy bien que la crisis es producto directo de la incompetencia del régimen militar.

Etiqueta: birmania, Gambari, junta, monjes, Myanmar, Naciones Unidas, protestas, represión

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