En vísperas de la Conferencia de Países Donantes, el presidente de Afganistán, Hamid Karzai, enfatizó que su país aún continúa necesitando un sólido apoyo de la Comunidad Internacional. Además, pidió que los fondos se entreguen directamente al Gobierno afgano, y no a través de ONG´s.
En esta ocasión, el circo de las donaciones se traslada a Londres, donde los representantes de los países donantes estudiarán un plan quinquenal para la reconstrucción de Afganistán. La comunidad internacional también donará fondos, y, por su parte, la ministra holandesa de Ayuda al Desarrollo, Agnes van Ardenne, no acudirá con las manos vacías. Durante la conferencia, Holanda anunciará que colaborará en la reconstrucción en los próximos tres años. Hace dos años, en el encuentro celebrado en Berlín, se asignaron 100 millones de euros para la reconstrucción, suma que, entre tanto, se ha agotado.
Desde la caída del régimen talibán, en el año 2001, Afganistán ha recibido diez mil millones de dólares en concepto de ayuda, pero las donaciones se han hecho en su mayoría sin involucrar al Gobierno afgano. Según William Byrd, representante del Banco Mundial en Afganistán, los países donantes temen que si el dinero se canaliza a través del gobierno, terminará en el bolsillo de funcionarios corruptos. Actualmente, tres cuartas partes de la ayuda se suministra a través de organizaciones no gubernamentales.
En el informe del Banco Mundial sobre la efectividad de la ayuda concedida durante los últimos años se da parte de una mejoría en la aplicación de los fondos por parte del Gobierno afgano. Según Byrd, los donantes estiman que el dinero llega más rápido al lugar adecuado si dejan de lado al Gobierno. Sin embargo, a su juicio este argumento es sólo válido en situaciones de emergencia, y el Gobierno afgano está en condiciones de jugar un papel importante en la reconstrucción nacional. El Gobierno no está al tanto de los proyectos que actualmente se están llevando a cabo, hecho que mina su autoridad. Así mismo, Byrd opina que un Gobierno que no administra los fondos difícilmente puede planificar a largo plazo, lo que, a su vez, dificulta ganarse la confianza de la población.
En las nuevas escuelas y los hospitales recientemente construidos ondean banderas de los países donantes y de las organizaciones de ayuda, pero no la de Afganistán. Además, como consecuencia del método de trabajo de los países donantes, se despilfarra una gran cantidad de dinero, destaca el funcionario del Banco Mundial. Un ejemplo de ello es el sector sanitario, pues un contrato de asistencia concertado fuera de los canales oficiales es un 50% más costoso que un contrato con el Gobierno.
Byrd recomienda a los donantes en la conferencia de Londres no concentrarse tanto en la cantidad de fondos, como en su aplicación. A ello agregó que los donantes deberían seguir el ejemplo de la ministra holandesa de Ayuda al Desarrollo. Holanda fue uno de los primeros países que se atrevió a confiar al Gobierno afgano una gran suma de dinero destinado a la reconstrucción.
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